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domingo, 10 de septiembre de 2017
domingo, 13 de agosto de 2017
domingo, 24 de enero de 2016
¿Qué hago si tengo deseos o tentaciones de infidelidad con mi pareja?
La pareja, como cualquier estructura
humana, atraviesa en sus inicios por un momento de enamoramiento, que permite
el acercamiento al otro para sentirlo como alguien conocido en el cual
depositamos nuestra confianza.
En esta fase inicial, idealizamos al
otro, es decir, resaltamos sus excelencias generalmente para producir una
hipervaloración y tener la sensación de que el otro viene a ser “lo que nos
falta”.
Esta sentimiento de “completud” que
produce el enamoramiento, permite crear un clima de confianza, donde la pareja,
baraja posibilidades futuras de planes, tanto en el plano de la convivencia
como en el de la reproducción.
El futuro inicial de toda pareja es la
reproducción, es decir, concebir una estructura familiar para el desarrollo y
permanencia de la especie. Somos especie, por lo tanto, la producción de una
estructura familiar es una de las primeras consecuencias a las cuales aspira
toda pareja.
Por norma general, la primera pareja
“seria” que tenemos, está dirigida a la reproducción de hijos manera
inconsciente, es decir, a la creación de una familia. Tanto es así que el 1
de cada 3 pareja, se separan tras la
llegada del primer o segundo hijo. La cordialidad necesaria para concebir un
hijo, da paso después a la aparición de muchas diferencias dentro de la pareja
que hacen que se separen.
Esta pareja, podemos decir que su única
función, fue la de tener hijos pero no ha constancia de que hubo pareja, ya que
cuando hablamos de pareja, hablamos de hombre y mujer y no tanto de padre y
madre, que ya hemos visto que para ser padres, no hace falta ni siquiera estar
en pareja.
Una vez que la estructura familiar se ha
producido, el paso a pareja tiene ciertos grados de dificultad porque las
diferencias en el carácter, la personalidad, restan mas que sumar y debería ser
lo contrario: cuanto mas diferentes son las personas, mas posibilidad de
intercambio. Sin embargo, buscamos que el otro se parezca a nosotros, que el
otro y yo parezcamos la misma persona. Semejante idea produce a la larga mas
discordias que beneficios, porque para que dos personas se parezcan, en algo
tienen que anularse a sí misma y esto, no siempre da buenos resultados.
Cuando hacemos al otro parecido a mí o
creemos que es parecido a mí, ocurre que en algo “desatendemos al otro”. Creer
que el otro es una parte mía o porque se parece, creerse que ya le pertenece,
hace que de manera inconscientes caigamos en el “abandono del otro” (
continuará)
domingo, 14 de junio de 2015
miércoles, 19 de noviembre de 2014
CLAVES PARA ENTENDER LA PAREJA (2) PROYECTAR SOBRE EL OTRO
La falta de comunicación o de
entendimiento dentro de la pareja está producida no tanto por lo que se dice o
no se dice, sino “hacia quien se dice”. El psicoanálisis viene mostrar que los
reproches al otro son proyecciones de uno mismo pero vuelto hacia la otra
persona. Es decir, que cuando reprocho algo hacia el otro, mi narcisismo no me
deja ver o admitir que las acusaciones hacia la otra persona tienen que ver con
algo no reconocido de mi mismo. El mecanismo de proyección, es un mecanismos
que se observa en todas las parejas y es la causa tanto de la falta de
comunicación como de las actitudes neuróticas de las personas. La proyección de
algo mío sobre el otro forma parte de los llamados mecanismos narcisistas de
defensa. Esto quiere decir que nos defendemos frente a la posibilidad de
aquello que nos cuestiona o que nos indica que debe ser transformado. El ser
humano se ama a sí mismo sobre todas las cosas. Aún aquellas personas que dicen
no quererse o despreciarse, esto no es cierto, porque toda actitud de reproche
hacia uno mismo no deja de ser un reproche hacia otra persona pero vuelto hacia
uno mismo. Cuando digo que el ser humano se ama a si mismo sobre todas las
cosas quiere que el narcisismo primario o infantil hace mantenerse a las personas
en una actitud de “no cambio” y por lo tanto defendiendo una manera de ser y
actuar que aunque no sea la adecuada, la mantiene y la cuida solo por el hecho
de pertenecer a ella misma. En la frase “quien me quiera me tiene que aceptar
tal y como soy” se descubre el narcisismo que encierra la frase. Las personas
que se definen por una manera única de ser, desde el psicoanálisis pueden ser
evaluadas como neuróticas. Quiere esto decir que ser siempre de la misma manera
es lo más anti humano que puede existir, porque si algo caracteriza a lo humano
es su enorme versatilidad y plasticidad. Y cuando una persona “siempre es fiel
a si misma” esto ya es un síntoma de neuroticismo.
