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domingo, 10 de mayo de 2020

¿QUÉ ES EL SOMETIMIENTO O LA SERVIDUMBRE SEXUAL?

Con esta expresión, designamos la conducta de una persona que llega a depender extraordinariamente y de manera patológica de otra con la que mantiene relaciones sexuales. 
Este tipo de servidumbre, se da tanto en hombres como mujeres y pueden alcanzar grados extremos de pérdida de toda voluntad propia así como sacrificar numerosos intereses personales. 
La causa tiene que ver con el goce extremo que las relaciones sexuales con la otra persona otorgan. Aparece tanto en la mujer como en el hombre. Se observa una mayor porcentaje de frecuencia en mujeres aunque actualmente, ha aumentado entre los hombres y las cifras hasta ahora analizadas prácticamente se asemejan. 
Por norma general, cuando un hombre tímido, de escasos recursos y experiencias sexuales, el hecho de descubrir el sexo placentero con una mujer con la que logra liberar su timidez y dar libertad a sus fantasías sexuales, hace que aumente la ligazón sexual hacia ella. Digamos que le “ha curado” de su represión sexual y el descubrimiento del goce como hasta ahora no había sentido genera lo que llamamos la servidumbre sexual. Ese hombre que hasta ahora no pudo mantener relaciones con mujeres, el hecho de poder llevarlo a cabo genera una absoluta dependencia sexual hacia ella. 
En la mujer es frecuente ver que si padece de anestesia sexual, falta de orgasmo, inhibición al acto y represión extrema de sus deseos sexuales, ante el hecho de hallar un hombre con el que descubre el orgasmo, se desinhibe de su represión sexual y disfruta del goce del que nunca disfrutó, le genera una extrema dependencia hacia la figura de su pareja. 
Observamos que el goce sexual es una especia de droga. Las personas llegan a ser tan dependientes que son capaces de ceder a su voluntad,  someterse a las peticiones del otro, antes que perderlo. Aquí observamos que las primeras experiencias sexuales cuando con displacenteras, se genera por regla general un rechazo al sexo pero al contrario, cuando son extremadamente placenteras, la persona llega a perder el control de la voluntad y es capaz de someterse a la voluntad del otro hasta grados que puede llegar a rozar la humillación o esclavitud. Sin embargo, paradójicamente, la persona que padece de servidumbre sexual no muestra malestar alguno con respecto a su comportamiento. Lo único que no quiere es perder el goce sexual y está dispuesta hacer todo lo que haga falta con tal de no perderlo. 
La servidumbre sexual tanto en el hombre como en la mujer, pueden llevarles hasta un grado extremo de perdida de la personalidad y ante el temor de perder al otro, se terminan sometiendo a la personalidad de la parte contraria,  que bien sabe que el goce sexual o la dependencia sexual del mismo tiene que ver con el poder que él o ella les ha otorgado
En algunos casos encontramos relaciones donde ella ejercer el rol dominante y el hombre el dominado. También observamos el caso contrario, donde la mujer, bajo la servidumbre sexual del hombre, adopta un papel sumiso para no perder los favores sexuales de él, siendo entonces el hombre quien ejerce un papel dominante en la relación.
Dominación no es sinónimo de maltrato, ya que no en todas las parejas (homosexuales, heterosexuales ) donde existe la servidumbre sexual la dominación va unida al maltrato. 
Sí es posible encontrarnos la unión de la diada sumisión sexual y maltrato. Para ello deben coincidir otras constelaciones psicológicas que no entran dentro del estudio y exposición de este tema pero es cierto que la servidumbre sexual y amorosa, asociada a características sadomasoquistas en la constitución de la personalidad de ambos miembros de la pareja, hacen que se asocien con el maltrato mutuo. 


