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sábado, 15 de agosto de 2015

SINDROME DEL VARON CASTRADO


En un estudio sobre la última generación de varones comprendidos entre 20 y 30 años, se ha observado que padecen lo que podríamos llamar el síndrome del varón castrado.
Se corresponde con un perfil de personalidad masculina débil, inseguro, quejica, con dificultad para trabajar y para los compromisos amorosos.
Este tipo de hombres provienen de un modelo educacional materno anómalo. Nos encontramos con un perfil de madre muy protectora  que han eclipsado a la figura paterna hasta el punto de tener muy poca presencia en la vida psíquica de sus hijos.
Favorecida por las leyes jurídicas y sociales, este tipo de mujeres han llegado a creerse que los hijos “son mas de la madre que del padre” y esta creencia ha provocado una generación bastante amplia de varones con impotencia psíquica para trabajar, tomar decisiones, tener pareja, etc… es decir, se ha producido un sistema educativo que lejos de fomentar la virilidad en el hombre, se le ha disminuido.
La madre para estos varones ha adquirido el rango de “supermadre” que lejos de ayudarles a ser independientes y con fuertes deseos en la vida, han provocado que sean muy dependientes emocionalmente de ellas, con las repercusiones que en su vida sexual y emocional ha producido.
Este tipo de varones buscan relaciones sexuales variadas, incluidas las homosexuales, hacen uso de diferentes drogas y las relaciones donde mejor encajan son aquellas donde la mujer ejerce el rol de madre protectora.
Cuando tienen un hijo, el modelo educacional lo están repitiendo por igual. El hijo queda a merced de la madre, la cual “se apropia del mismo” y repite el mismo modelo. Impresiona la  multitud de parejas que al año de tener un hijo se rompen y la mujer se apropia literalmente del hijo o de los hijos, porque el hombre no llega a alcanzar la categoría de padre en su relación de pareja.
Este tipo de varones, son hombres “hechos a medias”, se quedan entre medio niños, medio hombres. Y observamos que son mas hijos de su mujer que marido de la misma y padre de sus hijos. E incluso vemos que desarrollan celos de sus propios hijos,  sintiendo a los mismos como rivales frente al amor de la mujer.
Estamos viviendo un momento de caos educacional. Se han roto los modelos educaciones donde se incluía la figura del padre como figura necesaria para fomentar la seguridad y la virilidad en el varón.

Haber dado a la madre un poder absoluto sobre los hijos y habérselo quitado al padre ha producido un modelo “afeminado de hombres” que ahora no saben cómo enfrentarse al  mundo competente que les está tocando vivir.

martes, 10 de marzo de 2009

CUANDO LOS HIJOS SON LA TAPADERA DE LOS PROBLEMAS DE PAREJA

Cuando surgen dificultades en el proceso educativo del niño es por que algo que habitualmente debería ser normal , deja de serlo.
Tener un hijo debería ser siempre una decisión tomada por amor y con plena libertad. Cada vez, un niño viene para servir a alguna intención o para remediar alguna situación , podemos asegurar que trae “ una etiqueta “ colgada. Por ejemplo, muchas parejas cuando entran en crisis y se plantean separarse, en lugar de acudir a un psicoanalista, deciden tener un hijo. Piensan que ser padres va a hacer que, nuevamente, se sientan más unidos. La llegada del recién nacido les produce, en principio, una aparente felicidad que, más bien, es un autoengaño porque lo que en realidad sucede, es que han dejado de lado sus problemas para ocuparse del bebé. Este niño viene a cumplir la función de ser TAPADERA DE LOS PROBLEMAS DE SUS PADRES.
Y ciertamente, durante algunos años, estos desviarán la atención hacia los cuidados que la crianza exige, cerrando los ojos a su crisis de pareja. Pero los hijos crecen, se hacen cada vez más independientes y las disensiones entre ellos, que estaban soterradas, vuelven a aparecer con más fuerza. Lo que, en apariencia, parecía solucionado no fue más que una sutil maniobra para no afrontar su problemática en lugar de resolverla.
Los niños tapadera vienen a construir una realidad ilusoria para sus padres. La pareja fantasea que prestándole – juntos - los cuidados y las atenciones necesarias: darle de comer, bañarle, dormirle incluso dentro de su propia cama, el niño “ les ha vuelto a unir “.
Nada menos cierto. Ese hijo lleva sobre sí una gran carga: representa el fracaso de sus padres como pareja.
Todo lo que ambos hacen o soportan en la vida diaria es únicamente por él . En algunos casos, incluso, llegan a malcriarlo por que si se convierte en un adolescente problemático, su permanencia juntos queda asegurado por mas tiempo.
¿ Puede manejarse la vida de un hijo de una forma tan egoísta.? Desafortunadamente, esto ocurre con más frecuencia de lo que podemos imaginar. En la clínica, vemos a muchos padres que han llegado a construir hijos conflictivos, con el único fin de que el problema quede enfocado sobre él y no en ellos.
Lo interesante de estas estructuras familiares es que cuando lo traen a consulta – sea su síntoma de la índole que sea- y comienza a mejorar, lo que se pone en evidencia son los problemas de pareja. En ese momento, suelen ser los propios padres quienes retiran al hijo de la terapia porque si llegara a curarse, dejaría de ser su tapadera, y tendrían que afrontar sus circunstancias personales que tanto tiempo han ocultado.

