La familia, es hoy por hoy el primer modelo de sociedad para todo ser humano, de manera que cuando el niño nace, se encuentra ya dentro de una estructura donde existen una serie de personas con su manera de ser, de vivir, de actuar y es ese entorno en el cual el ser humano comienza a desarrollarse. De manera que la madre, el padre, los abuelos irán transmitiendo al niño la manera de pensar que tienen. Esta es la razón por la cual las personas nos parecemos mas al padre o la madre según el grado de relación que hayamos tenido con ellos.
Y aquí comienza todo. Cuando el niño nace, la primera relación es con la madre. Podemos decir que la dependencia del niño hacia la figura de la madre es extrema, tanto es así que los niños, cuando nacen, nacen inmaduros. No comienzan a ver hasta el día 21 y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta los 6 meses. La relación que se establece entre el niño y la madre es muy íntima, de hecho podemos comprobar que todos los estado emocionales de la madre, tienen repercusión en el niño. Según como la madre se sienta, así se sentirá el niño. Es una relación tan cercana que cualquier malestar o bienestar de la madre, el niño es capaz de sentirlo.
Lo que es cierto que cuando el niño va creciendo, se va dando cuenta que sin la figura de la madre, el no hubiera podido sobrevivir. Esto acaba generando en muchas personas un sentimiento de deuda, de agradecimiento que hace que todas las persona nos sentimos deudores con nuestras madres.
El algún momento dado, el niño comienza a darse cuenta que tiene un padre. Que es el producto de la unión de su madre con su padre. Frente a este descubrimiento, es cuando se produce el origen de los celos. De hecho, la primera manifestaciones celosas de los niños suelen ser hacia la figura del padre, al que tratan de echar del lado de la madre, metiéndose en la cama con la madre y tratando de ocupar su lugar. También es frecuente ver que muchos niños durante la infancia se vuelven agresivos hacia la figura materna. De hecho, muchas personas de mayores, se llevan mal con la madre y no saben exactamente por qué. La causa, tiene que ver con los celos que se les despertó cuando se dieron cuenta que la madre estaba casada con el padre. ¿ Qué ocurre.? Pues que los niños tienen una marcada tendencia egoísta, de manera que suelen sentirse en posesión de su madre como si les perteneciera, de manera que cuando descubren que ella mantiene algún tipo de relación con el padre, justo ahí, se les despierta los celos y la agresividad. Podemos decir que los celos del adulto son una variante de los celos infantiles y que la agresividad no justificada hacia el padre o la madre durante la edad adulta, no deja de ser más que una manifestación de dichos celos infantiles que no ha logrado ser superados. ¿ Cómo resuelve normalmente un niño esta situación.? Pues identificándose a uno de los dos progenitores. Normalmente los niños se quieren parecen al padre y las niñas a la madre. Y de aquí la circunstancia que una vez adulto, el niño identificado al padre, buscará una mujer que se parezca a su madre y la niña identificada a la madre, buscará un hombre parecido a su padre.
Podemos decir que muchas personas tienen un apego tan importante a las figura de los padres- los tienen muy idealizados- que luego no logran encontrar nada mejor que ellos. Cuando una mujer no logra encontrar un hombre que la llene o un hombre nunca encuentra una mujer que le convenza, podemos decir que el problema radica en que estas personas, cada vez que conocen a alguien, inconscientemente los comparan con la figura de los padre y si el padre o la madre están muy idealizados difícilmente podrá gustarles otra persona, porque para el o ella, los padres siempre serán mejores.
Existe el caso contrario. Hombre y mujeres que no se llevaron bien con sus padres y buscan un modelo de pareja totalmente distinto a la figura de sus padres. Lo que si podemos certificar es que las personas eligen pareja siempre en relación a los fantasmas afectivos familiares. Y que todos los problemas de pareja guardan una relación íntima e inconsciente con la relación que de pequeño se tuvo con los mismos.
A veces observamos que cuando una pareja se separa, ambos o algunos de ellos acaban volviendo a casa de los padres. Aquí podemos decir que son personas que no han podido separarse de los mismos y que tras intentarlo, han acabado volviendo al redil familiar.
Algunas mujeres que nunca se llevaron bien con la madre, acaban manteniendo con su pareja la mala relación que tenía con la madre. Podemos decir que están continuamente reprochándoles que no les dan suficiente atención, amor, cariño. Es lo mismo que en su infancia, recriminaban a su propia madre.
Otra cuestión compleja, es acercarnos al perfil del hombre maltratador. Los estudios se ha dado cuenta que el 90 % de los maltratados tenía una relación muy fuerte con la figura de la madre. A veces, dicha relación era muy tormentosa y a veces muy amorosa. Lo que es cierto es que la figura de la madre es muy importante para ellos. Podemos decir que si maltratan a la mujer siempre suele ser por una cuestión de celos. Una veces consciente y otras veces inconsciente. De hecho, cuando un hombre se ha llevado muy mal con su madre, por norma general, suele llevarse mal con las mujeres y todo el rencor que sentía hacia la madre, ahora lo descarga hacia la figura de la mujer. De hecho los hombres violentos, suelen ser muy posesivos y creen que la mujer les pertenece. De pequeños, fueron muy posesivos con la madre y también creían que les pertenecía. Por eso cuando la madre tiene otro hijo o descubren que el padre es el marido de la madre, sufren tal decepción que nunca jamás se lo personan a ella y esa especie de rabia o de odio, luego lo descargan con su mujer.
Los celos dentro de la pareja suelen ser de varios tipos: normales, proyectados y paranoicos. Los celos normales tienen que ver con el sentimiento de haber perdido a la otra persona frente a un rival al que consideramos mejor. Este hecho provoca tristeza y nos hace sentir culpa, responsabilizándonos de dicha pérdida. El sentimiento que se suelen despertar hacia la persona querida es de rabia, pudiendo ser transformados los celos en un afán de venganza.
Los celos proyectados tienen que ver cuando la persona no reconoce que es ella la que desearía ser infiel a su pareja pero como no se atreve a confesárselo a sí misma, prefiere proyectar sus deseos sobre la otra persona. Es el típico hombre que le gustaría se infiel a su mujer pero que no se atreve y como le da culpa, lo proyecta sobre su mujer y le acusa a ella de estar siéndole infiel cuando es él, quien verdaderamente deseaía serlo. Son los celos mas frecuentes y a la vez los celos menos comprendidos. Cuando un hombre o una mujer se obsesionan con que su pareja les está siendo infiel, debemos de pensar que en el fondo, son ellos mismos lo que quisieren cometer infidelidad pero su moral no se lo permite y a la vez, les hace sentir culpables.
Otro problema que tienen muchas madres es el afán de posesión sobre sus hijos. Tal es así que acaban anulando a la figura del padre. Podemos decir que para estos hijos, es como si el padre no existiera. El problema que esto origina es la enorme dependencia afectiva que se produce entre el niño y la madre. Lazo que luego de adulto cuesta mucho romper. El problema es que cuando la figura del padre es débil o poco presente, esto produce un efecto negativo en el desarrollo emocional del niño. Este exceso de madre y carencia de madre puede hacer que de mayor, el niño trate de buscar aquello que le faltó de pequeño: la figura paterna.
Todos los problemas afectivos de los adultos tienen que ver con excesos y con carencia afectivas que acontecieron durante la infancia. Cuando hay mucho cariño, luego es difícil de encontrar en el mundo un cariño similar al de los padres y esto le pasa a muchas personas adultas que siempre están o se sienten insatisfechas con el cariño de su pareja o todo lo que el otro hace siempre les parece insuficiente. Esto ocurre porque inconscientemente lo están comparando con el cariño de los padre y claro, frente a los mismos, cualquier comparación se queda pequeña.
Por norma general las personas que no fueron muy queridas durante su infancia suelen ser luego mas felices cuando encuentran a alguien que les quiera, porque descubren algo que no tenía. Pero también los hay que al no sentirse queridos de pequeños se quedan para siempre insatisfechos, de manera que nada ni nadie les puede dar ese amor que los padres no le dieron cuando eran pequeños y sufren constantemente.
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martes, 24 de febrero de 2009
martes, 6 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( III )
La célula narcisistica.
Recomendamos prestar mucha atención a este tema porque vamos a hablar del origen de los sentimientos y de las emociones humanas. En las próximas páginas, hemos desplegado una gran variedad de comportamientos que los hijos suelen mostrar con sus padres y con el mundo.
El primer abrazo y la primera mirada de una madre a su hijo recién nacido marcará el inicio de una relación que durará toda la vida. Las huellas que una madre deja en su hijo y las que un hijo deja en su madre perduran en forma de vinculo afectivo y transcienden más allá de todas las barreras, incluida la de la muerte de cualquiera de los dos.
El recién nacido nace prematuro a la vida y a diferencia de otras especies animales, indefenso frente al mundo. Es un cachorro humano, casi un animalito. No desea, no ama, no tiene palabra. Los únicos estímulos que recibe son los estímulos de sus necesidades orgánicas - hambre, sed, calor, frío...-. Las funciones están regidas por su aparato nervioso- un sistema nervioso central todavía inmaduro. Así pues, no reconoce lo que ve hasta el día veintiuno y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta el sexto mes; por eso, necesita alguien que se ocupe de él. Debido a esta prematuración , si el niño no entrega su vida a quien le cuide , moriría.
El Dr Menassa, en su libro FREUD Y LACAN - hablados-, escribe : “..... debido a su impotencia, si el niño recién nacido no se esclaviza a alguien muere. De esta situación frente a la muerte, sólo le es posible sobrevivir esclavizándose, poniendo su vida en el otro y eso es lo que hace el niño
cuando nace: pone su vida en el otro. Este otro, en el cual el niño pone su vida, el psicoanálisis le ha dado en llamar: FUNCIÓN MADRE, que sería cualquier objeto, persona o cosa que cumpla con los requisitos funcionales del recién nacido. “
Freud plantea que en el recién nacido existe una energía constante que le hace reclamar una continua atención en demanda de satisfacción. Es una energía que no solo busca colmar sus necesidades fisiológicas. La energía cesa cuando estas han sido satisfechas, pero no se agota. Cada vez que aparece de nuevo la necesidad , vuelve a demandar su satisfacción.
El Dr. Menassa escribe que esa energía que parte del propio cuerpo del niño, como necesidad, queda grabada en su sistema nervioso como huella-recuerdo de la misma. Cuando se junten en el niño la huella del recuerdo de la necesidad con la huella del recuerdo del objeto- en este caso la madre – que es quien la atiende o la sacia, el niño experimenta su primera experiencia de placer, es decir, su primer experiencia de satisfacción. A partir de ese momento, cada vez que surja en él una necesidad fisiológica o emocional, surgirá también el deseo de alcanzar el placer que origina en él la satisfacción de su propia necesidad. Podemos decir que entonces, el niño ha aprendido a desear. