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lunes, 19 de agosto de 2019

¿Se puede modificar la manera de pensar? Aproximación a un estudio de inteligencia lingüística.


Nuestra psiquis es una estructura de lenguaje, es decir, una suma, una inter interrelación de cadenas de significantes (palabras) cuyos significados están determinados desde lo real, lo simbólico  y lo imaginario. Ejemplo. “Yo tengo una familia”. La frase condensa una estructura psíquica: padre, madre, hermanos, tios, abuelos. Simbólicamente puede representar para mi la estabilidad, para otras personas la inestabilidad. Imaginariamente condensa la ambivalencia de las emociones. “Yo tengo una familia. Mi madre me quiso menos que a mi hermano. Siempre quise a mi padre. Mis hermanos me odiaban”, etc. En lo real inconsciente: el termino familia condensa el amor, el deseo, los instintos y la la ideología. 
Estamos hechos de frases, y las frases determinan nuestra manera de pensar, sentir y por lo tanto nuestra manera de vivir. Las combinaciones de palabras, que determinan las frases y las frases en su conjunto determinan conceptos que mayormente son ideológicos, es decir, la ideología viene desde lo social y desde lo familiar. Lo ideológico es cómo fueron, son y deben ser las cosas. Lo ideológico es un modelo de vida que viene asignado desde el exterior. Por lo tanto, determina nuestra manera de pensar, vivir, sentir. Es por así decirlo, el modo en que estamos programados y cómo esta programada la vida para todos. No solemos desarrollar pensamiento propios y pocas veces articulamos frases nuevas que nos sorprendan y que nos hagan vivir de manera distinta porque la ideología estructura el modo de vivir y supone un ahorro de energía, es decir, vivir como está diseñado por la ideología es dejarse llevar, simplemente. Podemos decir que las vidas ya están determinada a ser lo que la ideología ha designado en cada persona y difícilmente no se puede modificar la ideología, sin un gran trabajo previo, porque en sí misma es lo que conforma la personalidad. Sin embargo, ya que estamos hechos por una construcción de cadenas de significantes, se pueden asignar otros significados a las palabras si logramos sumar nuevas cadenas de significados. Por ejemplo, en el entendimiento de una ambivalencia afectiva, un afecto puede significar lo contrario.  
“Me trataron mal”. Esta frase, mantenida en el tiempo, puede cumplir la satisfacción de un deseo inconsciente: se tratado mal. Satisfacer una tendencia masoquista. Si la persona es capaz de reconocer que tras una frase, subyace un deseo o una emoción que la sustenta, puede añadir a ese significado otro significado. Sería como añadir un nuevo plugin al software (un programa pequeño que permite otras funciones, otras utilidades). Lo que suponía un pensamiento, tras su entendimiento, pasa a ser otro pero con características y efectos distintos sobre el modo de pensar del sujeto. Algo nuevo se construyó. No hizo falta borrar lo anterior, simplemente se duplicó la posibilidad de ser. El sujeto ahora dispone de dos modos de pensar, dos modos diferentes de reconocer la misma realidad. Una determinada por su propia ideología, otra determinada por un pensamiento que ha sido capaz de producir él a través de un trabajo (en este caso con la metodología psicoanalítica). La importancia de lo afectivo va ligado a una energía que la supone como emoción. La expresión de una emoción, es sinónimo de su descarga  y para ello, necesita ir ligada a  palabras, frases, significantes. Una misma frase, según la emoción con la que la expresemos, significa para el receptor y el emisor significaciones diferentes. Haciendo el trabajo de  identificar las cadenas de palabras, sentimientos, afectos, deseos a los que estamos determinados, conforman el carácter y no sólo el carácter sino la manera de vivir. (CONTINUARÁ) 

domingo, 12 de febrero de 2017

QUIERO CAMBIAR PERO NO PUEDO

Una expresión muy común frente a las adversidades o deseos de cambio en la vida es: “quiero cambiar pero puedo o no sé como”.