¿ Qué debes hacer.?

La respuesta es bien patente. Ante una crisis sentimental, lo mejor es acudir a una terapia de pareja. NUNCA utilices como solución, aparentemente fácil , la de tener un hijo para tapar dicha situación.
No olvides que si actuaras así, toda la problemática de la pareja se ocultaría tras él y las consecuencias futuras serán totalmente impredecibles. Desde la experiencia clínica, se puede garantizar que semejante decisión traería a la larga, más problemas que soluciones. Sin embargo, algunas parejas prefieren tener un hijo aunque arruinen su vida, para que las suyas permanezcan unidas aunque sea por ese falso vínculo.. ¿ Pueden unos padres llegar a semejante grado de egoísmo, crueldad y locura.? Desafortunadamente, si. La experiencia cotidiana nos dice que se siguen teniendo hijos para que sean la tapadera de los problemas de la pareja.

jueves, 22 de enero de 2009

¿ ERES UNA MADRE PERFECTA ? ( X )

¿ Qué son las zonas erógenas.?
Una vez comprendido lo expuesto anteriormente acerca del placer que engendra y se desarrolla en el niño por el acto de succionar y chupetear, nos vamos a permitir ampliar estos conocimientos a lo que se denomina las zonas erógenas. Una zona erógena puede ser cualquier parte del cuerpo, si tras la aplicación repetida de ciertos estímulos surgen sensaciones placenteras.
Por regla general, las más habituales y que acaba descubriendo por sí mismo son la boca, el ano, los genitales, los dedos, el ombligo, los pezones y el lóbulo de la oreja.
Determinadas partes del cuerpo son altamente excitables y muchos de los gustos sexuales que el adulto acaba desarrollando tienen su fundamento en las primeras experiencias vividas con placer durante la infancia.

La importancia de la zona anal.

La zona anal, al igual que la boca y los genitales, es una parte muy especial del cuerpo donde surgen sensaciones placenteras que van unidas a las funciones fisiológicas. No debemos olvidar que el esfínter anal tiene muchas fibras nerviosas sensitivas y su estimulación puede llegar a ser fuente de placer. Debemos suponer que todas aquellas personas que han desarrollado de adultos algún tipo de sexualidad en torno a esa región , experimentaron desde pequeños, una intensa actividad placentera en ella. El descubrimiento del placer en la región anal puede ser , en algunos niños, casual aunque en otros, dicha sensibilidad es despertada precozmente por la manipulación durante los hábitos de limpieza o por la aparición de los oxiuros – las conocidas lombrices -.
Sabemos la enorme preocupación que se produce en la madre cuando el niño no hace caca y la inmensa satisfacción que siente cada vez que lo hace, porque ello es sinónimo de que todo marcha bien en el cuerpo de su hijo. Por eso, cuando aparecen periodos de estreñimiento, el retraso en la secreción de los excrementos puede llegar a convertirse en una auténtica obsesión. En nuestras consultas y en las consultas pediátricas, hemos observado a infinidad de madres presas de una terrible ansiedad porque el niño no había hecho caca desde hacía varios días o porque al hacerla, sufría de intensos dolores. Este estado de excitación las impulsaba a espiarlo continuamente, a olerlo, a preguntar en la guardería si lo hizo o no lo hizo y a pedir al médico algún tipo de solución rápida. Remedios tales como enemas, irrigaciones, laxantes, estimular repetidamente el ano con el dedo, etc... a la larga, acaban produciendo un precoz desarrollo de la sensibilidad en esa zona y que el niño encuentre un placer asociado al acto de la excreción de las heces que posteriormente tratará de repetir.
Las causas por las cuales un niño se vuelve estreñido, por sorprendente que parezca, son PSIQUICAS.

martes, 20 de enero de 2009

¿ ERES UNA MADRE PERFECTA ? ( IX )

Las primeras manifestaciones sexuales del niño.