domingo, 4 de agosto de 2019

PSICOLOGÍA DEL MALTRATO

El acto final del maltrato, el golpe, la palabra agresora es el resultado de lo que en psicoanálisis denominamos construcción. Un maltrato, así como una separación, un divorcio, una vida feliz, también es una construcción de nosotros mismos.
El maltrato tiene un comienzo, un desarrollo y un final. No comienza nunca por el final, es decir, una suma de acontecimientos desde un inicio, pasando por un desarrollo, termina produciéndose el maltrato final. 
Hombres y mujeres, mujeres y hombres que padecen trastornos en la personalidad, terminan construyendo el maltrato por diferentes causas inconscientes.
¿Quiere decir que toda pareja que acaba en maltrato padece de algún tipo de trastorno o algún tipo de neurosis? La respuesta es afirmativa. Se van cediendo en las palabras y se termina cediendo en los actos. 
El maltrato tiene un claro origen en el llamado sentimiento de posesión del otro. Con asidua frecuencia, observamos en las parejas que ejercen el maltrato, que tiene una marcada tendencia al aislamiento y a la soledad. La causa mayormente suelen ser las conductas celosas en el hombre o en la mujer. Pero lo interesante es ver cómo ante el ejercicio de los celos, las parejas se aíslan para evitar la aparición de los mismos. Grave error, porque en vez de acudir a un especialista para tratar los celos, el aislamiento es la confirmación y así mismo un pacto de silencio sobre el llamado sentimiento de posesión. Una mujer que abandona sus relaciones para que su pareja no experimente celos, es colaboradora de la neurosis del hombre. Así mismo, todo hombre que ante los celos de una mujer, se aísla del mundo para ella no sienta celos, están colaborando a que ella siga siendo celosa pero en silencio. Este hecho, ya es el comienzo de hacer sentir al otro que es de su propiedad. El hecho de aislarse de los otros, hace que la pareja ejerza el derecho de propiedad sobre el otro. 
Los celos, si no se tratan, no desaparecen y cuanto más se reprimen, mas afloran a la conciencia. 
Pasemos ahora del aislamiento al primer gesto agresivo. Una discusión, un insulto, un empujón y un primer golpe. Arrepentimientos, perdón y promesas de no volver a suceder, pero sucede. Ocurre que ahora, la violencia se acrecentó, los insultos fueron mayores y quizás el golpe fue mayor. En esta fase, donde ya se comienza a desarrollar un acto de violencia, ¿porqué no se detiene? ¿Porque él o ella no corta, interrumpe, o busca ayuda? La respuesta posiblemente es que no lo necesitan y ellos pueden resolver su crisis o bien uno quiere hacer terapia pero el otro no quiere. ¿Por qué entonces, antes una situación donde uno de los dos se resiste a solucionarlo, la pareja continua? Aquí ya, se ha desarrollado una pareja con componentes sádicos y masoquistas. Uno agrede, el otro acepta. ¿Hasta cuando? Hasta un límite de tolerancia, porque una pareja, cuando pasa por un juzgado o por la consulta de un especialista, ya tienen un historial de haber construido en el tiempo una situación de maltratos. Tanto de él hacia ella como de ella hacia él. Siempre es algo mutuo y de no serlo, el que cede ante el insulto o ante la agresión, cede por algún motivo inconsciente que debe ser analizado. Las respuestas son variadas: porque le quiero, porque no quiero separarme, porque me da miedo. Pero ¿y si detrás de todas estas respuestas hubieran sentimientos inconscientes de culpabilidad, de arrepentimiento, debido a conflictos morales que lleva a construir dentro de la pareja un verdugo y una victima?
No es fácil admitir que es uno mismo, quien con el silencio, con la cesión, con la permisión contribuye a la creación de un maltrato. Lo cierto es que ciertos complejos psicológicos inconscientes, determinan nuestros actos y para agredir, siempre tiene que haber alguien que se deja y bien para dejarse agredir, siempre hay que tener a la otra parte que agreda. La psicología del maltrato, nos muestra que tanto los maltratadores, como los maltratados, padecen de una inmadurez sexual y emocional que determina la construcción y desarrollo del maltrato (continuará)

domingo, 19 de julio de 2015

POR QUÉ NOS ENGAÑAMOS A NOSOTROS MISMOS.



¿Vivimos engañados por nosotros mismos? ¿ Somos capaces de reconocer errores, equivocaciones, ignorancia en nosotros mismos?
¿qué mecanismos mentales nos lleva a proyectar nuestros errores hacia los otros para no reconocerlos en nosotros mismos?

La respuesta de por qué nos engañamos a nosotros mismos es para no cambiar.
Esto quiere decir que el error, la equivocación, la ignorancia, lo que no somos capaces de conseguir en la vida, guarda una relación directa con la manera en que está conformado nuestro psiquismo.
Nuestra psiquis es el producto de la educación familiar y social. Dependiendo de lo aprendido en la familia sobre todo, viviremos de una manera u otra porque cuando somos niños y comenzamos nuestras primera andadura por el mundo, salimos con la educación recibida en la familia como primer instrumento educativo y luego, en el colegio, la universidad o la vida misma se adquieren instrumentos que los unimos de manera mas o menos efectiva a la educación recibida en la familia.
Ciertos mecanismos mentales impide que muchas personas no puedan enriquecerse del aprendizaje que lo social puede proporcionar a una persona. Esto quiere decir que el impacto de la educación familiar sobre nosotros , puede hacer que instrumentos muy válidos que podríamos adquirir del exterior no nos sirvan para nada.

