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domingo, 15 de noviembre de 2015
domingo, 30 de agosto de 2015
¿QUÉ ES UN PADRE?
La experiencia nos muestra que si no hubiera algo o alguien que
separara a la madre del niño, la unión de ambos duraría más tiempo del
conveniente para ambos. La madre no desea separarse del hijo ni el hijo de la
madre y la separación solo se producirá
si se dan ciertas condiciones procedentes del exterior. Para el niño
pequeño, la madre es la imagen de si mismo, es decir, siempre que mira al
frente, la ve a ella. Esto es así hasta que no aparece lo que vamos a llamar EL
TERCERO y será todo lo que desvía la
atención de la madre hacia su hijo. Esto permite que el niño se de cuenta que a
parte de él, hay otras cosas o personas hacia los cuales, la madre muestra su
atención y deseo, pudiendo ser desde una llamada telefónica, ir al trabajo o la figura del padre.
El padre viene a interrumpir dicha unión , siendo necesaria su presencia para que ese ser único – que es el niño con
la madre- se divida en dos y el niño distinga a la madre de él mismo.
Para que existan el dos
tiene que haber tres. Es el número tres
– el padre- el que otorga la existencia al número dos, es decir, el tercero
viene a diferenciar y a distinguir al niño de la madre.
Muchos problemas de pareja surgen con la llegada del primer hijo
debido a que, lo único que la mujer
deseaba del hombre, era ser madre
y cuando su deseo se ve cumplido, aquel
pasa a un segundo plano en la relación madre- hijo. Ella no está
dispuesta a compartir a su hijo porque piensa que es de su pertenencia y el padre-marido-pareja se convierte en un
obstáculo molesto, con el que
acaba, por lo general, por romper , una vez alcanzado su objetivo.
Pero ¿ qué es un padre? . Ser
padre es acceder a un lugar, a una posición desde la cual va a ejercer una función: LA FUNCION PATERNA.
Para todo hombre, alcanzar dicha posición tiene que ver con la
transmisión inconsciente de una función que va a depender del modo en
que su propio padre la ocupó, a su vez, para él.
La función paterna consiste en trasmitir que hay Ley.
El padre debe enseñar al hijo las normas sociales : lo que es bueno y lo que es malo, lo que está
prohibido y lo que está permitido. Pero
sobre todo, que la madre le está prohibida como objeto de sus deseos sexuales.
Tanto la ideología materna
como la paterna se trasmiten
de generación en generación y guardan
relación con la función padre y
la función madre en ambos sexos.
Cuando un padre no es capaz
de llevar a cabo su función
correctamente, decimos que es UN
PADRE DESVALORIZADO para el hijo.
Cuando a sus hijos les
corresponda esa tarea, mal
transmitida, posiblemente lo harán
, a su vez, de forma fragmentada e incompleta. Esto es lo
que denominamos HERENCIA PSÍQUICA
GENERACIONAL DE UN PADRE
El Padre es una realidad
sagrada en sí misma, más espiritual que de cualquier otra índole. Al Padre solo se le puede amar porque es quien
trasmite el orden familiar y social, ya que prohíbe al hijo a la madre como
objeto de sus deseos sexuales.
El equilibrio emocional
y educacional que los hijos muestran en la realidad es efecto indicativo de que el padre ha
ejercido correctamente su función.
Como viene de la mano de la aceptación de que madre y niño son
dos, deducimos que hubo de haber presencia de la figura paterna.
La mayoría de los trastornos emocionales y de conducta infantiles tienen que ver con alguna complicación en este proceso. Un
niño puede tener un padre real y sin
embargo, dificultades para
simbolizarlo.
En la mayoría de los
niños rebeldes y problemáticos, encontramos
que algo relacionado con la función paterna todavía no está instalado en su psiquismo. La
causa puede deberse a un padre débil que no logra posicionarse debidamente
en su función o a una madre que eclipsa
y anula dicha figura.
Para un niño ¿ qué es un padre.? En primer
lugar, un rival molesto que viene a
interrumpir esa unión perfecta que tiene
con su madre y por tanto, el primer desencadenante de sus celos.
En segundo lugar y por definición,
es un acto de fe . El niño debe creer a su madre cuando le dice que ese hombre es su padre. Así
como nunca tuvo dudas acerca de quien es ella; que su padre lo sea es un convencimiento al que va a acceder solo si verdaderamente la cree; por
tanto un padre siempre es una cuestión de creencia y fe en
la palabra de la madre.
Quiere esto decir, que si la madre lo mira con amor y lo tiene en cuenta en los pequeños
actos de la vida cotidiana no va a haber dudas
pero si lo hace con recelo, con
desconfianza o asco, el niño va a tener sospechas al respecto.