La palabra “ masturbación “ no debe asustarte. El acto de masturbarse es un comienzo para que el niño y la niña descubran su propio cuerpo y se adentren en lo que va a ser el futuro desarrollo de su sexualidad. Debemos encuadrar los toqueteos corporales y el chupeteo dentro de las primeras manifestaciones sexuales. Masturbarse no solo tiene que ver, ni significa exclusivamente la estimulación de los genitales. Podemos considerar como masturbación la repetición continuada de cualquier acto estimulador de una zona erógena que genere placer. Chuparse el dedo pulgar con avidez, acariciarse los genitales, el lóbulo de la oreja o los márgenes anales y mecerse, deben calificarse como actos masturbatorios, cuando se realizan de una manera rítmica y continuada, porque conllevan una excitación y un placer asociado.

El chupeteo del pulgar

Definimos el chupeteo del pulgar como una de las manifestaciones más tempranas de masturbación infantil. La lactancia, ya sea mediante el pecho materno o un objeto sustituto – biberón – genera en el niño un aumento de sensibilidad en la zona bucal que le proporciona un gran placer asociado al acto de la succión. Esta conducta , que aparece en los lactantes, se conserva en ocasiones hasta la edad adulta y en algunos casos, permanece durante toda la vida ( encontramos gran número de personas que duermen con el pulgar introducido en la boca ). Consiste en un movimiento succionador, rítmicamente repetido, con ayuda de los labios que puede utilizar como objeto incluso los propios labios, la lengua, el pulgar o hasta el dedo gordo de un pie. Cuando dicho objeto no forma parte del cuerpo propio, el niño puede recurrir a cosas exteriores tales como el chupete, un juguete, un trozo de sábana etc...
En ocasiones, el chupeteo va acompañado de la acción de pellizcarse el lóbulo de la oreja o del autobalanceo de la cuna, actividades estas que suelen acaparar toda la concentración del niño y lo conducen a conciliar el sueño.
Una joven bien entrada en la pubertad, nos confesó que la satisfacción que le producía el chupeteo era parecida a la satisfacción sexual que le producían los besos de su novio. “ No todos los besos dan el placer que da el chupeteo. Es imposible describir lo que se siente en todo el cuerpo mientras se chupa. Parece que te sales de este mundo, una se encuentra totalmente feliz y satisfecha y no se desea nada más. Es una sensación maravillosa. Es algo inefable. No se siente ningún dolor, ninguna pena, y parece que te has transportado a otro mundo.”
El acto del chupeteo se debe a la búsqueda de un placer que el niño ya hubo de haber experimentado y que por medio de la succión, encuentra. Es fácil adivinar que dicha búsqueda guarda relación con el recuerdo de algo vivido.
La primera actividad importante para el ser humano, por el carácter vital que tiene para él, está ligada a la succión del pecho materno o del biberón cuando hay una imposibilidad fisiológica de la madre para la lactancia natural.
Esta asociación entre la succión, el chupeteo y el alimento provocan en el niño los primeros estados placenteros. El niño encuentra un bienestar en el acto de alimentarse; por tanto, su boca y sus labios acaban experimentado placer cada vez que siente la corriente tibia de leche pasar por ellos. En un principio, esta sensación placentera va unida a la necesidad de saciar el hambre. Sin embargo, observamos frecuentemente que aunque el niño haya calmado su apetito, lejos de retirarse del pecho materno o del biberón, sigue chupeteándolo hasta quedarse dormido.
Así, cada vez que quiere rememorar esa sensación , recurre al chupeteo de algún objeto cercano - inicialmente, una parte de su propio cuerpo - porque, debido a la inmadurez con la que viene al mundo, no puede apropiarse de los objetos externos. Cuando llega a un mayor grado de desarrollo físico, cualquier objeto a su alcance puede convertirse en objeto apropiado.
Muchas madres se preguntarán si en el futuro, su hijo va a adquirir “ el vicio” de chuparse el dedo y debemos responder que lo normal es que pase por esa etapa porque forma parte de su propio desarrollo sexual. Este hábito puede también ser adquirido debido a ciertas conductas en la madre que lo refuerzan; por ejemplo, ponerle el chupete después de haberle dado el pecho o dejarle que siga chupeteando la tetina del biberón cuando ya se ha acabado la toma. Cada vez que se tienen estas actitudes generosas, se refuerza la actividad placentera del niño .
Por sorprendente que nos parezca, mucho de los hábitos en los que está involucrada la boca y que adolescentes y adultos mantienen a lo largo de la vida son fijaciones de ese placer obtenido durante la etapa infantil. El acto de fumar, beber, besar y ciertas prácticas sexuales- felaciones – guardan relación con el recuerdo placentero que les produjo el acto de chupetear y succionar en su infancia.