Para empezar, juzgamos, criticamos y opinamos desde nuestra manera de pensar y la manera de pensar es lo más subjetivo que existe, ya que no hay certeza de que una opinión, un juicio de atribución o una crítica personas sea más válida que otra ajena, salvo que el juicio o la crítica esté avalada por un conocimiento.
Podemos observar que todas las personas “saben de todo”, es decir, el ser humano critica, opina, enjuicia libremente aunque no tenga los conocimientos suficientes para enjuiciar u opinar.
Esto nos lleva a “creer que poseemos la razón en casi todo”, porque hablar es libre, decir es libre, criticar, opinar es libre.
Entonces si todos tenemos dicha capacidad ¿ por qué la crítica de uno va a ser más valida que la de otro? . La crítica, la capacidad de enjuiciar solo se sostiene si el que habla, dice, critica, opina o juzga es en base a un conocimiento o una inteligencia avalada por la vida que vive.
Sin embargo, los seres humanos, somos la risa. Somos capaces de anular la inteligencia, la sabiduría y la experiencia del otro, con tal de no reconocer nuestra ignorancia y tener que replantearnos que estamos equivocados.
Aquí se pone en juego dos cosas, una el narcisismo infantil que nos lleva a no dar la razón al otro, como cuando de pequeños, los padres nos corregían y sabiendo que tenían la razón, por cabezonería o narcisismo, no aceptábamos darle la razón y dos, reconocer que no llevo la razón equivale a replantearme cambiar, madurar, incorporar nuevo conocimientos, es decir, equivale a transformarse.
Freud nos dice que a nuestro “yo”, le cuesta desprenderse de fragmentos de sí mismo, en general, porque estamos acostumbrados a vivir con nosotros mismos toda la vida y separarnos de algo de nosotros mismos aunque sepamos que no nos sirve, cuesta y se hace duro. Ya que para separarse de lo que a uno de uno mismo no le sirve hay que pasar por un proceso de tristeza que no siempre se tolera. De hecho, multitud de personas que tiene que vivir procesos de cambio, les embarga una especie de tristeza que no logran superar y queda en ellos una especie de melancolía crónica que les hace vivir tristemente la vida.
En el autoengaño, se preserva la imagen infantil del yo, el auténtico narcisismo infantil de los niños, ese al que nada le importa y que es todo egoísmo en sus acciones o modo de pensar.
¿Se sufre menos engañándose uno a sí mismo? La respuesta es si, una persona que se autoengaña, sufre menos porque no tiene que replantearse cambios y es capaz de vivir en un mundo reducido de personas y emociones donde no tenga que desplegar su yo para adquirir nuevas conquistas en la vida.
Simplemente se limita a vivir en un círculo cerrado, donde todo queda controlado desde la perspectiva de su yo infantil y así, no tiene que molestarse a sí mismo.

Esto ni es bueno, ni malo. Simplemente es así. La vida es como cada uno quiera vivirla. ¿Podríamos enriquecernos más espiritualmente y tener mas modos de gozar y disfrutar? Efectivamente sí, aunque el ser humano actual- que se halla en vías de desarrollo mental porque con respecto a la ciencia, la forma de pensar humana sufre retraso- sigue viviendo en el autoengaño para evitar el dolor de sentirse de vivo, de no querer saber que tiene fecha de caducidad.

domingo, 24 de mayo de 2015

REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR


REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR.

El olvido de impresiones, escenas y sucesos, se reduce casi siempre a una “retención” de los mismos. Cuando un paciente habla de este material “olvidado”, rara vez deja de añadir: “En realidad, siempre he sabido perfectamente todas estas cosas; lo que pasa es que nunca me he detenido a pensar en ellas”. Y muchas veces se manifiesta defraudado porque no se le ocurren suficientes cosas que pueda reconocer como “olvidadas” y en las que no ha vuelto a pensar desde que sucedieron”.
El “olvido” queda restringido por la existencia de recuerdos encubridores. La amnesia que tenemos sobre nuestra infancia suele ser compensada por los recuerdos encubiertos. En dichos recuerdos, se conserva una parte de nuestra vida infantil y todo aquello que tuvo una importancia esencial. Con el psicoanálisis podemos extraerlo.
Otro tipo de sucesos, impresiones internas, constituidos por las fantasías, asociaciones o sentimientos, deben ser estudiados en relación al  olvido y al recuerdo. Sucede aquí se recordamos algo que nunca pudo ser olvidado, pues nunca fue retenido ni llegó a ser consciente.
Sobre todo, en la neurosis obsesiva, el olvido se limita a destruir conexiones, suprimir relaciones causales y aislar recuerdos en lazados entre si.  Resulta imposible despertar el recuerdo de una clase especial de sucesos muy importantes correspondientes a épocas muy tempranas de la infancia y vividos entonces sin comprenderlos, pero perfectamente interpretados y comprendidos luego por el sujeto. Y una vez vencidas sus resistencias, el paciente analizado, reconoce la sensación de que algo de lo que dice, ya le era conocido.
Las personas, no solemos recordar nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto: lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite. Por ejemplo, hombres que no recuerdan haberse mostrado rebeldes hacia la autoridad de sus padres y ahora, lo hacen con respecto a su trabajo, proyectos, pareja, etc…
Por ejemplo, personas que no logran recordar que su investigación sexual infantil fracasó, dejándolos perplejos y ahora de adultos se lamentan de que nada le sale bien y de que su destino es no conseguir jamás llevar a buen término una empresa.