Esto puede verse en la pareja. Frente al
otro nunca podemos ser nosotros mismos, lo cual lleva a decir que una pareja se
comunica mejor cuando cada uno se parece menos así mismo. Si dejo de ser yo
puedo ser el que mi pareja necesito. Cuanto más quiero ser yo menos puedo ser
lo que el otro necesita que sea. Miguel Martinez. Medico Psicoanalista. Asesor
Consejero Parejas. Tfno. 667.518.809.
domingo, 28 de septiembre de 2014
LA TERAPIA PSICOANALÍTICA
La terapia psicoanalítica, nos dice
Freud, fue creada para personas y enfermos prolongadamente incapacitados
para la vida. Es una terapia que se ha ido perfeccionando en su tratamiento y
su mayor triunfo es devolver a un número muy grandes de personas con problemas
su plena capacidad para la vida. Ante estos resultados, todo esfuerzo por
psicoanalizarse ha de aparecer pequeño. No es efectiva en aquellas personas
cuyo carácter o voluntad es la de no querer curarse o resolver sus problemas. Se
necesita también la condición de que la persona sea susceptible de dejarse
educar, pues muchos de los aspectos por los cuales la neurosis acontece, es
debido a fallas o fisuras en los procesos educativos del sujeto. El
psicoanálisis, hace una auténtica “radiografía” de la personalidad, reparando o
reconstituyendo anomalías o carencias educativas que le suponen un problema a
la persona. La edad no es un problema ni una dificultad para comenzar un
psicoanálisis, debido a que la parte
inconsciente de nuestra personalidad es atemporal, lo cual quiere decir,
que una persona que padece un problema o dificultad mental suele estar detenida
en un fragmento de su vida que a veces no logra recordar, repitiendo algo que
no sabe que repite o bien sabiendo lo que le sucede, no puede sustraerse o
desligarse de un pensamiento, una idea, una vivencia o un recuerdo. Este
carácter atemporal del síntoma o problema permite que una persona de cualquier
edad sea candidata perfecta a psicoanalizarse. Con respecto a la duración de la
terapia psicoanalítica, no se puede concretar un tiempo. Cierto es que hay
personas que resuelven puntualmente una dificultado o problema en un espacio
breve de tiempo y otras necesitan desde uno dos o mas años para recuperar la
capacidad para vivir. Si tenemos en cuenta que dos, tres o cuatro años, no
sería tiempo si la persona una vez recuperada tiene todo el tiempo de su vida
para disfrutarla. El valor y la rapidez en resolver las cuestiones por las
cuales se acude a un psicoanálisis crece dependiendo del valor de la persona
por resolver su problema. A veces, escuchamos que acudir a una terapia
psicoanalítica, produce malestar o empeoramiento. Esto no es así, pues la
persona desde el momento que va siendo consciente del origen de sus problemas,
siente un alivio y la presión de sus preocupaciones disminuye. Tampoco no hay
nada que digamos al paciente que él mismo no reconozca. Podemos decir que por
la existencia de los mecanismos morales de censura, la persona no logra
entender la causa u origen de lo que le sucede. Cuando la terapia
psicoanalítica levanta dicha censura o moral, la propia persona termina por
aceptar aquello que la terapia psicoanalítica ha descubierto. “Esto mismo ya lo
sabia pero no lo quería aceptar”. La terapia psicoanalítica, se funda o se basa
en el conocimiento de las naturaleza inconscientes de ciertos procesos del
estado de ánimo y que son la causa de los síntomas patológicos (obsesiones,
depresió, manias, fobias, ansiedaed, etc…). La conciencia no alcanza mas allá
que lo que observa o le viene tanto del exterior o del interior. Siendo así que
la mayoría de los pensamientos, ideas, sensaciones que proceden del interior,
la persona no logra comprender su procedencia ni el sentido de las mismas.
Siendo así que conocer lo inconsciente, no solo no perjudica, sino que alivia.
Dominamos nuestros impulsos, cuando hacemos actuar sobre ellos, las funciones
mas altas de la conciencia. (continuará)
martes, 12 de noviembre de 2013
lunes, 28 de octubre de 2013
A MI EL PSICOANÁLISIS ME LO DA TODO.
Tenía 19 años cuando conocí
el psicoanálisis. Gracias a un trastorno obsesivo compulsivo que tuve, me hizo
encontrarme con el psicoanálisis. Visité psicólogos, psiquiatras pero algo de
aquello encuentros me hizo entender que lo que me estaba pasando tenía que ver
con las impotencias potencias que frente a mi vida iban a aparecer. Alguna
inteligencia de mí, ya con esa jóven edad, me advertió que estaba unido a
fuertes cadenas ideológicas familiares y sociales. Cada vez que hice intentos
de abrir nuevos caminos sólo escuchaba frases como: “ para qué quieres mas.” O “conformate
con lo que Dios te ha dado”, o “tanta ambición no es buena” o “en la vida hay
gente rica y gente pobre, si a ti te ha tocado ser probre, tienes que
aguantarte”… Podría seguir enumerando muchas mas. Pero aquellas frases yo
sentía que no eran mías. Me quería atar, frenar mi espíritu jóven, mis ansias
de ser algo en la vida…. Pero todo fueron cadenas. Esa inteligencia de la que
hablo me hizo estar atento a cualquier señal que pudiera indicarme que habría
de haber otros caminos. Así llegue hacia una antigua profesora, psicóloga y
psicoanalista, cuyo modo de hablar causó en mí admiración. Yo le pedí que me
escuchara, que mis ambiciones eran más grandes que yo pero no sabía cómo
crecer. Me dijo que si tenía algo de dinero. Le contesté que algo de dinero
tenía porque a mí siempre me gustó trabajar y ya lo hacía con aquella edad. Me
dijo, llama a esta persona. Era una psicoanalista del Grupo Cero. La primera
entrevista que tuve ya que liberó de la angustia. Fue lo más tranquilizador
observar una persona que realmente me escuchara, sin prejucios, sin censuras.
Le dije todo lo que me venía a la mente y al ver que no me decía nada, yo me
animé y seguí y seguí diciendo todo lo que me venía a mi mente. Quedamos para
una segunda entrevista y cerramos dos encuentros a la semana. Yo por entonces
había comenzado primero de Medicina y recién comencé a trabajar como agente de
seguros. En menos de un año, pude hacerme cargo de mi primer año de carrera y
en menos de un año, logré hacerme el mejor agente de seguros de España,
vendiendo pólizas de entierro ( decesos ). Yo llegaba a mi psicoanálisis y todo
era libertad para decir, expresar y no me censuraban. Aquella libertad, me daba
una energía que pude contagiar a muchos de mi amigos por aquella época pues en
menos de un año, más de veinte amigos míos comenzaron su psicoanálisis. Los
años de carrera fueron maravillosos, trabajaba, me psicoanalizaba, entendí las
primeras cuestiones del amor y de sexo y vivía como un jóven libre. Luego llegó
el final de carrera, el trabajo comprometido, y los estudios de psicoanálisis.
La vida era un camino, pero esta vez, yo lo escribía. La ideología familiar,
social represora, ya no hacía mella en mí y cualquier cosa que me proponía, lo
conseguía. Y respondía, lo hago con psicoanálisis y trabajo. Con los años, la
vida fue tomando para mí el rumbo de mis deseos. Me casé con una maravillosa
mujer, comencé a entender a la poesía y a ser mas tolerante para con los otros.
Eso me llevó por otros caminos sociales y comprender algo más del amor. Ahora
sigo en el camino del psicoanálisis, del trabajo y de la poesía. Sigo
inaugurando nuevos campos, implicándome en muchos destinos y puedo decir que mi
vida es la que yo he querido. Por eso que cuando veo tantos destinos desviados,
tanto sufrimiento y vidas que irremediablemente se van a perder, me digo: qué
diferente sería el destino de tantas personas si conocieran el psicoanálisis. Y
en este registro me hallo. Tratanto de ser una herramienta y un instrumento
necesario para todo aquel que aprecie su vida. Sin embargo, a veces, aún teniendo
una luz delante, nuestra ceguera ideológica nos impide verla.
viernes, 25 de octubre de 2013
REFUGIARSE EN LA ENFERMEDAD MENTAL
Un gran número de personas, situados frente a conflictos y
cuya solución se les hacía demasiado difícil, se han refugiado en la
enfermedad, alcanzando con ella ventajas que no se pueden negar aunque
demasiado caras a la larga. ¿Quñe ocurre cuando estas personas, frente al
psicoanálisis hablen y se den cuenta que ya no pueden huir ni refugiarse en su
enfermedad, viendo que no les queda mas remedio que curarse?
Tendrían que reconocer los instintos, las pulsiones, sus
deseos dominantes, afrontar el conflicto y combatir o renunciar a los deseos
inconscientes que por intolerables a la conciencia, les ha supuesto un
conflicto que les ha hecho enfermar.
Pero vamos a descartar algo, ya que los psicoanalista no
somos fanáticos higienistas o terapeutas que vamos por la vida queriendo salvar
a todo aquel que sufra de una enfermedad mental. Si se teme al psicoanálisis es
por su poder terapeútico pero bien es cierto que el psicoanálisis sólo es
efectivo con todo aquel que está dispuesto a afrontar su conflicto y resolverlo,
aunque para ello tenga que renunciar a las ventajas de ser un enfermo.
El psicoanálisis ha demostrado que no es idealista ni tiene
afan de curar a todo aquel que padezca de una dolencia del alma. Es más, el
psicoanálisis viene a dar cuenta que la curación de una enfermedad neurótica
puede incluso no ser beneficioso para el enfermo. Muchas personas se
preguntarán que si bien, liberar a una persona de todo aquello que la impide
ser feliz, ¿cómo no va a ser beneficioso? Muchas de las personas que se refugian
en la enfermedad no resistirían el conflicto que les supondría estar bien
frente a la familia o la sociedad. Sucumbirían rápidamente o incluso serían
capaces de causarse algún daño más grave para volver a recuperar su estatus de
enfermo, por lo tanto, el intento de curación serína más nocivo que su propia
enfermedad neurótica.
De aquí definimos, que el psicoanálisis no tiene intención de
curar, ya que estaría faltando el respeto al enfermo pues no sabemos, aunque
acuda a psicoanalizarse, si su deseo es o no curarse. Por lo tanto, el curarse,
es algo secundario para el psicoanálisis, es más, al psicoanalista no le tiene
que importar si el paciente quiere o no quiere curarse. Al psicoanalista, solo
debe interarse psicoanalizar al paciente, es decir, hacer entender la relación
que existe entre su enfermedad y sus deseos o impulsos inconscientes, causantes
del conflicto moral con su yo, que lo ha llevado al desearrollo de una
enfermedad mental para defenderse de si mismo. Por lo tanto, cuando una persona
enferma o con problemas acude al psicoanálisis, el psicoanalista no tomará la
decisión de su curación, sino que será el propio paciente, quien en el proceso
de su psicoanálisis, al ir entendiendo poco a poco el conflicto que le llevó a enfermar, en ese
camino hallará su propia curación.
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