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domingo, 7 de diciembre de 2014

CLAVES PARA ENTENDER LA PAREJA- La falta de deseo y pasión-

Una de las causas mas frecuentes por las cuales una pareja consulta a un psicoanalista, suele ser por la decadencia del deseo a lo largo de la relación. La pareja comenta que tras conocerse, la pasión, el deseo sexual y el interés por estar juntos eran alicientes para seguir juntos, sin embargo tras un tiempo de relación, la pasión y el deseo han decaído y ahora, aunque sienten que hay amor y cariño, hay ausencia de pasión y deseo. Esto hace que la vida de la pareja se vuelva monótona y ambos comiencen a plantearse bien interrumpir la relación o estando juntos, se cae en la infidelidad encubierta. Analizando las causas de este tipo de “fracaso”, observamos que la mayoría de las veces, la pareja dice haberse convertido en buenos amigos o “como si fueran hermanos”. Este amor fraternal ha sustituido al deseo, en el sentido que la pareja, ahora se quieren pero no logran encontrar ni el deseo ni la pasión que antes sentían. Podemos decir que el sentimiento cariñoso existente ha terminado con el deseo. La mujer de modo inconsciente ha ocupado un rol familiar para el hombre o bien es el hombre quien ha ocupado también un rol familiar con respecto a la mujer. Si analizamos dichos roles observamos que ambos aman al otro como si se amaran a sí mismos. La mujer ama al hombre como se amaría a ella misma y el hombre ama a la mujer como si se amara a sí mismo. Este tipo de “proyección en espejo” muestra que cuando la pareja ha caído de modo inconsciente hacia una relación de espejo, el amor hacia el otro no deja de ser un modo de amarse hacia uno mismo pero el deseo hacia el otro desaparece porque al amar al otro como me amo a mí mismo, no hay posibilidad entonces de desear al otro porque supondría desearse a sí mismo. Esta complejidad teórica que la observamos con mucha frecuencia en la práctica clínica, permite ver que cuando en la pareja, el deseo o la pasión desaparece es porque el “amor al otro” satisface dicha pasión inconsciente personal. Sabiendo que a través del otro me amo a mí mismo, no tengo necesidad de desear al otro, ni tampoco necesito que el otro me ame.
El tratamiento psicoanalítico consiste en estos casos en disolver dicha relación de espejo y producir un amor del hombre hacia la mujer o de la mujer al hombre que tenga más que ver con el otro que con uno mismo. El amor y el deseo, una vez llevado a cabo la terapia psicoanalítica permite que vayan de la mano porque el deseo, sería un deseo del otro. Quiere esto decir que deseando que el otro me ame, deseo su deseo, por lo tanto, la pareja volvería a encontrar la pasión y el deseo con respecto al otro.

Miguel Martínez. Médico Psicoanalista. Terapeuta de pareja. Tfno. 667.518.809.

domingo, 28 de septiembre de 2014

LA TERAPIA PSICOANALÍTICA


La terapia psicoanalítica, nos dice Freud, fue creada para personas y enfermos prolongadamente incapacitados para la vida. Es una terapia que se ha ido perfeccionando en su tratamiento y su mayor triunfo es devolver a un número muy grandes de personas con problemas su plena capacidad para la vida. Ante estos resultados, todo esfuerzo por psicoanalizarse ha de aparecer pequeño. No es efectiva en aquellas personas cuyo carácter o voluntad es la de no querer curarse o resolver sus problemas. Se necesita también la condición de que la persona sea susceptible de dejarse educar, pues muchos de los aspectos por los cuales la neurosis acontece, es debido a fallas o fisuras en los procesos educativos del sujeto. El psicoanálisis, hace una auténtica “radiografía” de la personalidad, reparando o reconstituyendo anomalías o carencias educativas que le suponen un problema a la persona. La edad no es un problema ni una dificultad para comenzar un psicoanálisis, debido a que la parte  inconsciente de nuestra personalidad es atemporal, lo cual quiere decir, que una persona que padece un problema o dificultad mental suele estar detenida en un fragmento de su vida que a veces no logra recordar, repitiendo algo que no sabe que repite o bien sabiendo lo que le sucede, no puede sustraerse o desligarse de un pensamiento, una idea, una vivencia o un recuerdo. Este carácter atemporal del síntoma o problema permite que una persona de cualquier edad sea candidata perfecta a psicoanalizarse. Con respecto a la duración de la terapia psicoanalítica, no se puede concretar un tiempo. Cierto es que hay personas que resuelven puntualmente una dificultado o problema en un espacio breve de tiempo y otras necesitan desde uno dos o mas años para recuperar la capacidad para vivir. Si tenemos en cuenta que dos, tres o cuatro años, no sería tiempo si la persona una vez recuperada tiene todo el tiempo de su vida para disfrutarla. El valor y la rapidez en resolver las cuestiones por las cuales se acude a un psicoanálisis crece dependiendo del valor de la persona por resolver su problema. A veces, escuchamos que acudir a una terapia psicoanalítica, produce malestar o empeoramiento. Esto no es así, pues la persona desde el momento que va siendo consciente del origen de sus problemas, siente un alivio y la presión de sus preocupaciones disminuye. Tampoco no hay nada que digamos al paciente que él mismo no reconozca. Podemos decir que por la existencia de los mecanismos morales de censura, la persona no logra entender la causa u origen de lo que le sucede. Cuando la terapia psicoanalítica levanta dicha censura o moral, la propia persona termina por aceptar aquello que la terapia psicoanalítica ha descubierto. “Esto mismo ya lo sabia pero no lo quería aceptar”. La terapia psicoanalítica, se funda o se basa en el conocimiento de las naturaleza inconscientes de ciertos procesos del estado de ánimo y que son la causa de los síntomas patológicos (obsesiones, depresió, manias, fobias, ansiedaed, etc…). La conciencia no alcanza mas allá que lo que observa o le viene tanto del exterior o del interior. Siendo así que la mayoría de los pensamientos, ideas, sensaciones que proceden del interior, la persona no logra comprender su procedencia ni el sentido de las mismas. Siendo así que conocer lo inconsciente, no solo no perjudica, sino que alivia. Dominamos nuestros impulsos, cuando hacemos actuar sobre ellos, las funciones mas altas de la conciencia. (continuará)