domingo, 21 de septiembre de 2014

PSICOANALISIS, PSICOTERAPIA DE LA MORAL

Todavía podemos encontrar opiniones como que la psicoterapia es anticientífica, comparada con los métodos físicos químicos. Semejante opinión es injusta y errónea. La psicoterapia no es un método curativo moderno, es la terapia más antigua de la Medicina. Dentro de los métodos más antiguos de la Medicina siempre fue la psicoterapia, debido a la capacidad sugestiva del médico sobre le enfermo, se cura mas veces por la fe en el acto médico que por la intervenciones químicas. Es evidente que el factor psicológico del enfermo, siempre juega un papel grande en su capacidad de curación siendo así que las psiconeurosis, son muy asequibles a la influencia psíquica del terapeuta, curando muchas veces más la persona por lo que es, en este caso médico o psicoanalista.
En la esencia de todo trastorno psicológico, la moral del enfermo ejerce un poder determinante en su curación y en su enfermedad. La moral ejerce una actividad represora sobre la parte inconsciente de la personalidad, imponiéndose en la conciencia de la persona en calidad de síntoma, castigo o sumisión.

La percepción de bueno o malo, el sentimiento de culpabilidad y su necesidad de aliviarlo, son los ejes sobre los cuales gira el proceso de toda enfermedad psíquica. La enfermedad psíquica es una solución frente al sentimiento de culpabilidad y frente al sentimiento moral de ser buena o mala persona. Podemos decir que la enfermedad es buscada por nuestra moral para aliviar el sentimiento de culpa, una especie de autocastigo o auto convencimiento de estar ejerciendo una moral contraria a lo familiar o social establecido. La dificultad del psicoanálisis como psicoterapia se encuentra en el rechazo que muchas personas enfermas tienen hacia la curación. Son innumerables los casos de pacientes que acuden a psicoterapia y cuando comienzan a sentirse bien o aliviados interrumpen su psicoanálisis por razones morales. Su moral no le deja libre de culpa. Su alivio solo indica que todavía debe seguir penando. Hay un límite en toda persona que de manera inconsciente ella sabe hasta donde está dispuesta a llegar. Este límite impuesto por su moral sobre la conciencia es lo que determina que una enfermedad incluso orgánica, dure mas o  menos tiempo e incluso determina su cronicidad. Ciertas enfermedades orgánica y mentales  de duración ilimitada son decisiones inconscientes morales. La moral ha condenado a la persona a lo eterno de la enfermedad, ha sido desterrada del campo de la salud y tiene que cargar con su enfermedad de por vida. Tanto es así, que muchos enfermos, está esperando escuchar que “no hay solución para su enfermedad”, hasta el punto que dicho diagnóstico les calma y sobre el cual, desarrollan una nueva vida. (continuará)

domingo, 14 de septiembre de 2014

EL METODO PSICOANALITICO Y LOS SINTOMAS MENTALES


Los síntomas para el psicoanálisis representan una sustitución de procesos psíquicos que no ha podido llegar a la conciencia, o sea, son una transformación, conversión de tales procesos. Una sesión de psicoanálisis transcurre como un diálogo entre dos personas, donde  la persona que va a ser psicoanalizada, debe de decir todas la ocurrencias que le vengan a su mente mientras conversan. Aquellos pensamientos espontáneos que ocurren sin tener conciencia de ellos, abren el trayecto de un proceso mental determinado hacia la raíz de los problemas. Por ejemplo, cuando la persona dice haber olvidado algo o no recordar, el psicoanálisis deduce que las amnesias son el resultado de un proceso al que se llama represión y es motivado por las sensaciones displacientes que dicho recuerdo produce en la persona. en la resistencia que el paciente opone al recuerdo, el psicoanalista puede reconstruir las fuerzas psíquicas que producen dicha represión. En las ocurrencias espontáneas, podemos ver ramificaciones de las ideas o impulsos reprimidos e incluso las deformaciones impuestas a los mismos por la resistencia inconsciente que se opone a reproducirlos o recordarlos. Cuanto más fuerte es la resistencia, mayor es la deformación de lo que surge en la conciencia.

Freud decía que si poseyéramos un procedimiento para llegar a lo reprimido partiendo de las ocurrencias y deducir de las deformaciones que el paciente cuenta y no entiende, lo deformado, haríamos consciente el sentido de los síntomas, pensamientos, miedos, etc del paciente. El psicoanálisis fundó en estas bases el arte de la interpretación al que corresponde la función de extraer del mineral representado por las ocurrencias involuntarias el metal de las ideas reprimidas en ellas contenidas. Objeto de esta interpretación no son sólo las ocurrencias del paciente, sino también sus sueños, los cuales facilitan un acceso directo al conocimiento de lo inconsciente, sus actos casuales, los errores de su vida cotidiana, lapsus, etc… es decir, entre lo que al paciente le pasa, lo que cuenta, lo que vive, hay una conexión con una causa inconsciente productora de todo aquello que le sucede. Encontrar dicha conexión es la tarea del psicoanálisis pero siempre hallaremos una causa o varias inconscientes que dan sentido a lo que a la persona le sucede. Actualmente no hay ninguna otra técnica que pueda acceder a los contenidos inconscientes que no sea la técnica psicoanalítica. Ni la psicología, ni la psiquiatría pueden acceder a dicho material porque carecen de los instrumentos necesarios para dicho acceso. De ahí que la psiquiatría sea meramente descriptiva sin dar explicaciones a los orígenes de los síntomas. La psicología cognitivo conductual tampoco logra explicar el motivo o causa por la cual se ha producido un síntoma y no otro.