Repetir es la transferencia a una situación actual de una situación pasada olvidada. Cuanto mas reprimido es el recuerdo que la persona no logra recordar, con más fuerza es sustituido el recuerdo por la acción de repetir. (continuará)

martes, 22 de enero de 2013

¿QUÉ SENTIDO TIENEN LOS TRASTORNOS MENTALES?


Si tuviéramos que definir el concepto de enfermedad mental desde la medicina, habría que relacionarlo con la capacidad invalidante que la patología mental produce sobre la vida del sujeto. Cualquier patología psíquica- depresión, ansiedad, angustia, fobia, celos, trastorno obsesivo, problemas sexuales, etc--- produce un malestar significativo en la vida de la persona de manera que acaba produciendo un condicionante de aspectos personales sobre la patología mental. Es decir, la enfermedad mental genera un nuevo tipo de vida. El psicoanálisis, es la ciencia que estudia la parte inconsciente de la persona y sus relaciones con la realidad externa e interna. Estudios avanzados en psicoanálisis muestran que lo que la medicina clásica o psiquiatría llama enfermedad mental, para el psicoanálisis, la enfermedad mental sería un modo de “poder seguir adelante”, digamos que la reorganización que la propia patología mental exige a la persona, le hace reacomodar su vida en torno a su nueva forma de vivir su realidad psíquica interna.
Es decir, que antes de la enfermedad la persona era una persona diferente hasta después de la enfermedad que ya es otra, junto a otras circunstancias. Lo interesante de analizar es que la persona, acaba incorporando la enfermedad mental a su “yo” y lo acepta a modo de compañía. Digamos que ahora son dos: la persona y su enfermedad. Ambas conviven bajo el mismo techo pero las exigencias a veces son distintas. Los trastornos mentales, exigen muchos sacrificios a la persona enferma, desde querer vivir solos, a separarse, a dejar de trabajar, a abandonar una vida que hasta ahora era la vida del sujeto. Pero la exigencia mas interesante es el empobrecimiento como persona que la enfermedad mental produce sobre el sujeto. Le va incapacitando para ser feliz, para disfrutar del amor, del deseo, del trabajo, de la pareja, de los hijos, de la vida en general. Vemos que cuantos mas sacrificios hace por su enfermedad, más exigente se vuelve la enfermedad con la persona, hasta el punto de ver casos, donde la persona vive por y para su enfermedad mental, como es el caso de la depresión o del trastorno obsesivo compulsivo. Tanto en la depresión, como en el trastorno obsesivo compulsivo ( toc ) el grado de empobrecimiento de la persona ha sido paulatino y en aumento. Observamos tanto en una patología como en la otra que la persona cada vez es requerida mas y mas por su enfermedad hasta el punto de quedarse prácticamente aislada dentro de una complejidad de síntomas difíciles de dominar y que terminan acaparando todo el interés de la persona. Este dominio, de la persona, sobre la voluntad de la conciencia, siempre nos ha llamado la atención, porque observamos que por mucho que la persona ponga de su parte, poderosas fuerzas, la acaban arrastrando al fondo oscuro de un túnel cuya salida, cada vez está mas distante de la realidad, ya que la realidad de la persona enferma, nunca coincide con la realidad del mundo exterior. Podemos decir, que su enfermedad mental, la ha aislado del mundo, la ha apartado ( CONTINUARA )
Sin embargo, llama poderosamente la atención que la propia persona afectada de algún síntoma psíquico no vea o que no logre ver la dimensión de su afectación. Digamos que la propia enfermedad o problema mental, “engaña” a  la persona y le hace vivir dentro de otro mundo que no tiene que ver la mayoría de las veces con el mundo real. Esta introyección hacia dentro de sí mismo, es lo que hace que la propia persona no logre ver la dimensión de su problema o trastorno. Tiene la apariencia de no darse cuenta de nada porque tampoco tiene para ella sentido salir de dicho estado. Lo interesante es ver que cualquier problema mental, acaba apartando a la persona del trabajo, de la pareja, de la familia, de lo social para recluirla dentro de sí misma. Podemos afirmar que las exigencias del mundo interior no son tan grandes como las del mundo exterior. Es en este punto donde la persona se da cuenta que su enfermedad, que su problema, la exime de responsabilidades, de tomar decisiones, de llevar a cabo lo que hasta ese momento venía siendo su vida. Podemos decir que la enfermedad le proporciona una vida más cómoda, más sencilla aunque para ello tenga que renunciar a todo lo demás. Estudiando los complejos mecanismo psíquicos inconscientes, llegamos a la conclusión que se puede renunciar a la vida exterior y hallar total satisfacción en la vida interior aunque desde fuera sea visto como algo anormal. Sin embargo, para la psiquis, no es tan anormal, ya que en la enfermedad, la persona, encuentra “su salvación” por lo tanto, la curación la verá como un peligro. Este es el motivo por el cual las personas, cuando tienen un problema mental, sea de la índole que sea, no acuden a terapia o bien acudiendo, cuando notan la mejoría, acaban abandonando precozmente el tratamiento psicoanalítico porque comienzan a ver el camino de la curación y lo rechazan, porque ven que si se curan tienen que retomar trabajo, pareja, asumir decisiones, responsabilidades, etc… Es decir, la curación la ven peligrosa para la supervivencia de su enfermedad. Uno se puede preguntar si es mejor estar enfermo a estar sano. Puedo responder que para muchas personas, les es más fácil y rentable estar enfermos que sanos. Como bien dice el psicoanálisis estar enfermo o estar sano, ambas son una propuesta de la mente. 