Las dudas
neuróticas sobre si el padre que se dice
tal, es el padre auténtico surgen, cuando la relación entre los progenitores no es del
todo armoniosa. Cada vez que la madre,
delante del niño, le discute o le quita
la autoridad al padre, este va a quedar
cuestionado. Por consiguiente, si una
mujer tiene problemas con su pareja, en mas de una ocasión, va a surgir
en ella la tendencia inconsciente a despreciarlo, censurarlo y anularlo
frente al hijo, lo que va a ser aprovechado para confirmar la hipótesis de que “ ese
rival tan molesto, al que tan poco
quiere mi madre, no puede ser mi padre “.
El padre es el eslabón necesario que regula la relación del niño
con la madre.
El padre existe solo si la madre lo autoriza a
existir como tal. La figura del padre biológico
no se corresponde con el padre simbólico. El padre es, por tanto,
una construcción a la que se llega a través de la palabra de la madre, que es
quien le reconoce su
autoridad, su valor y su crédito
frente al niño. Por eso, cuando lo
desprecia o lo desvaloriza , podemos
asegurar que “ el padre cae “, es decir,
que el niño se queda sin representación
psíquica de la figura paterna, aunque lo
tenga sentado a su lado. ( continuará )
domingo, 19 de julio de 2015
POR QUÉ NOS ENGAÑAMOS A NOSOTROS MISMOS.
¿Vivimos engañados por nosotros mismos? ¿
Somos capaces de reconocer errores, equivocaciones, ignorancia en nosotros
mismos?
¿qué mecanismos mentales nos lleva a
proyectar nuestros errores hacia los otros para no reconocerlos en nosotros
mismos?
La respuesta de por qué nos engañamos a
nosotros mismos es para no cambiar.
Esto quiere decir que el error, la
equivocación, la ignorancia, lo que no somos capaces de conseguir en la vida,
guarda una relación directa con la manera en que está conformado nuestro
psiquismo.
Nuestra psiquis es el producto de la
educación familiar y social. Dependiendo de lo aprendido en la familia sobre
todo, viviremos de una manera u otra porque cuando somos niños y comenzamos
nuestras primera andadura por el mundo, salimos con la educación recibida en la
familia como primer instrumento educativo y luego, en el colegio, la
universidad o la vida misma se adquieren instrumentos que los unimos de manera
mas o menos efectiva a la educación recibida en la familia.
Ciertos mecanismos mentales impide que
muchas personas no puedan enriquecerse del aprendizaje que lo social puede
proporcionar a una persona. Esto quiere decir que el impacto de la educación
familiar sobre nosotros , puede hacer que instrumentos muy válidos que
podríamos adquirir del exterior no nos sirvan para nada.
Para empezar, juzgamos, criticamos y
opinamos desde nuestra manera de pensar y la manera de pensar es lo más
subjetivo que existe, ya que no hay certeza de que una opinión, un juicio de
atribución o una crítica personas sea más válida que otra ajena, salvo que el
juicio o la crítica esté avalada por un conocimiento.
Podemos observar que todas las personas
“saben de todo”, es decir, el ser humano critica, opina, enjuicia libremente
aunque no tenga los conocimientos suficientes para enjuiciar u opinar.
Esto nos lleva a “creer que poseemos la
razón en casi todo”, porque hablar es libre, decir es libre, criticar, opinar
es libre.
Entonces si todos tenemos dicha capacidad
¿ por qué la crítica de uno va a ser más valida que la de otro? . La crítica,
la capacidad de enjuiciar solo se sostiene si el que habla, dice, critica,
opina o juzga es en base a un conocimiento o una inteligencia avalada por la
vida que vive.
Sin embargo, los seres humanos, somos la
risa. Somos capaces de anular la inteligencia, la sabiduría y la experiencia
del otro, con tal de no reconocer nuestra ignorancia y tener que replantearnos
que estamos equivocados.
Aquí se pone en juego dos cosas, una el
narcisismo infantil que nos lleva a no dar la razón al otro, como cuando de
pequeños, los padres nos corregían y sabiendo que tenían la razón, por
cabezonería o narcisismo, no aceptábamos darle la razón y dos, reconocer que no
llevo la razón equivale a replantearme cambiar, madurar, incorporar nuevo
conocimientos, es decir, equivale a transformarse.
