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domingo, 4 de agosto de 2019

PSICOLOGÍA DEL MALTRATO

El acto final del maltrato, el golpe, la palabra agresora es el resultado de lo que en psicoanálisis denominamos construcción. Un maltrato, así como una separación, un divorcio, una vida feliz, también es una construcción de nosotros mismos.
El maltrato tiene un comienzo, un desarrollo y un final. No comienza nunca por el final, es decir, una suma de acontecimientos desde un inicio, pasando por un desarrollo, termina produciéndose el maltrato final. 
Hombres y mujeres, mujeres y hombres que padecen trastornos en la personalidad, terminan construyendo el maltrato por diferentes causas inconscientes.
¿Quiere decir que toda pareja que acaba en maltrato padece de algún tipo de trastorno o algún tipo de neurosis? La respuesta es afirmativa. Se van cediendo en las palabras y se termina cediendo en los actos. 
El maltrato tiene un claro origen en el llamado sentimiento de posesión del otro. Con asidua frecuencia, observamos en las parejas que ejercen el maltrato, que tiene una marcada tendencia al aislamiento y a la soledad. La causa mayormente suelen ser las conductas celosas en el hombre o en la mujer. Pero lo interesante es ver cómo ante el ejercicio de los celos, las parejas se aíslan para evitar la aparición de los mismos. Grave error, porque en vez de acudir a un especialista para tratar los celos, el aislamiento es la confirmación y así mismo un pacto de silencio sobre el llamado sentimiento de posesión. Una mujer que abandona sus relaciones para que su pareja no experimente celos, es colaboradora de la neurosis del hombre. Así mismo, todo hombre que ante los celos de una mujer, se aísla del mundo para ella no sienta celos, están colaborando a que ella siga siendo celosa pero en silencio. Este hecho, ya es el comienzo de hacer sentir al otro que es de su propiedad. El hecho de aislarse de los otros, hace que la pareja ejerza el derecho de propiedad sobre el otro. 
Los celos, si no se tratan, no desaparecen y cuanto más se reprimen, mas afloran a la conciencia. 
Pasemos ahora del aislamiento al primer gesto agresivo. Una discusión, un insulto, un empujón y un primer golpe. Arrepentimientos, perdón y promesas de no volver a suceder, pero sucede. Ocurre que ahora, la violencia se acrecentó, los insultos fueron mayores y quizás el golpe fue mayor. En esta fase, donde ya se comienza a desarrollar un acto de violencia, ¿porqué no se detiene? ¿Porque él o ella no corta, interrumpe, o busca ayuda? La respuesta posiblemente es que no lo necesitan y ellos pueden resolver su crisis o bien uno quiere hacer terapia pero el otro no quiere. ¿Por qué entonces, antes una situación donde uno de los dos se resiste a solucionarlo, la pareja continua? Aquí ya, se ha desarrollado una pareja con componentes sádicos y masoquistas. Uno agrede, el otro acepta. ¿Hasta cuando? Hasta un límite de tolerancia, porque una pareja, cuando pasa por un juzgado o por la consulta de un especialista, ya tienen un historial de haber construido en el tiempo una situación de maltratos. Tanto de él hacia ella como de ella hacia él. Siempre es algo mutuo y de no serlo, el que cede ante el insulto o ante la agresión, cede por algún motivo inconsciente que debe ser analizado. Las respuestas son variadas: porque le quiero, porque no quiero separarme, porque me da miedo. Pero ¿y si detrás de todas estas respuestas hubieran sentimientos inconscientes de culpabilidad, de arrepentimiento, debido a conflictos morales que lleva a construir dentro de la pareja un verdugo y una victima?
No es fácil admitir que es uno mismo, quien con el silencio, con la cesión, con la permisión contribuye a la creación de un maltrato. Lo cierto es que ciertos complejos psicológicos inconscientes, determinan nuestros actos y para agredir, siempre tiene que haber alguien que se deja y bien para dejarse agredir, siempre hay que tener a la otra parte que agreda. La psicología del maltrato, nos muestra que tanto los maltratadores, como los maltratados, padecen de una inmadurez sexual y emocional que determina la construcción y desarrollo del maltrato (continuará)