domingo, 13 de diciembre de 2009

HACIA UN MUNDO FELIZ

Seguro que más de una vez te habrás preguntado qué hubiera sido de tu vida, de tu relación, de tu trabajo, si hubieras tenido conocimientos sobre cómo funciona la menta de las personas y la tuya propia. Si te paras a pensar, te darás cuenta que la mayoría de las cosas que te pasan a ti y en relación a los demás es por una falta de conocimiento sobre el funcionamiento de la mente. Ninguna institución se encarga de enseñarnos sobre cómo funciona nuestra mente y tampoco nos dan nociones, aunque sean mínimas para entender el comportamiento de las personas y el propio. Siempre que entendemos algo que nos ha sucedido, nuestro espíritu se calma y se sosiega. Sin embargo, cuando desconocemos lo que nos ocurre o lo que ocurre en nuestra vida diaria, surge la angustia, sentimiento que indica que algo no va bien. Por eso que frente a la angustia, lo mejor es comenzar un psicoanálisis. El psicoanálisis es una técnica que sirve para conocerse a uno mismo. Y como los comportamientos humanos son tan parecidos a los de uno mismo, es más fácil conocer a los demás, si previamente nos conocemos a nosotros mismo. Este tipo de conocimiento, hace que entendamos mejor la vida y el complejo proceso de vivir. Cerrar este año y proponerse conocerse mejor a sí mismo, es un buen deseo realizable para el 2010

lunes, 27 de julio de 2009

¿ ERES INESTABLE EMOCIONALMENTE EN PAREJA ?

Existe un patrón de personalidad, tanto en hombres como en mujeres, que se caracteriza por inestabilidad emocional en las relaciones interpersonales, falta de confianza en la imagen propia, en la afectividad y con notable impulsividad cuando las cosas no van bien. Estas personas, cuando se enamoran, hacen frenéticos esfuerzos para evitar que les abandonen. Cuando perciben que pueden ser abandonados, son capaces de cambiar su imagen y su comportamiento hacia la otra persona. Experimentan intensos temores a ser abandonados, incluso en períodos cortos de tiempo o cuando se producen cambios bruscos de planes. Este temor a ser abandonados, está relacionado con la intolerancia a estar solos y a la necesidad de sentirse acompañados, por su seguridad personal, radica en sentirse queridos. Ante el miedo a ser abandonados, son capaces de llegar al chantaje emocional, incluso a comportamientos suicidas. Este tipo de personas, en cuanto conocen a alguien, desde el primer momento idealizan a la persona, le ofrecen todo y comparten hasta los más íntimos detalles. Cuando no sienten que les prestan atención, son capaces de hacer situaciones dramáticas y acusar a la otra persona de ser mala. Este tipo de personas, son capaces de cambiar de imagen, de trabajo, de planes, de estudio y hasta de casa con tal de no perder a la persona de la que impulsivamente está enamorado. Suelen abandonar incluso su manera de pensar para no contradecir a la otra persona. Viven con ansiedad todo, se entregan al cien por cien al segundo día, siendo capaces de hacer cualquier acto de riesgo para mantenerse junto a la persona que quieren.
Este tipo de personalidad, entra dentro de los patrones inmaduros. Es decir, estas personas, no han logrado madurar y son como niños pequeños que necesitan de alguien cercano para sentirse protegidos. Sufren mucho y cuando se enamoran rompen toda relación con el mundo para entregarse totalmente a la persona de la que se han enamorado. Este patrón se les repite continuamente pareja tras pareja. Este sufrimiento, justifica que busquen ayuda. No sirven el uso de la medicación, ni las terapias conductuales, porque el origen de su problema tiene que ver con las relaciones vividas durante la infancia con la familia. Son personas que tuvieron mucha dependencia familiar, lo que le lleva a buscar un patrón parecido al de su infancia o al que les hubiera gustado tener. La solución es una terapia psicoanalítica.