Freud nos dice que a nuestro “yo”, le
cuesta desprenderse de fragmentos de sí mismo, en general, porque estamos
acostumbrados a vivir con nosotros mismos toda la vida y separarnos de algo de
nosotros mismos aunque sepamos que no nos sirve, cuesta y se hace duro. Ya que
para separarse de lo que a uno de uno mismo no le sirve hay que pasar por un
proceso de tristeza que no siempre se tolera. De hecho, multitud de personas
que tiene que vivir procesos de cambio, les embarga una especie de tristeza que
no logran superar y queda en ellos una especie de melancolía crónica que les
hace vivir tristemente la vida.
En el autoengaño, se preserva la imagen
infantil del yo, el auténtico narcisismo infantil de los niños, ese al que nada
le importa y que es todo egoísmo en sus acciones o modo de pensar.
¿Se sufre menos engañándose uno a sí
mismo? La respuesta es si, una persona que se autoengaña, sufre menos porque no
tiene que replantearse cambios y es capaz de vivir en un mundo reducido de
personas y emociones donde no tenga que desplegar su yo para adquirir nuevas
conquistas en la vida.
Simplemente se limita a vivir en un
círculo cerrado, donde todo queda controlado desde la perspectiva de su yo
infantil y así, no tiene que molestarse a sí mismo.
Esto ni es bueno, ni malo. Simplemente es
así. La vida es como cada uno quiera vivirla. ¿Podríamos enriquecernos más
espiritualmente y tener mas modos de gozar y disfrutar? Efectivamente sí,
aunque el ser humano actual- que se halla en vías de desarrollo mental porque
con respecto a la ciencia, la forma de pensar humana sufre retraso- sigue
viviendo en el autoengaño para evitar el dolor de sentirse de vivo, de no
querer saber que tiene fecha de caducidad.
domingo, 21 de septiembre de 2014
¿POR QUÉ RIVALIZAN LAS PAREJAS?
La rivalidad dentro de
la pareja debe analizarse desde la
envidia hacia el otro. Un hombre, una mujer-
roles que muy pocas parejas heterosexuales y homosexuales lograr
establecer- se complementan. Cuando hay rivalidad, debemos fijarnos con detalle
en los roles adquiridos y podemos ver
que lejos de haber diferencias entre ellos, lo que no se tolera son las
diferencias. En la vida animal, son las hembras entre ellas y los machos
quienes rivalizan. Llevado a la especie humana, cuando es el hombre el que
rivaliza con la mujer, de manera certera podemos afirmar que lejos de ser
hombre y mujer, son dos mujeres rivalizando. Lo cual nos lleva a decir que todo
hombre que rivaliza con una mujer, es mas mujer que hombre. Lo mismo se puede
aplicar a la mujer. Una mujer que rivaliza con un hombre es porque tiene mas
deseos de ser otro hombre que mujer. Y de esto es la envidia. En el hombre nos
encontramos que la rivalidad hacia la mujer siempre es envidia femenina y la
mujer hacia el hombre, cuando de rivalidad se trata, se haya en posición de
envidia masculina. Cada uno quiere ser el otro pero nunca ser uno mismo. La
rivalidad puede ser en el orden económico y/o sexual. La rivalidad dentro de la
pareja es síntoma de una inmadurez sexual, tanto del hombre como de la mujer.
Este tipo de parejas suelen tener un desarrollo sexual bastante precario e
inmaduro, en el sentido que su desarrollo psico emocional se ha quedado
detenido en etapa tempranas de la infancia, donde los lazos sexuales hacia la
figura de los padres y hermanos perdura actualmente pero de manera
inconsciente.
Una pareja cuyo
malestar está provocado por la rivalidad y el reproche deben llevar a cabo la
terapia por separado, ya que lo que le pasa a cada uno no tiene que ver con el
otro sino con uno mismo.
Recuerdo el caso de una
pareja donde mayormente la que rivalizaba era la mujer, hasta el punto que
comenzó a rivalizar con el terapeuta. Bajo la indicación de ser tratada mejor
por una mujer, ella en su rivalidad denegó la indicación terapéutica. Su mala
respuesta a la terapia era la neurosis que la condenaría al fracaso en pareja
los siguientes años de su existencia. Rivalidad es sinónimo de inmadurez
sexual. ¿Pero qué es la inmadurez sexual?
Una atribución que le
hago al otro sobre algo que tiene y yo no poseo. Y de ahí el afán de competir y
ganar al otro. ¿qué puede tener él que ella no tiene o que tiene ella que él le
atribuye y a él le falta?. Una pareja que rivaliza, debe comenzar su
psicoanálisis. La sexualidad se madura conociendo las causas inconsciente que
la determinan como inmadura.
viernes, 16 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA (VIII)
La sexualidad infantil..