MECANISMO DE LAS OBSESIONES

Otra característica de los pacientes obsesivos es que son supersticiosos, pero se trata de una superstición que nada tiene que ver con las típicas supersticiones, sino que son consecuencia de su pensamiento obsesivo.  Cuando se encuentran bajo el domino de una obsesión, se les ocurre por ejemplo, toda clase de accidentes a los seres queridos que apoyan su convicción supersticiosa. Como el paciente que no tenía miedo al número 13, pero creía en los presagios y en los sueños proféticos, tropezaba con las personas cuando justo esta pensando en ellas. Una vez salió de viaje con la convicción de que no volvería vivo a su casa. Pese a esto también reconocía que esto le ocurría con cosas sin importancia pues cuando se trató de hechos importantes en su vida siempre fue por sorpresa y no hubo presagios, por ejemplo, la muerte del padre. Pero entender esto no modificaba que eso le aconteciera. El psicoanálisis mostró a este paciente, que la supersticiones que le acontecían él mismo colaboraba en la fabricación de las mismas, mediante los olvidos, la lectura ingenua, etc… El paciente recuerda que su madre cuando trataba de fijar una fecha de algo futuro, solía decir: “ tal dia o tal otro no podré, porque tendré que guardar cama”. Y en efecto, siempre pasaba acostada tales fechas.
Otra característica de estos sujetos es la necesidad de la inseguridad o de la duda. La necesidad de inseguridad es uno de los métodos que la neurosis emplea para extraer al obsesivo de la realidad y aislarle del mundo. Todo su esfuerzo es por

Evadir cualquier seguridad y poder permanecer en la duda. Por eso odian especialmente los relojes, en tanto no permiten la duda. Los obsesivos eluden toda aquellas informaciones que pudieran llevarle a una solución del conflicto. Con su inseguridad se adhiere a aquellos temas en que la inseguridad es generalmente humana y en los cuales todos permanecemos necesariamente expuestos a la duda. Tales temas son, ante todo, la paternidad, la duración de la vida, la supervivencia en el más allá y la memoria a la que solemos dar fe sin nada que garantice su exactitud. La cuestión con el padre que todo obsesivo varón tiene es para evitar el orden de generaciones, para evitar ser un mortal entre otros mortales, ser un eslabón de la cadena de generaciones. Vive como un muerto, sin deseos, para protegerse de la muerte. Los neuróticos obsesivos utilizan la inseguridad de la memoria para la producción de síntomas. En cuanto al poder que atribuyen a sus ideas y sentimientos, aunque se pueden considerar como un delirio, sin embargo todos los neuróticos obsesivos parecen tener ese convencimiento. Preguntado al obsesivo por tal convencimiento, lo refiere a hechos acontecidos en su vida. Como el paciente aquel que intentaba ocupar en el hospital una habitación en la cuya ya había estado y que le facilitaba las relaciones con una de las enfermeras, le dijeron que esta ocupada por un anciano. Inmediatamente pensó: ojala le parta un rayo.!! Quince días después despertó con la sensación de que tenía cerca de sí un cadáver y al levantarse supo que aquella noche había muerto el anciano. Otro recuerdo que corroboraba el supuesto poder de su pensamiento, se refería a una muchacha mayor que él , que habiéndosele declarado, le preguntó si la podría querer un poco, a lo cuál él la respondió negativamente. Poco después la muchacha se tiró por el balcón y el se reprochaba haber sido tan huraño,  pensando que habría estado en sus manos haber alargado la vida de aquella muchacha. Desde entonces, el poder de su amor y su odio tenía una razón de ser para él. Podemos decir que estaba en juego su preocupación por la muerte y en cuanto a su odio, no es que omnipotente pero de él provenían muchas de sus ideas obsesivas. Por no poder pensar la mortalidad del padre no podía dejar de desear su muerte, incluso cuando el padre ya había muerto. Este paciente mantenía una relación peculiarísima en relación a la muerte. Condolía cordialmente todas las muerte, iba a todos los entierros e incluso mataba en su fantasía a sus conocidos para condolerse con los sobrevivientes. Freud subraya los rasgos obsesivos del comportamiento del sujeto religioso, donde tanto en el obsesivo como en el religioso lo que les mueve a realizar los rituales es inconsciente a ellos. Los motivos que impulsan a la práctica religiosa son desconocidos para los creyentes, como los actos obsesivos lo son para los neuróticos.