sábado, 21 de febrero de 2009

UN ACERCAMIENTO AL PSICOANALISIS

Para comenzar, diremos que desde tiempo inmemorables, ya se sabía el efecto beneficioso que la figura del chaman o del médico producía sobre el enfermo. Sus rituales, sus gestos, sus palabras y sus pócimas producía ya de por sí una gran mejoría. Es decir, el paciente, como mínimo tenía que tener fe en curarse. Las enfermedades mentales han sido mal comprendidas a lo largo de la historia, porque no se lograba entender los síntomas que aquejaban a una persona. Se decía que la persona había sido invadida por un espíritu, una fuerza mayor, un mal de ojo, y era sometido para liberarlo, a medios terapéuticos desde los más cruentos y salvajes hasta los más exóticos e imaginarios.
El psicoanálisis aparece como una corriente científica en un momento donde se observa que existe una estructura psíquica que es la que origina la llamada enfermedad o síntoma. Freud se da cuenta que una persona sana de una enferma no se diferencia apenas en nada, sino en el modo que cada una tiene de relacionarse con la parte inconsciente de la personalidad. Y según el modo de hablar, muestra la manera de relacionarse consigo mismo.
Con los primeros enfermos se va dando cuenta que en la parte inconsciente, radica absolutamente el misterio de la vida anímica. Vida anímica que guarda relación con la conciencia, la cual a veces entra en conflicto con la parte inconsciente de la personalidad.
El psicoanálisis nos muestra que los verdaderos conflictos, siempre son conflictos con fuerzas morales entre nuestra conciencia y nuestro inconsciente, frente al cual, la persona lucha: envidias a muerte entre hermanos desde la infancia y que siguen en la vida adulta, deseos sexuales que atormentan, ideas criminales, fantasías compulsivas, odio enquistado, masoquismo placentero, sadismo contenido… etc… El ser humano es un catálogo completo de sentimientos, afectos y deseos. Mientras no se los conozcan, no hay manera de entenderlo, por lo tanto, si se sigue negando que la personalidad tiene una parte consciente y otra inconsciente, nunca se sabrá el verdadero origen de los problemas.

sábado, 14 de febrero de 2009

UN CAMINO A LA FELICIDAD

Lo que en el sentido más estricto se llama felicidad, surge de la satisfacción, casi siempre instantánea, de necesidades acumuladas que han alcanzado elevada tensión y de acuerdo con esta índole sólo puede darse como fenómeno episódico. Toda persistencia de una situación anhelada por la persona, su satisfacción sólo proporciona una sensación de tibio bienestar, pues nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino el contraste, pero solo en muy escasa medida lo estable. Así nuestras facultades de felicidad están ya limitadas en principio por nuestra propia constitución. En cambio nos es mucho menos difícil experimentar la desgracia. El sufrimiento nos amenaza por tres lados:
o Desde el propio cuerpo condenado a la decadencia y a la aniquilación, que no puede prescindir de los signos que representan el dolor y la angustia.
o Del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables.
o De las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de esta fuente quizás sea el más doloroso que cualquier otro.
o La satisfacción ilimitada de todas las necesidades, se nos impone como norma de conducta mas tentadora pero significa preferir el placer a la prudencia y a poco de practicarla se hacen sentir sus consecuencias.
o El aislamiento voluntario, el alejamiento de los demás es el método de protección más inmediato contra el sufrimiento susceptible de originarse en las relaciones humanas.
o En ciertas sustancias aún llevan la culpa de que se disipen estérilmente cuantiosas magnitudes de energía que podrían ser aplicadas para mejorar la suerte de la persona. ( .... )
Cuando falta una vocación especial que imponga una orientación imperativa a los intereses vitales, el trabajo puede desempeñar esta función. Es imposible considerar adecuadamente en una exposición concisa la importancia del trabajo en la vida de las personas. Ninguna otra técnica de orientación vital liga al individuo tan fuertemente a la realidad como la acentuación del trabajo que por lo menos lo incorpora sólidamente a una parte de la realidad, a la comunidad humana. La posibilidad de desplazar al trabajo y a las relaciones humanas con él vinculadas una parte muy considerable de los componentes narcisistas, agresivos y aún eróticos de la energía psíquica, confiere a aquellas actividades un valor que nada cede en importancia al que tienen como condiciones imprescindibles para mantener y justificar la existencia social.
La actividad profesional ofrece particular satisfacción cuando ha sido libremente elegida, es decir, cuando permite utilizar, mediante la sublimación, inclinaciones preexistentes y tendencias instintuales evolucionadas o constitucionalmente reforzadas. No obstante el trabajo es menospreciado por el hombre como camino a la felicidad. No se precipita a él como a otras fuentes de goce. La inmensa mayoría de los seres solo trabajan bajo el imperio de la necesidad y de esta natural aversión humana al trabajo se derivan los más dificultosos problemas sociales.
La felicidad considerada en el sentido limitado, cuya realización parece posible, es meramente un problema de la manera de pensar de cada individuo. Ninguna regla al respecto vale para todos. Cada uno debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz. Todo depende de la suma de satisfacción real que pueda esperar del mundo exterior y de la medida en que se incline a independizarse de éste. Por fin, también de la fuerza que se atribuya a sí mismo para modificarlo según sus deseos. Ya aquí desempeña un papel determinante la constitución psíquica del individuo, a parte de las circunstancias exteriores. El ser humano predominantemente erótico antepondrá los vínculos afectivos que lo ligan a otras personas; el narcisista, inclinado a bastarse a sí mismo, buscará las satisfacciones esenciales en sus procesos psíquicos íntimos; el hombre de acción nunca abandonará un mundo exterior en el que pueda medir sus fuerzas.
La sabiduría nos aconseja no hacer depender toda nuestra satisfacción y felicidad de una única cosa o persona, pues su éxito jamás es seguro; depende del concurso de muchos factores y quizás de ninguno tanto como de la facultad del aparato psíquico para adaptar sus funciones al mundo y para sacar provecho de éste en la realización del placer. ( .... )
Sigmund Freud.