La primera cuestión que debemos plantearnos es la siguiente : ¿ hasta cuando vamos a seguir afirmando que los niños durante la infancia no tienen instintos sexuales.?
Si quieres ser una madre suficientemente cualificada para ejercer su función, debes olvidar viejas teorías obsoletas sobre la sexualidad y comenzar a aceptar que tus hijos, desde etapas muy tempranas, desarrollan su instinto sexual como tú desarrollaste también el tuyo. Tienes que apartarte de falsas concepciones ideológicas que se refieren a la famosa “ pureza infantil “. La pureza infantil sólo existe en la cabeza de aquellas madres que tienen problemas sexuales y además piensan que sus hijos no tienen sexualidad.
Cuando no se acepta la existencia de los impulsos sexuales en el niño se está negando una parte muy importante de su personalidad. Son numerosas las experiencias de educadores, padres y especialistas que constatan que los niños muestran muy tempranamente manifestaciones de su instinto sexual tales como erecciones, toqueteos en solitario o en compañía de otros niños y juegos con contactos físicos en los que realizan movimientos análogos a los del coito... etc.
Entonces ¿ por qué una madre puede aceptar más fácilmente que su hijo manifieste amor hacia los demás que aceptar que tiene instinto sexual.?
¿ Por qué muchas madres y educadores siguen considerando a los niños como viciosos o degenerados cuando muestran dichos instintos?
La respuesta nos conduce a pensar que solo aquellos padres o educadores que tienen problemas con su propia sexualidad califican de anormal la sexualidad de sus propios hijos.
Por tanto, para aceptar este hecho, antes hay que aceptar que, como madre y mujer, tú también tienes instintos y deseos sexuales.
Más de una lectora se estará preguntando, a estas alturas, por qué atribuimos tanta importancia a la sexualidad. La respuesta es bien sencilla: la sexualidad es innata a los seres humanos y a través de ella, el sujeto se relaciona con el mundo y sus semejantes.
Los padres son para el niño el modelo de aprendizaje. Todo lo aprendido, será llevado luego, por identificación, al mundo exterior, donde se relacionará emocionalmente con las mujeres y los hombres según lo hizo con aquellos, durante la infancia.
Por consiguiente, los padres no deben negar dichas manifestaciones tempranas de la sexualidad infantil que se expresan bien a través de una actitud curiosa hacia los adultos o hacia su propio cuerpo. Todos hemos olvidado cuando eramos pequeños y cómo la sexualidad ejercía su influjo y despertaba en nosotros una fuerte atracción. Si la sexualidad fue algo que nos llamó tan profundamente la atención ¿por qué no va a ocurrir lo mismo con nuestros hijos.?
Pasemos entonces al siguiente tema.
La primera cuestión que debemos plantearnos es la siguiente : ¿ hasta cuando vamos a seguir afirmando que los niños durante la infancia no tienen instintos sexuales.?
Si quieres ser una madre suficientemente cualificada para ejercer su función, debes olvidar viejas teorías obsoletas sobre la sexualidad y comenzar a aceptar que tus hijos, desde etapas muy tempranas, desarrollan su instinto sexual como tú desarrollaste también el tuyo. Tienes que apartarte de falsas concepciones ideológicas que se refieren a la famosa “ pureza infantil “. La pureza infantil sólo existe en la cabeza de aquellas madres que tienen problemas sexuales y además piensan que sus hijos no tienen sexualidad.
Cuando no se acepta la existencia de los impulsos sexuales en el niño se está negando una parte muy importante de su personalidad. Son numerosas las experiencias de educadores, padres y especialistas que constatan que los niños muestran muy tempranamente manifestaciones de su instinto sexual tales como erecciones, toqueteos en solitario o en compañía de otros niños y juegos con contactos físicos en los que realizan movimientos análogos a los del coito... etc.
Entonces ¿ por qué una madre puede aceptar más fácilmente que su hijo manifieste amor hacia los demás que aceptar que tiene instinto sexual.?
¿ Por qué muchas madres y educadores siguen considerando a los niños como viciosos o degenerados cuando muestran dichos instintos?
La respuesta nos conduce a pensar que solo aquellos padres o educadores que tienen problemas con su propia sexualidad califican de anormal la sexualidad de sus propios hijos.
Por tanto, para aceptar este hecho, antes hay que aceptar que, como madre y mujer, tú también tienes instintos y deseos sexuales.
Más de una lectora se estará preguntando, a estas alturas, por qué atribuimos tanta importancia a la sexualidad. La respuesta es bien sencilla: la sexualidad es innata a los seres humanos y a través de ella, el sujeto se relaciona con el mundo y sus semejantes.
