domingo, 21 de junio de 2015

Conferencia de Psicoanálisis. Parte 2

domingo, 14 de junio de 2015

CONFERENCIA DE PSICOANALISIS. Parte 1ª

¿POR QUÉ SOMOS INTOLERANTES?



Para entender la intolerancia que sentimos hacia las personas, debemos remontarnos a los orígenes de la formación del aparato psíquico. Freud nos dice que a las personas las vemos como rivales, compañeros u objetos amorosos.
El niño cuando nace, debido a su prematuridad, depende absolutamente de la figura materna, siendo esta quien le cuida hasta el extremo de evitar que muera. Es evidente que esta relación de dependencia extrema con la madre,  genera en la mente del niño un sentimiento de posesión que luego observamos en calidad de celos  cuando aparecen en escena la figura del padre o de los hermanos.
Estos celos en el niño son la causa de sentir al padre o a los hermanos con rivales. Se ha dado cuenta que ya no está solo y que a parte de él, la madre tiene otros intereses como son el padre u otros hermanos.
Los celos en el adulto, no dejan de ser una expresión de los celos infantiles. El sentimiento de posesión hacia las personas no deja de ser la manifestación del sentimiento de posesión inconsciente que se tiene hacia la madre. De ahí, que la intolerancia a los otros viene cuando los vemos como rivales o simplemente como diferente a nosotros.
Tolerar que el otro es diferente a mi y yo soy diferente al otro, es aceptar que a parte de la madre, hay padre, hermanos y mundo. Hasta que no nos psicoanalicemos, no sabremos las consecuencias que ha tenido sobre nosotros ese momento crucial de los celos donde de niños sentimos al padre, al mundo como causantes o responsables de una separación no deseada. El malestar, el enfado, la irritabilidad en el carácter de muchas personas que viven enfrentadas al mundo, donde todo lo viven como atentados personales, no deja de ser la manifestación de algo que se nos repite pero que no logramos recordar. Hablamos de la existencia de deseos inconscientes que aun queriendo satisfacerlos, sabemos que no podemos. La intolerancia tiene que ver con la no aceptación. Intolerante es aquel que no sabe ceder ante lo que le conviene. No se trata de decir ni que sí a todo ni ceder. En todo caso sería quedarnos con las virtudes de los otros en vez de lo neurótico que tiene. Neuróticos somos todos, entendiendo por tal aquellas partes del carácter de la personalidad que nos genera malestar y que no nos hace sentirnos cómodos frente al mundo ni frente a nosotros mismos.

Para tolerar al otro, primero tengo que renunciar a mi egoísmo personal. Y una vez renunciado, entro en la circulación general. Si entendemos que el hombre posee un instinto gregario, que le lleva a agruparse  con otros, tolerar a las personas sería del orden de hacerme tolerar a los otros. Si mi carácter es egoísta, soberbio, incapaz de ceder, etc… difícilmente me haré tolerar a los otros. Y una persona intolerante consigo misma, genera intolerancia en lo otros. Funcionamos como si fuéramos un espejo. Lo que proyecto es lo que soy y la respuesta de los otros hacia mi forma de ser, no deja de ser la proyección de los aspectos neuróticos de mi manera de ser sobre el mundo.

lunes, 8 de junio de 2015

¿QUÉ ES LA DEPRESION Y LA MELANCOLIA? ( 2ªparte)

Dice Freud que en la melancolía, el suicidio acontece porque el yo del sujeto toma a su propio yo como un objeto, por lo tanto hay que hablar mas de asesinato que de melancolía. El sujeto cuando se suicida, mata al objeto que ha incorporado. En el año 64 existía en New York un servicio telefónico de urgencia psiquiátricas para el suicidio. Pichón Riviere, aconsejaba para disminuir la tasa de suicidio, preguntarles a los que llamaban que si se querían suicidar o querían matar a alguien. Esta pregunta, le llevaba al sujeto a preguntarse si ese autoreproche era para su propio yo o si ese autorreproche coincidía con la persona que supuestamente a ellos les había abandonado.
Mientras que en el duelo tiene que ver con una pérdida real, en la melancolía, la pérdida es inconsciente, es más de un orden sexual.
El castigo decíamos en la melancolía era al propio yo, de manera que aquí se nos plantea el problema de la identificación. Freud llega a decir que cuando el marido llega a casa y oye a la mujer autoreprocharse que es una inútil, que no sirve para nada, Freud dice que a quien se lo está diciendo es al marido, una forma de decir por ejemplo, que él es impotente. Autoreproche pero no a ella, sino a algo que en ella hay del otro, autoreproche, pero no a algo, sino a algo que hay en el yo que es del objeto. El autoreproche, en el ser humano, siempre es para algo o para alguien, pero no es hacia las características del sujeto que se autoreprocha.
Realmente, estas características del autoreproche, coincide con la persona que abandonó al sujeto, de manera que descarga contra sí mismo todo su sadismo por no tolerar haber sido abandonado.
Es decir, que cuando la persona amada me abandona, pierdo una parte de mi yo y me identifico con la persona perdida, pero al identificarme, la persona está en mi y la maltrato hasta desintegrarla, es decir, hasta desintegrarme.
Nos dice Freud, que hay algo de egoísmo en la persona depresiva, porque cuando se deprime, la realidad pierde parte o todo el interés por la misma. No hay interés por las personas, ni por las cosas. Si el depresivo tiene culpa es porque sabe que con su depresión, estropea varias relaciones, por lo tanto algo altera del trabajo, del amor, de lo social y de ahí la culpa que experimenta. El deprimido, no busca nada. Dice Freud, que los objetos perdidos, debe sustituirse, eso es la normalidad de lo que es un buen funcionamiento mental. El que no puede sustituir, debe comenzar a psicoanalizarse, si no, caerá en su propio yo y se acusará, acusando a otros sin saber que los acusa de su desgracia: amar un imposible, ser en su delirio, lo que el otro me falta.


domingo, 31 de mayo de 2015

¿QUE ES EL DUELO Y LA MELANCOLÍA?