domingo, 7 de septiembre de 2014

QUIERO CAMBIAR PERO TENGO MIEDO A LOS CAMBIOS

Vivir tiene una complejidad y es que no hay fórmulas para vivir. La vida, cualquier vida es una construcción que en parte está determinada por los modelos ideológicos familiares y sociales. Digamos que hay moldes estándar para todos, situaciones que todos repetimos o hacemos igual y la vida puede ser una vida diseñada por la sociedad o la familia. Sin embargo, en mi experiencia como especialista, estos modelos de vivir que todos llevamos a cabo, con el tiempo, nos damos cuenta que no terminan de ser los modos de vivir a los cuales aspiraríamos. Esto nos lleva a tener momentos donde uno se plantea si la vida que está haciendo es la vida que quiere vivir. De ahí que muchas crisis de pareja o personales guardan relación con darse cuenta de estar viviendo una vida insatisfecha. Construir una vida lleva unos años y lo que construimos es a lo que nos atamos, de ahí que según pasan los años, los compromisos adquiridos, limitan en parte cualquier tentativa de cambio porque la incertidumbre de saber si uno podrá llevar a cabo el cambio y de lograrlo, produce un miedo, que amilana el carácter y la tentativa de cambiar. Para cambiar hay que tener un plan y una manera de llevarlo. Sabiendo que todo cambio producirá cambios en las relaciones cercanas. Sin un plan, sin una idea de cambio, sin los instrumentos adecuados, los cambios difícilmente se llevan  cambio porque el miedo, la inseguridad, la duda, son sentimientos comunes de los cuales padecemos las personas y nos impiden llevan a cabo los cambios.

Cambiar no tiene que ser malo pero hay que saber para qué se quiere el cambio. ¿Cambiar equivale a terminar con cosas? A veces si y a veces no. Desde el psicoanálisis, cambiar es sumar, es decir, introduzco algo nuevo en mi vida, sin tener que romper o deteriorar mi vida, es decir, el cambio debe ser enriquecedor. Cuando la situación que uno vive le resta energía, le deteriora la vida y le hace descender de categoría como humano, es cierto que finalizar puede ser la llave de una nueva vida. Todo cambio conlleva movimientos, produce inquietud, supone un nuevo reto y ante todo, supone la aceptación de que algo no es para siempre. El miedo al cambio frena, es carente de futuro, es una excusa para no trabajar por el cambio y no asegura la felicidad.  La valentía es motor de cambio y cambiar, debería ser una suma, nunca una resta. Psicoanálisis para las almas ambiciosas.

¿QUÉ TIENE QUE VER EL PADRE EN LOS SÍNTOMAS OBSESIVOS?

Las bases sobre las cuales se fundamenta la neurosis obsesiva-toc- están establecidas sobre la importancia del nombre del padre, también llamado complejo paterno o metáfora paterna y la relación del toquiano con su deseo. Al comienzo de las investigaciones y ante los relatos de los pacientes, se pensó que había existido un trauma sexual realmente acontecido, al cual el paciente de alguna manera se había quedado fijado por la excitación sexual que conllevó dicha percepción de la sexualidad. Según se avanzó en los estudios de la neurosis obsesiva, la escena sexual que pudo ser vista o fantaseada, es la escena de la copulación de los padres.  La confusión entre el goce y la violencia del coito de los padres es una percepción de la sexualidad que produce una excitación del orden del reproche en el obsesivo. Nos dice Freud ya en 1986 que la representaciones obsesiva (ideas, imágenes, pensamientos) son reproches transformados, resultado de una transación entre las ideas reprimidas y las ideas represoras que retornan y se refieren a actos sexuales ejecutados con placer en la niñez, pero esto,  aunque forma parte de los elementos que integra, no da cuenta de que los recuerdos reactivos y los autoreproches de ellos derivados sean inconscientes, en tanto lo que se hace consciente como ideas o afectos obsesivos son resultado de una transación entre las ideas reprimidas y las ideas represoras. Es por eso, que preferimos hablar de pensamientos obsesivos. En cuanto a la defensa secundaria que el sujeto se desarrolla contra la representaciones obsesivas que han penetrado en su conciencia, surgen productos que denominamos como “delirios”. Lo importante entonces es que las ideas obsesivas al igual que los sueños, han sufrido una deformación.
Denominamos “deformación elíptica” a la deformación más característica y propia del pensamiento obsesivo.

Ejemplos: “Si me caso con la mujer a la que amo, le sucederá a mi padre una desgracia.” “ si haces una vez más el coito o te masturbas le sucederá algo a tu hermano pequeño ( morirá)”.  Este tipo de deformación suele ir acompañado de la duda desplazada. En un ejemplo, donde una mujer acompañada de su marido entra en una tienda de compras mientras que su marido decide ir a una tienda de anticuarios. La mujer, compró entre otras cosas, un peine y mientras esperaba a su marido, demasiado tiempo para ella, le asaltó la idea obsesiva de que ese peine lo tenía desde siempre. En realidad ella quería decir, si he de creer que no has estado mas que en la tienda del anticuario, también puedo pensar que poseo hace ya muchos años este peine que acabo de comprar. Es decir, se trata de la ironía del obsesivo, pero la duda de la mujer dependía de sus celos inconscientes. (continuará)