Los padres son para el niño el modelo de aprendizaje. Todo lo aprendido, será llevado luego, por identificación, al mundo exterior, donde se relacionará emocionalmente con las mujeres y los hombres según lo hizo con aquellos, durante la infancia.
Por consiguiente, los padres no deben negar dichas manifestaciones tempranas de la sexualidad infantil que se expresan bien a través de una actitud curiosa hacia los adultos o hacia su propio cuerpo. Todos hemos olvidado cuando eramos pequeños y cómo la sexualidad ejercía su influjo y despertaba en nosotros una fuerte atracción. Si la sexualidad fue algo que nos llamó tan profundamente la atención ¿por qué no va a ocurrir lo mismo con nuestros hijos.?
Pasemos entonces al siguiente tema.
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educación infantil,
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sexualidad infantil
jueves, 8 de enero de 2009
COMO SER LA MADRE CASI PERFECTA ( V )
La deuda simbólica.
Hemos dicho que para el niño, la madre es quien lo puede todo. No puede concebir el universo sin ella, que satisface no solo sus necesidades orgánicas sino también las afectivas y emocionales. Según va creciendo, se da cuenta que todo cuidado proviene de ella; que le ama porque sí y vive ese amor como regalo-don de amor. Esa capacidad de amar sin pedir nada a cambio, ni siquiera que le presten atención o ser correspondida , es el fundamento de lo que consideramos el amor verdadero. Por eso, todo ser humano considera el amor de la madre como el único y auténtico.
Entre tanto amor y deseo, el sentimiento que se va a generar en el niño es lo que denominamos LA DEUDA SIMBÓLICA.
La definimos como una deuda de agradecimiento que contrae el ser humano con la madre por el hecho de habernos dado la vida sin pedirlo y al mismo tiempo, por cuidarnos para que no muriéramos.
¿ Se puede pagar esa deuda de amor.? La respuesta es no. Debemos saber que es impagable, ni a cambio de un nieto ni de nuestra propia vida , porque es una deuda simbólica. Solo podemos aceptarla o rechazarla , que es lo que le pasa al neurótico, que no puede admitir deber la vida a sus padres y especialmente a su madre.
Esta deuda es universal, rige para todos los seres humanos aunque algunos la viven como un sometimiento y aspiran a terminar con ella.
Este sentimiento es tan grande que, a veces, conduce a ciertos hijos a someter su vida entera a la figura materna. Absolutamente todo, lo hacen por y para ella. Eligen el trabajo, la pareja e incluso tienen descendencia para darle gusto, más allá del hecho de si vive o lo hacen para honrar su memoria.
Esta dependencia tan extrema de la madre, - no tiene por que ser sólo física, puede ser imaginaria o simbólica- les lleva a no tomar decisiones ni tener vida propia.
Hemos dicho que para el niño, la madre es quien lo puede todo. No puede concebir el universo sin ella, que satisface no solo sus necesidades orgánicas sino también las afectivas y emocionales. Según va creciendo, se da cuenta que todo cuidado proviene de ella; que le ama porque sí y vive ese amor como regalo-don de amor. Esa capacidad de amar sin pedir nada a cambio, ni siquiera que le presten atención o ser correspondida , es el fundamento de lo que consideramos el amor verdadero. Por eso, todo ser humano considera el amor de la madre como el único y auténtico.
Entre tanto amor y deseo, el sentimiento que se va a generar en el niño es lo que denominamos LA DEUDA SIMBÓLICA.
La definimos como una deuda de agradecimiento que contrae el ser humano con la madre por el hecho de habernos dado la vida sin pedirlo y al mismo tiempo, por cuidarnos para que no muriéramos.
¿ Se puede pagar esa deuda de amor.? La respuesta es no. Debemos saber que es impagable, ni a cambio de un nieto ni de nuestra propia vida , porque es una deuda simbólica. Solo podemos aceptarla o rechazarla , que es lo que le pasa al neurótico, que no puede admitir deber la vida a sus padres y especialmente a su madre.
Esta deuda es universal, rige para todos los seres humanos aunque algunos la viven como un sometimiento y aspiran a terminar con ella.
Este sentimiento es tan grande que, a veces, conduce a ciertos hijos a someter su vida entera a la figura materna. Absolutamente todo, lo hacen por y para ella. Eligen el trabajo, la pareja e incluso tienen descendencia para darle gusto, más allá del hecho de si vive o lo hacen para honrar su memoria.
Esta dependencia tan extrema de la madre, - no tiene por que ser sólo física, puede ser imaginaria o simbólica- les lleva a no tomar decisiones ni tener vida propia.
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niño,
sentimiento de deuda
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