martes, 10 de febrero de 2009

La depresion y sus mil caras

En el último Congreso sobre la Depresión, celebrado en Madrid, se llegó a definir la depresión como la enfermedad de las mil caras, es decir, que detrás de cualquier afectación orgánica o psicológica, puede estar desarrollándose una depresión.
Cuando la depresión aflora, no es cuando se produce, es decir, ha habido un proceso previo entre 5 y 10 años de base, donde el germen de la depresión se ha ido desarrollando hasta adquirir su carácter de depresión propiamente dicho.
Vamos a distinguir lo que es la tristeza por la pérdida de un ser querido y la depresión propiamente dicha. Ambas se parecen pero la diferencia entre una tristeza y una depresión es una cuestión de cantidad. Cuando la tristeza pasado un cierto tiempo, continua, acaba convirtiéndose en depresión.
Un duelo, es una reacción normal de tristeza a la pérdida de un ser amado, una pareja, un trabajo de mucho tiempo. No se debe medicar a una persona que se haya bajo un duelo, porque con toda seguridad acabará desapareciendo e incluso, perturbarlo puede ser contraproducente. Existen casos de personas que las muerte les arrebató un ser querido y fueron medicadas para no sentir el dolor tan grande que sentían en ese momento. Algunas de estas personas, al cabo de los 5 e incluso 10 años, les acabó surgiendo el dolor que en su momento no llegaron a sentir como tenían que haberlo sentido.
En la depresión, el estado de ánimo es profundamente doloroso, cesa el interés por el mundo exterior, la capacidad de amar se pierde, la persona pierde todas sus funciones y lo que antes hacía ahora no puede hacerlo. Suelen tener una disminución del amor propio. Suele ser normal que la persona deprimida se reproche a sí misma y se haga acusaciones hacia sí, incluso puede llegar a esperar a que reciba un castigo.
En el duelo intenso como reacción a la pérdida de un ser amado, aparece el mismo estado de ánimo doloroso, cesa el interés por el mundo y los que le rodean. No pueden volver a enamorarse de otra persona, lo que equivaldría a sustituir al desaparecido y suele haber un apartarse de toda actividad no conectada con la memoria del ser querido. Se trata de recordarle continuamente. Es decir, la persona, no tiene interés para otra cosa que no sea para recordar a la persona perdida.
En la depresión, es normal que la persona se haga un autoreproche: que es el sentirse responsable de no haber hecho lo suficiente o que pudiendo haber hecho, no se hizo. Esto hace que la persona se culpe y esta culpa hace que la persona se sienta peor, lo cual la puede llevar a frases tales como: me merezco esto, ha sido por mi culpa y ahora estoy pagando por no haberme comportado mejor etc… Es decir, es normal encontrar en la persona depresiva un sentimiento de desprecio por sí misma porque de alguna manera consciente o inconsciente, en algo se siente responsable de la pérdida de la persona querida.
Todas las personas, experimentamos reacciones afectivas contradictorias. Es decir, las personas se quieren, se pelean, se aman, se odian, se reconcilian etc… Podemos ver que entre los hermanos, padre e hijos, marido y mujer, existen todo tipo de sentimientos. Cuando se pierde a un hijo, a un hermano, a un padre, una madre etc… es normal que nos vengan a la memoria los ratos buenos que vivimos con ellos pero también es normal que recordemos los momentos de pelea, donde el rencor no nos dejó reconciliarnos, o mantuvimos mucho tiempo sin hablar a un ser querido… es decir, todos esos sentimientos contradictorios son lo que producen malestar cuando aparece la depresión.