Freud estudia en su texto: Mas allá del principio del placer que nuestro aparato psíquico está estructurado para soportar la mínima tensión posible. Lo que en psicoanálisis definimos “ el principio del placer”, entendiendo como tal la tendencia humana a mantener lo más bajo posible la tensión nerviosa. Comúnmente es lo que llamamos estar dentro de la zona de confort.
Esto significa que cuando algo nos estresa o bien nos produce malestar, la tendencia nuestra es tratar de reducir dicha tensión nerviosa  para volver al estado de confort o bien estado plancentero.
Cada vez que nos planteamos cambiar, supone salir de nuestra zona de confort, lo que siempre suele llevar asociado un grado de malestar. Malestar, displacer o disconfort que cuando no se tolera, puede ser que terminemos dejando a parte toda tentativa de cambio y volver a lo conocido, a aquello que manejamos con facilidad y que se halla dentro de nuestra zona de confort.
Cambiar, cuando no sabemos cómo supone aceptar en primer lugar una falta o carencia de herramientas, sin las cuales no se puede llevar a cabo un cambio. Esto significa que si no tenemos los instrumentos adecuados difícilmente podemos plantearnos un cambio. Los instrumentos de los cuales hablamos, siempre pueden ser adquiridos. A través del estudio, de la formación externa, de la práctica contínua y mejora y a través de autoconocimiento personal. Es muy difícil plantearse cambiar si previamente no nos conocemos a nosotros mismo.

Es típico oír “ yo me conozco muy bien a mi mismo” pero sin embargo nos cuesta cambiar.
Cambiar siempre supone un trabajo sobre uno mismo, conllevar salir de la zona de confort y puede llevar sumado un grado de tensión emocional que cuando no se tolera, terminamos por abandonar el cambio emprendido.
Debemos por lo tanto cambiar la frase y decir que mas que no puedo cambiar sería “no quiero cambiar” porque instrumentos para cambiar siempre hay. Solo se trata de estudiar hacia donde quiero cambiar y hacerme con los instrumentos que facilitarán mi cambio, aunque cambiar me saque de mi zona de confort. Y si no salimos de ella, nunca podrá haber un cambio.


domingo, 5 de julio de 2015

EL PASADO NO IMPORTA (2)



Si el pasado no influye, ¿porqué puede tener tanta presencia en el momento presente.?. El pasado, tiene categoría de recuerdo, de fantasma, por lo tanto, su existencia es cuando lo evocamos o recordamos, de manera que el pasado no existe salvo que lo hable o lo recuerde. ¿Qué sentido puede tener evocar, recordar, echar la culpa al pasado? Por un lado la satisfacción de ciertos aspectos masoquistas de la personalidad y por otro lado vivir de manera imaginaria detenido en el tiempo, es decir, negación del futuro. Cuando justificamos que algo no podemos y lo achacamos al pasado, tenemos que pensar que le estamos dando un sentido y por lo tanto un uso al pasado. Lo usamos como justificación para no hacer, para no cambiar, para no modificar, para no transformamos. Es muy sospechosos ver a hombres y mujeres de cierta edad que justifican sus “no logros” en la vida por su pasado. ¿Es cierto? Absolutamente nos oponemos a ello. Usar el pasado, es decir, un recuerdo, algo tan intangible e impalpable como es un recuerdo para no hacer cambios en el presente y en el futuro, no deja de ser un rasgo neurótico de la personalidad. Se encuentra una justificación aparentemente, una negación frente a situaciones que nos dicen de cambiar. Este estancamiento de la libido sexual al las figuras del pasado- padres, hermanos, etc- también habla de las fijaciones infantiles de la libido sexual. Esto quiere decir que los primeros objetos amorosos y sexuales para el niño, son los padres y los hermanos. Cuando la libido infantil ha quedado ligada por la existencia de situaciones que han propiciado dicha ligazón, al sujeto le costará mucho renunciar a dichos objetos amorosos y sexuales. La evocación del pasado, la negación de los cambios en el presente y para el futuro, hablan de un interés libidinal más por los objetos familiares que por nuevos objetos. Ese odio que muchas personas sientes hacia los progenitores o hermanos, no deja de ser la manifestación disfrazada del amor o del deseo sexual, bien en calidad de odio, sadismo o masoquismo. Cuanto mayor sea el afecto experimentado, mayor es la unión libidinal al familiar. Hay por lo tanto una importancia que uno le atribuye a los familiares y que su procedencia es pasada. Las uniones fracasadas entre parejas o el deseo de soledad no deja de ser una manera inconsciente de evocar y seguir unido a las figuras familiares de la infancia.

martes, 30 de junio de 2015

EL PASADO NO IMPORTA (1)

En los comienzos del psicoanálisis, se creía en la “teoría del trauma” como causa en la producción de neurosis y trastornos mentales en el adulto. Experiencias sexuales acontecidas en la infancia, se pensaba que eran determinantes para la producción de síntomas. Se comenzó a observar que las mismas experiencias en otros personas no producían síntomas ni trastornos. Se barajó la posibilidad de una disposición genética a los síntomas y trastornos mentales. Sin embargo, según avanzó la teoría psicoanalítica ( y en la actualidad podemos verlo en la clínica ) el pasado no determina ninguna actitud presente ni futura, por lo cual, la teoría donde muchas personas acusan a sus dolencias actuales, antiguas experiencias pasadas, deja de tener peso para pensar que los problemas mentales guardan relación con la cuestión de la fijación libidinal. Esto quiere decir que cuando ciertas experiencias de índole traumática han producido cierto impacto en las personas, una cantidad de libido sexual queda estancada en dicha experiencia porque algún “goce” no reconocido produjo en la persona. No sólo ciertas experiencias sexuales, sino relaciones tortuosas con los padres, también son fuente de fijación de libido y la persona de alguna manera se queda anclada o fijada a la relación con el progenitor.