¿ Qué debes hacer.?

Cuando existe una fuerte represión, por parte de la madre o de los educadores, del acto del chupeteo, puede aparecer en el niño una repugnancia a todo lo que tiene que ver con el placer bucal: asco a la comida, la bebida, los besos – a muchos niños no les gusta besar ni ser besados - etc. Un gran número de los adolescentes que presentan síntomas de anorexia-bulimia, vómitos repetidos y opresiones en la garganta, fueron en su infancia grandes “ chupeteadores “.
No refuerces ni fomentes en tu hijo la actividad del chupeteo. Es mejor limitarte a satisfacer su necesidad alimenticia. Una vez llevada a cabo, si decides darle el chupete, hazlo con moderación. No fomentes su uso de forma asidua y continua. Úsalo si realmente va a cumplir una función necesaria, por ejemplo, calmar el llanto y exclusivamente durante el tiempo que sea preciso pero siempre de acuerdo a su desarrollo emocional . Si tu hijo está tranquilo no seas una de esas madres que “ enchufan “ al niño el chupete por que sí o para entretenerlo. Utilízalo por una causa justificada, sino, es mejor no crear en él un hábito que , después, será difícil quitarle. En algunos niños, hemos observado que la acción del chupeteo va acompañada de un movimiento rítmico de frotamiento de piernas que despierta las primeras sensaciones placenteras en los genitales y suele ser una de las causas inmediatas del descubrimiento de la masturbación genital. Algunas madres también nos han relatado que, para apaciguar el llanto de sus hijos o para hacerlos conciliar el sueño, suelen acariciarles los genitales hasta que lo logran. Evidentemente esta actitud acabará despertando precozmente en el niño su instinto sexual.

miércoles, 7 de enero de 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( IV)


Y EL PADRE ¿ QUE PINTA EN TODO ESTO ?