Si nos preguntamos cual es la causa que origina una depresión, tiene que ver con haber descubierto que las personas queridas desaparecen y no vuelven. Todo esto nos hace pensar el sentido de la vida y de nuestra propia vida. Podemos decir que la persona deprimida se ha dado cuenta que la vida tiene un fin, que las cosas acaban y de alguna manera, es como que abandonara. Es como si dijera: “para qué voy a luchar o par qué quiero vivir, si la vida se acaba. “. En todo esto hay una verdad pero también hay una derrota porque la vida solo tiene el sentido de vivirla. Muchas personas que las circunstancias de su vida le ha hecho tener más dolor que felicidad, suelen tener el ánimo deprimido porque no encuentran felicidad a su vida o los ratos felices fueron cortos y breves.
Abandonarse o tirar la toalla, es una salida rápida pero no es lo mejor, porque morirse es fácil pero vivir 70, 80, 90 años requiere un esfuerzo día a día y algunas veces uno se cansa. Es cierto que cuando la vida tiene complicaciones, la persona se cansa de luchar. En estos momentos es cuando puede comenzar a desarrollarse una depresión.
Los primeros síntomas suelen ser desánimo y falta de interés por cosas que antes gustaban. Se van abandonando a los amigos, se va dejando de salir de casa, comienza a gustar más la soledad que la compañía y la persona comienza a abandonarse, a no arreglarse, a no tener interés en ella misma y al final, le acaba dando igual incluso su matrimonio o sus hijos. Lo que es cierto que cuando uno nota los primeros síntomas, debería ponerse en alerta y sospechar que está entrando en depresión. Lo que ocurre es que una depresión es una enfermedad muy silenciosa porque va entrando poco a poco en la vida de la persona y cuando se quiere dar cuenta, ya ha invadido la vida de la misma.
La depresión tiene una particularidad y es que afecta al organismo, al cuerpo. Cuando una persona está deprimida, el sistema inmunológico o de defensa disminuye y es más fácil contraer enfermedades porque el cuerpo también se halla deprimido.
Actualmente muchos oncólogos coinciden en que muchos cánceres que aparecen en ciertas personas guarda relación con haber tenido un episodio de depresión anteriormente. Suelen ser estos enfermos de cáncer que no quieren luchar por salir y que ya les da igual vivir que morir. Podemos decir, que estas personas se hallaban previamente deprimidas y el cáncer guarda relación con su depresión.
Ciertos dolores en el cuerpo, infecciones recurrentes, algunas alergias, enfermedades pulmonares, trastornos digestivos y circulatorios, tiene que ver con que la persona está incubando una depresión y el primer afectado es su propio cuerpo. De manera que la persona se siente mal, los médicos ven que no tiene nada o que son síntomas que aparecen y desaparecen pero que nunca se logra hallar un diagnóstico claro de lo que le pasa a esa persona. Podemos sospechar que detrás de todos esos síntomas se está desarrollando una depresión.
Actualmente, las depresiones, se están tratando con antidepresivos. Pero el antidepresivo en muchas personas, no cura la depresión. Algunas personas logran curar la depresión con medicamentos pero una gran mayoría no les hace efecto y por mucho que cambien de fármacos, la persona sigue sintiéndose mal. Esto es debido a que la persona necesita otro tipo de tratamiento.
Actualmente, el tratamiento más efectivo para curar una depresión es la terapia psicoanalítica. El psicoanálisis cura la depresión haciendo que la persona vuelva a tener ganas de vivir y de ilusionarse con las cosas. Realmente si una persona depresiva no logra vencer su falta de ganas por vivir, por muchos medicamentos que tome, no va a lograr salir del pozo donde se halla sumergida. Sin embargo, el psicoanálisis hace entender a la persona el sentido de la vida y que si una persona pierde a alguien querido, no debe olvidarse de lo que quedan vivos a su alrededor. Esto suele ser muy normal que cuando se pierde a alguien querido, que se olvide a los que quedan alrededor.
Por eso el psicoanálisis ayuda a reconciliarse con la pérdida y enseña a volver a recuperar la ilusión por vivir que es lo que se pierde cuando uno entró en depresión.