Para comprender estar palabras, todo pasa por entender que entre la parte consciente y la inconsciente de la personalidad, hay importantes diferencias. La conciencia o yo, está regida por la moral, por la ideología y por la educación. La parte inconsciente son las pulsiones, los instintos y deseo sexuales donde no hay norma ni moral. Es decir, a nivel inconsciente todo vale. De ahí que tiene que existir una moral, una censura sobre dicha parte inconsciente para que la persona adquiera un grado de civilización. Sin embargo esto no supone la anulación, ni la desaparición de la parte inconsciente de la personalidad, la cual sólo “quiere expresarse y manifestarse”. Este interés por parte de nuestros deseos e impulsos sexuales inconscientes ponen en “alerta” al yo o parte consciente de la personalidad. De modo que la persona tiene que defenderse contra algo de ella misma que a nivel inconsciente desea pero no tolera. Y de este conflicto, es cuando la aparición de una cierta experiencia puede adquirir fuerza y energía para acabar sucumbiendo luego en forma de síntoma o trastorno de la personalidad. Todo síntoma y trastorno mental, siempre surge de un conflicto moral entre la conciencia y lo inconsciente. La persona, el yo, se defiende permanentemente de los deseos inconscientes porque llevarlos a cabo supondría para el propio yo un problema. Esto no quiere decir que la parte inconsciente sea “ la parte mala”, al contrario, gracias a esa parte, a su energía y al filtro que pasa por la censura, nuestro yo consigue la energía vital para llevar a cabo todas las actividades diarias. (continuará)

domingo, 24 de mayo de 2015

REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR


REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR.

El olvido de impresiones, escenas y sucesos, se reduce casi siempre a una “retención” de los mismos. Cuando un paciente habla de este material “olvidado”, rara vez deja de añadir: “En realidad, siempre he sabido perfectamente todas estas cosas; lo que pasa es que nunca me he detenido a pensar en ellas”. Y muchas veces se manifiesta defraudado porque no se le ocurren suficientes cosas que pueda reconocer como “olvidadas” y en las que no ha vuelto a pensar desde que sucedieron”.
El “olvido” queda restringido por la existencia de recuerdos encubridores. La amnesia que tenemos sobre nuestra infancia suele ser compensada por los recuerdos encubiertos. En dichos recuerdos, se conserva una parte de nuestra vida infantil y todo aquello que tuvo una importancia esencial. Con el psicoanálisis podemos extraerlo.
Otro tipo de sucesos, impresiones internas, constituidos por las fantasías, asociaciones o sentimientos, deben ser estudiados en relación al  olvido y al recuerdo. Sucede aquí se recordamos algo que nunca pudo ser olvidado, pues nunca fue retenido ni llegó a ser consciente.
Sobre todo, en la neurosis obsesiva, el olvido se limita a destruir conexiones, suprimir relaciones causales y aislar recuerdos en lazados entre si.  Resulta imposible despertar el recuerdo de una clase especial de sucesos muy importantes correspondientes a épocas muy tempranas de la infancia y vividos entonces sin comprenderlos, pero perfectamente interpretados y comprendidos luego por el sujeto. Y una vez vencidas sus resistencias, el paciente analizado, reconoce la sensación de que algo de lo que dice, ya le era conocido.
Las personas, no solemos recordar nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto: lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite. Por ejemplo, hombres que no recuerdan haberse mostrado rebeldes hacia la autoridad de sus padres y ahora, lo hacen con respecto a su trabajo, proyectos, pareja, etc…
Por ejemplo, personas que no logran recordar que su investigación sexual infantil fracasó, dejándolos perplejos y ahora de adultos se lamentan de que nada le sale bien y de que su destino es no conseguir jamás llevar a buen término una empresa.

Repetir es la transferencia a una situación actual de una situación pasada olvidada. Cuanto mas reprimido es el recuerdo que la persona no logra recordar, con más fuerza es sustituido el recuerdo por la acción de repetir. (continuará)