En este punto, debemos hacernos la siguiente reflexión: si no hay algo o alguien que separe a la madre del niño, la unión de la célula narcisística podría durar más tiempo del conveniente para ambos. Sabemos, por definición, que la madre no desea separarse del hijo ni el hijo de la madre y este acontecimiento necesario solo se producirá si se dan ciertas condiciones procedentes del exterior.
Por tanto, vamos a llamar EL TERCERO a todo aquello que desvía la atención de la madre hacia su hijo y le muestra que no es único para ella en su deseo; por ejemplo, una llamada telefónica, el trabajo y sobre todo, la figura del padre.
El padre viene a interrumpir dicha unión , siendo necesaria su presencia para que ese ser único de la célula narcisística se divida y se constituya en dos diferentes e independientes. Para que existan el dos tiene que haber tres. Es el número tres – el padre- el que otorga la existencia al número dos, es decir, el tercero viene a diferenciar y a distinguir al niño de la madre.
Muchos problemas de pareja surgen con la llegada del primer hijo debido a que, lo único que la mujer deseaba del hombre, era ser madre y cuando su deseo se ve cumplido, aquel pasa a un segundo plano en la relación madre- hijo. Ella no está dispuesta a compartir su producto y el padre-marido-pareja se convierte en un obstáculo molesto, con el que acaba, por lo general, por romper , una vez alcanzado su objetivo.
Pero ¿ qué es un padre? . Ser padre es acceder a un lugar, a una posición desde la cual va a ejercer una función: LA FUNCION PATERNA.
Para todo hombre, alcanzar dicha posición tiene que ver con la transmisión inconsciente de una función que va a depender del modo en que su propio padre la ocupó, a su vez, para él.
La función paterna consiste en trasmitir que hay Ley. El padre debe enseñar al hijo las normas sociales : lo que es bueno y lo que es malo, lo que está prohibido y lo que está permitido.
Tanto la ideología materna como la paterna se trasmiten de generación en generación y guardan relación con la función padre y la función madre en ambos sexos.
Cuando un padre no es capaz de llevar a cabo su función correctamente, decimos que es UN PADRE DESVALORIZADO.
Cuando a sus hijos les corresponda esa tarea, mal transmitida, posiblemente lo harán , a su vez, de forma fragmentada e incompleta. Esto es lo que denominamos HERENCIA PSÍQUICA GENERACIONAL DE UN PADRE
El Padre es una realidad sagrada en sí misma, más espiritual que de cualquier otra índole. Al Padre solo se le puede amar porque es quien trasmite el orden familiar y social.
El equilibrio emocional y educacional que los hijos muestran en la realidad es efecto indicativo de que el padre ha ejercido correctamente su función.
Como viene de la mano de la aceptación de que madre y niño son dos, deducimos que hubo de haber presencia de la figura paterna.
La mayoría de los trastornos emocionales y de conducta infantiles tienen que ver con alguna complicación en este proceso. Un niño puede tener un padre real y sin embargo, dificultades para simbolizarlo.
En la mayoría de los niños rebeldes y problemáticos, encontramos que algo relacionado con la función paterna todavía no está instalado en su psiquismo. La causa puede deberse a un padre débil que no logra posicionarse debidamente en su función o a una madre que eclipsa y anula dicha figura.
Para un niño ¿ qué es un padre.? En primer lugar, un rival molesto que viene a interrumpir esa unión perfecta que tiene con su madre y por tanto, el primer desencadenante de sus celos.
En segundo lugar y por definición, es un acto de fe . El niño debe creer a su madre cuando le dice que ese hombre es su padre. Así como nunca tuvo dudas acerca de quien es ella; que su padre lo sea es un convencimiento al que va a acceder solo si verdaderamente la cree; por tanto un padre siempre es una cuestión de creencia en la palabra de la madre.
Quiere esto decir, que si lo mira con amor y lo tiene en cuenta en los pequeños actos de la vida cotidiana no va a haber dudas pero si lo hace con recelo, con desconfianza o asco, el niño va a tener sospechas al respecto.
Las dudas neuróticas sobre si el padre que se dice tal, es el padre auténtico surgen, cuando la relación entre los progenitores no es del todo armoniosa. Cada vez que la madre, delante del niño, le discute o le quita la autoridad , va a quedar cuestionado. Por consiguiente, si una mujer tiene problemas con su pareja, en mas de una ocasión, va a surgir en ella la tendencia inconsciente a despreciarlo, censurarlo y anularlo frente al hijo, lo que va a ser aprovechado para confirmar la hipótesis de que “ ese rival tan molesto, al que tan poco quiere mi madre, no puede ser mi padre “.
El padre es el eslabón necesario que regula la relación del niño con la madre.
El padre existe solo si la madre lo autoriza a existir como tal. La figura del padre biológico no se corresponde con el padre simbólico. El padre es, por tanto, una construcción a la que se llega a través de la palabra de la madre, que es quien le reconoce su autoridad, su valor y su crédito frente al niño. Por eso, cuando lo desprecia o lo desvaloriza , podemos asegurar que “ cae “; es decir, que el muchacho se queda sin representación psíquica de la figura paterna, aunque lo tenga sentado a su lado.
No debemos confundir al padre simbólico - lo que el niño cree que es un padre - con el padre real - el hombre con el que convive él y su madre .
Su modo de intervenir debe ser mediante la palabra, única forma efectiva de educar y de prohibir.
El fundamento sobre el que se asienta el respeto al padre está muy cercano a la noción del temor a Dios. Temer al padre no es lo mismo que tenerle terror. El miedo – a perder su amor - es necesario para que, en el niño se establezca el respeto a las normas y al orden para que esto suceda, él también debe estar sujeto a la Ley .