¿Quién no ha perdido un amor, un ideal, un sueño, un ser querido o ha tenido que cambiar de ciudad, país, abandonar un proyecto.? En todas estas situaciones se corre el peligro de producir una melancolía. Pero también cuando estoy en desacuerdo con la persona querida, donde no hay coincidencias respecto a lo que quiero, también puede producirse una melancolía.
Freud, en “Duelo y Melancolía”, trata de explicarnos que la melancolía, es una enfermedad dolorosa, donde se pierde prácticamente todo contacto con la realidad. Por su forma de producirse, es parecida a otro estado normal, llamado duelo, con la diferencia que en el duelo, se produce por una pérdida real de un objeto amoroso, es decir, por muerte o separación. Se muere mi padre y la realidad exterior ha perdido interés para mi. Solo me interesa de la realidad exterior, aquellas cosas que me recuerdan a mi padre. Freud, dice que “esto que parece una enfermedad, no lo es, porque es temporal”. En el duelo, ha ganado la realidad, es decir, en la realidad ya no está mas la persona querida o el objeto amoroso. Tienes que buscarte a otra persona, tienes que sustituirla. Pero cuando esta situación, se prolonga indefinidamente, donde la persona sigue desinteresada por la realidad exterior, lo que ha aparecido ya es una enfermedad con lo que fue el sentimiento normal de duelo.
En el duelo, uno aunque triste, continua con las cosas de su vida: estudios, trabajo, pareja, amigos. Sin embargo en la melancolía, uno no puede trabajar, no puede querer a nadie, abandona los amigos. Lo que es en el duelo, aunque con tristeza, una capacidad normal de afrontar la vida, en la melancolía, no puedo afrontar la vida con la capacidad normal que antes tenía. Es “como si hubiéramos perdido una parte de nosotros”. Freud lo define como “una pérdida de una parte del yo”.

En el duelo, hay una pérdida de interés por la realidad pero la persona sigue haciendo las cosas de su realidad. En la melancolía, observamos en la persona un autorreproche, sentimientos de ruina, de empobrecimiento y de miseria que puede llegar al suicidio, algo que en el duelo, no ocurre. La pregunta que se hace Freud, es ¿cómo es posible que ese auto reproche lleve a la persona a maltratarse a sí misma hasta terminar con su propia vida? (CONTINUARÁ)

domingo, 24 de mayo de 2015

REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR


REPETIMOS LO QUE NO LOGRAMOS RECORDAR.

El olvido de impresiones, escenas y sucesos, se reduce casi siempre a una “retención” de los mismos. Cuando un paciente habla de este material “olvidado”, rara vez deja de añadir: “En realidad, siempre he sabido perfectamente todas estas cosas; lo que pasa es que nunca me he detenido a pensar en ellas”. Y muchas veces se manifiesta defraudado porque no se le ocurren suficientes cosas que pueda reconocer como “olvidadas” y en las que no ha vuelto a pensar desde que sucedieron”.
El “olvido” queda restringido por la existencia de recuerdos encubridores. La amnesia que tenemos sobre nuestra infancia suele ser compensada por los recuerdos encubiertos. En dichos recuerdos, se conserva una parte de nuestra vida infantil y todo aquello que tuvo una importancia esencial. Con el psicoanálisis podemos extraerlo.
Otro tipo de sucesos, impresiones internas, constituidos por las fantasías, asociaciones o sentimientos, deben ser estudiados en relación al  olvido y al recuerdo. Sucede aquí se recordamos algo que nunca pudo ser olvidado, pues nunca fue retenido ni llegó a ser consciente.
Sobre todo, en la neurosis obsesiva, el olvido se limita a destruir conexiones, suprimir relaciones causales y aislar recuerdos en lazados entre si.  Resulta imposible despertar el recuerdo de una clase especial de sucesos muy importantes correspondientes a épocas muy tempranas de la infancia y vividos entonces sin comprenderlos, pero perfectamente interpretados y comprendidos luego por el sujeto. Y una vez vencidas sus resistencias, el paciente analizado, reconoce la sensación de que algo de lo que dice, ya le era conocido.
Las personas, no solemos recordar nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto: lo repite sin saber, naturalmente, que lo repite. Por ejemplo, hombres que no recuerdan haberse mostrado rebeldes hacia la autoridad de sus padres y ahora, lo hacen con respecto a su trabajo, proyectos, pareja, etc…
Por ejemplo, personas que no logran recordar que su investigación sexual infantil fracasó, dejándolos perplejos y ahora de adultos se lamentan de que nada le sale bien y de que su destino es no conseguir jamás llevar a buen término una empresa.

Repetir es la transferencia a una situación actual de una situación pasada olvidada. Cuanto mas reprimido es el recuerdo que la persona no logra recordar, con más fuerza es sustituido el recuerdo por la acción de repetir. (continuará)