domingo, 5 de junio de 2011

SI EL AMOR DUELE NO ES AMOR

¿ qué es amar? ¿ qué es ser amado? ¿ duele amar? ¿ amamos para ser amados? ¿ se puede nos amar?¿ amar es lo mismo que desea? ¿ se puede no ser amado? El amor es el sentimiento que mas trastornos, desequilibrios y desajustes emocionales sigue ocasionando a las personas. Más de 9 de cada 10 parejas que acuden a psicoterapia refiriendo tener problemas con el amor, que luego resulta ser un trastorno en la sexualidad que repercute en la capacidad de amar y de desear.
El amor es el único sentimiento que civiliza. Por amor damos e incluso nos transformamos. Muchas renuncias se llevan a cabo por amor pero seguimos escuchando que amar duele. Y que si el amor no va acompañado de una cierta dosis de tragedia o de dolor, no se siente como amor.
¿ Es cierto que el amor duele? Contra todo pronóstico, amar y ser amado es una bienaventuranza que proporciona mas placeres que displaceres. Lo que llamamos amor doloroso no es mas que un encubrimiento de una variante de la sexualidad: el masoquismo y el sadismo. Frase como “ su amor me está matando” “ le amo pero no me ama” “ me enfermé de amor” “ sufro por amor”, etc… todas y cada una de estas frases son desplazamientos de una estructura de la personalidad que todos y cada uno de nosotros tiene en mayor o menor medida. El masoquismo es el goce del dolor y de la frustración. Pero el amor no duele, lo que duele es el dolor y el dolor es sentimiento propio del masoquismo. A todos no es vergonzoso declarar que hallamos un placer especial en sentirnos rechazados, olvidados, frustrados, no deseados e incluso maltratados. Freud hace mas de cien años lo dijo: “ complejo de comprender las misteriosas tendencias masoquista del ser humano.” Años mas tarde desarrollaría con acierto su teoría sobre el sadismo y el masoquismo y vendría a decirnos que el masoquismo es un sadismo vuelto contra uno mismo pero matizando que la persona cuando se agrede a sí misma inconscientemente está arremetiendo contra un objeto amado pero perdido al cual ha introyectado. Por lo tanto, cuando nos infligimos dolor, es a un otro de nosotros que se halla en nuestro interior al que infligimos el dolor. Por eso que nadie tiene capacidad sobre nadie para infligir dolor. El daño que la otra persona nos proporciona no deja de ser más que la proyección de nuestros propios deseos sádicos pero vueltos contra nosotros mismos en calidad de masoquismo. Por eso que el amor no duele; duele la culpa, el arrepentimiento, el odio, el rencor y la venganza contra todo lo que deseamos y que por no poder ser o por no poderlo tener,  lo transformamos en nosotros mismos para sí poder vengarnos.

lunes, 24 de enero de 2011

Tratamiento de la menopausia con psicoanalisis

La última noticia que recibí en relación a los antidepresivos era que un laboratorio habia hecho estudios en mujeres menopaúsicas y que habían aliviado los síntomas de la menopausia. La menopausia es un periodo muy importante en la vida de una mujer ya no solo por lo cambios hormonales que suceden en su cuerpo sino por los cambios psicológicos que pueden llegar a aparecer. Uno de ellos es la tristeza y la depresión. La mujer menopausica pierde la función de la maternidad y gana libertad con su cuerpo. Sin embargo esta vivencia es vivida en menos por numerosas mujeres porque el perder " la regla " les puede llegar a hacerse sentir inferiores ya que la mayoría de las mujeres, su cultura sexual no es muy amplia y salvo lo ligado propiamente a la maternidad, el cuerpo no suele estar libre de prejuicios para hacer uso del mismo con otro fines que no sean los reproductivos. Mujer y maternidad, mujer y sexualidad, son dos terrenos donde la mujer actual sigue teniendo dificultad para encontrar un lugar que mas allá de los convencionalismos sociales le permita pensar que una mujer es mas que la mestruacción. Con frecuencia vemos que la menopausa afecta al carácter, al estado de ánimo y puede ser una causa de conflictos dentro de la pareja. La mujer puede llegar a sentirse menos mujer y esto acentuar ciertas inseguridades en su vida conyugal. La menopausia y sus síntomas, deben ser tratados con psicoanálisis, para entender los mecanismos psicológicos que se ponen en juego en esta delicada etapa en la vida de una mujer.