El padre debe ser tolerante pero no permisivo con las transgresiones infantiles. Debe ser justo y señalar el límite entre lo que está bien y lo que está mal. Cuando el padre marca o actúa ante un comportamiento no pertinente del niño, LA MADRE NO DEBE INTERVENIR BAJO NINGUN CONCEPTO. Siempre es preferible que le muestre algo de miedo - aunque pueda parecer un poco excesivo- que una falta de respeto y credibilidad ante la prohibición efectiva.
Algunas madres discuten continuamente lo que es o no es justo con respecto al modo en que el padre lleva adelante la educación de sus hijos. Eso va a depender del concepto de padre que, como hija, haya construido. Si piensa que fue injustamente corregida por él, podemos asegurar - salvo que encuentre un hombre con el concepto de padre como portador de la Ley muy bien instalado – que no aceptará ninguna intervención en materia educativa sin cuestionarla. En cambio, si tuvo un padre muy permisivo, lo más probable es que tienda a no tomar en consideración las enseñanzas que el padre intente impartir en dicho proceso.
Lejos de lo que habitualmente se cree, no es contraproducente para el niño sentir cierto temor al padre pues eso será la base del futuro respeto a la sociedad y a sus miembros.
El respeto al padre es el fundamento sobre el cual se va a desarrollar el sentimiento de la propia seguridad personal.
Al contrario de lo que muchos piensan, debemos señalar que el temor al padre no es causa de ningún trauma infantil ni produce inseguridad alguna. Mas bien, las inseguridades se generan cuando todo le está permitido al niño.
La experiencia nos enseña que cuando la familia permite o da por bueno cualquier comportamiento de uno de sus integrantes, esta falsa seguridad creada dentro del hogar va a chocar, tarde o temprano, con lo que se espera de él cuando sale al mundo exterior. La realidad termina por poner las cosas en su sitio, porque muestra que NO TODO está permitido y que las normas sociales existen para el buen funcionamiento del mundo.
Por regla general, los niños muy caprichosos o excesivamente consentidos durante la infancia son los que mas sufren a la hora de la adolescencia y en la vida adulta. Son niños educados por padres que no les han impuesto un límite. Han recibido - material y afectivamente – en demasía y les han sido permitidas todas sus actitudes y conductas. Al crecer y verse obligados a salir de este ámbito, el choque es brutal cuando comprenden que el mundo NO ES TAN GENEROSO como su familia y que en la vida real, conseguir las cosas necesarias y el respeto de las personas, requiere un trabajo continuo, algo a lo que no estaban acostumbrados dentro de su entorno. Por todo lo cual, su nivel de frustración y de infelicidad se acentuará con el paso de los años.
Al revés de lo que pensamos: si al niño se le enseña a aprender a tolerar las frustraciones materiales y afectivas que se generan en todo proceso educativo, se hará mas precavido y respetuoso cuando crezca y tenga que enfrentarse a las diversas situaciones que la propia vida le vaya deparando.
El respeto y el temor al padre posicionan al niño y a la niña frente a la función de la virilidad. Una posición paterna excesivamente permisiva o pasiva puede impulsar a que los hijos inclinen sus preferencias sexuales hacia una elección de objeto homosexual .
Las mujeres casadas en segundas nupcias con hijos de una primera relación pueden tener, a veces, problemas para tolerar las intervenciones de su nueva pareja sobre ellos. Esto es un error muy grave. El padre, independientemente de que sea o no sea el padre biológico, es mas una función que una figura física. Por tanto, da igual quien la ocupe siempre y cuando esté bien llevada a cabo. De hecho, muchos niños consideran a su segundo padre mejor que al primero, lo que tiene que ver con la credibilidad que la madre le otorgue en su nuevo cometido. Si ella lo acepta y lo asume como tal , el niño también lo aceptará.
Las funciones que el padre ejerce tienen que ver la introducción de la Ley y con el amor a lo social. Su tardía aparición lleva al niño a darse cuenta de que el amor de la madre, en realidad, es el padre y que él procede de la unión de ambos. El amor, tanto materno como paterno, tiene como significado la generosidad y representa para el hijo un DON DE AMOR.
. Un padre ama a su hijo de manera incondicional, sin pedirle nada a cambio y sólo quiere para él que se desarrolle como ser humano. Por eso, lo único que se puede hacer por el padre es amarlo.
En algunas circunstancias, puede ocurrir que encontremos mujeres que les impidan situarse adecuadamente en su función Es el caso de las llamadas MADRES OPACAS que se interponen para no dejar pasar a través de ellas, la palabra del padre al niño. Son madres auténticamente neuróticas que solo viven para sus hijos sin importarles para nada el resto del mundo. Nunca dejan intervenir a su partenaire en las actividades educativas y si lo hace, se toman el cuidado de anular, despreciar o desprestigiar sus opiniones ante el hijo y la sociedad.
En contraposición, la variante sana serían las llamadas MADRES TRANSPARENTES, mujeres que valoran y respetan la figura paterna y permiten el necesario pase de la Ley.
Cuando en el sujeto no se instala adecuadamente la función paterna, debido a una posición desvalorizada del padre o a la intervención de una madre opaca, aparecerán importantes trastornos psíquicos durante su desarrollo emocional e intelectual .
Que la función del padre no exista , equivale a decir: “ Si Dios no existe, entonces todo está permitido “. ( Los Hermanos Karamázov. F. Dostoievski. )

domingo, 4 de enero de 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( I )

PROLOGO.



El presente libro pretende servir de ayuda a todas aquellas mujeres que ya son madres y a aquellas que, en un futuro, se planteen serlo.
El enfoque propuesto sirve a un fin orientativo porque la labor propiamente educativa ha de ser realizada tanto por la madre como por el padre.
Este libro es el resumen de un trabajo continuado que, como psicoanalista, vengo desarrollando en el campo de la clínica desde hace once años.
Ser madre conlleva saber mantener un equilibrio entre lo afectivo y lo educativo. Equivale a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación.
A un hijo se le debe dar lo necesario. Los excesos a la larga generan perturbaciones. La educación, por tanto, no debe llevarse a cabo según los gustos personales ni del uno ni de la otra porque, muchas veces, lo que una madre quiere dar a su hijo no es lo que más le conviene.
Esta es la primera regla y quizás la más importante para llevar adelante una buena labor educativa.
Debemos tener en cuenta que la maternidad es un hecho biológico. Ser madre, en cambio, pertenece al orden de lo psíquico y lo psíquico, en cada mujer, está determinado por el modo en que fue educada.
Somos la herencia psíquica de nuestros padres.

Ser madre es mucho mas que el proceso fisiológico de engendrar y dar a luz un hijo. La mujer, por regla general, pocas veces piensa cómo va a educar a ese niño y bajo qué parámetros educativos llevará a cabo dicha tarea. Normalmente, suele basarse en la propia experiencia personal de cómo lo hicieron con ella sus padres y desde ese lugar, aplica idénticos patrones ideológicos - educativos sobre el recién nacido.
Sería deseable tener algo mas que los propios criterios ideológicos a la hora de enfrentar dicha responsabilidad. En infinidad de ocasiones, el modo en que fuimos educados resulta ser válido para transmitírselo a nuestros hijos pero en otras, ese modelo no resulta el más adecuado por el descubrimiento de carencias o fisuras educativas en nuestra propia educación.
Por tanto, deberíamos dejar de lado algunos de los principios ideológicos familiares y sociales, incluidos nuestros gustos personales, y tomar solo aquellos mas convenientes para dicho fin.
Una conducta equivocada sería proyectar sobre nuestros hijos aquellas cosas que nos hubiera gustado que hicieran con nosotros. Se tiene la tendencia inconsciente de querer dar todo aquello que, en nuestra infancia, nos hubiera gustado recibir. Eso puede o no resultar correcto porque, inconscientemente, estamos imponiendo un modelo de vida que no sabemos si va a ser el que ellos desean para sí . Lo adecuado es proporcionar al niño un abanico de posibilidades creativas y culturales, dejando que desarrolle sus propios gustos para que vaya creándose en él, alguna idea sobre lo le gustaría hacer o ser en la vida.
Otra tendencia educativa habitual en los padres es querer satisfacer todas las demandas del niño. Cuando una madre da a su hijo todo lo que pide, por el mero hecho de dar, sin un criterio lógico y objetivo educacional, acabará deformando su educación.
Por eso, no es conveniente e incluso puede llegar a ser contraproducente proyectar nuestras carencias infantiles sobre nuestros hijos. El nuevo ser debe aprender a desarrollarse con autonomía e independencia de lo que fue y es nuestra vida. Muchas veces, los adultos se sienten frustrados por no haber alcanzado aquello que dicen querer, únicamente por seguir el modelo de vida que sus padres les impusieron.
Una madre y un padre transmiten la herencia de un cierto modelo ideológico familiar, social y educacional. La familia es el primer modelo de sociedad para el recién nacido. Dentro de la estructura familiar se enseña al niño las normas y leyes necesarias para hacer frente al mundo y sus exigencias.
Las Instituciones educativas se encargarán después de añadir nuevos valores a su educación y por último, la propia sociedad y el Estado será quién imponga los modelos de conducta para convivir en armonía con el resto del mundo.
El matriarcado es el fundamento de toda sociedad. La estructura familiar necesita de la figura materna para que podamos hablar de familia. Ella es el centro de ese universo por ser dadora de vida. Su misión principal - entre las muchas que ejerce – junto al padre consiste en mantener íntegra dicha unidad hasta que los hijos estén preparados para abandonarla y ser, a su vez , fundadores de su propio núcleo familiar. Por tanto, la ley que rige la familia en la especie humana es que una madre debe tener hijos para entregárselos al mundo y no para quedárselos.
Este es el mayor reto con el que topa: aceptar que los hijos no se tienen para sí sino para el mundo.

Desprenderse de ese sentimiento de propiedad recíproco entre padres e hijos es uno de los mayores desafíos y el que acarrea más complicaciones psíquicas al ser humano a lo largo de su vida.
Una educación correcta y adecuada es aquella que se enfoca hacia la consecución por parte del niño de su independencia y autonomía con respecto a la propia estructura familiar. Esto permitirá que pueda tener una vida propia con independencia de la de sus padres y que, en un futuro, sea él quien decida las opciones que quiera llevar a cabo.
La mayoría de nosotros olvidamos este principio y con frecuencia, las madres suelen manipular la educación de sus hijos, de un modo inconsciente, para que estos tengan una dependencia afectiva extrema y de ese modo, no puedan separarse de ellas. Esta actitud se corresponde con cierto tipo de neurosis que padecen sin tener conciencia de ello. Suelen ser mujeres que han mostrado algún desequilibrio afectivo durante su infancia o con la pareja y centran todas sus carencias emocionales y afectivas en los hijos. Esto les lleva a generar un sentimiento inconsciente de propiedad sobre ellos que les impulsa a no enfocar adecuadamente la educación , que debería orientarse hacia su futura autonomía e independencia.
El resultado será la producción en el niño de una fijación emocional a la madre y una desviación de su camino hacia el mundo, que le supondrá serias dificultades para establecer lazos de afecto, sentimientos y deseos hacia otras personas que no sean ella. ¡ Cuantas vidas hemos visto truncadas y estropeadas por ese egoísmo neurótico, por ese sentimiento de propiedad tan enorme que prefirió estrangular los proyectos de sus seres mas queridos antes que renunciar a su propia satisfacción personal!.

¿ Que debes hacer? .

Si has vivido una infancia carente de afectos familiares o no encuentras satisfacción personal dentro de tu relación de pareja, debes evitar volcar dichas carencias en tus hijos porque si lo haces, solo lograrás crearles una dependencia emocional muy intensa hacia ti que entorpecerá su desarrollo emocional y afectivo. En muchas ocasiones, pueden llegar hasta el extremo de contagiarse de la neurosis materna y renunciar al mundo para estar siempre y en todo momento junto ella . Sin embargo, en otras, aunque la madre lo intente por todos los medios a su alcance, no lo consigue. Cuando los hijos crecen y se marchan del hogar familiar para iniciar su propia vida, puede ocurrir que esta se sienta abandonada y este hecho ser la posible causa de la génesis de un trastorno depresivo. Es lo que popularmente llamamos el Síndrome del nido vacío.
Si eres una mujer que siente que no es suficientemente querida por su familia o su pareja, deberías acudir a un psicoanalista para resolver esa inseguridad afectiva y emocional que hace que te creas sola y poco amada. De otra manera, acabarás centrando dichas carencias en la vida de tus hijos lo que, a la larga, será causa de serias complicaciones en la convivencia diaria no solo para ti sino para toda la familia.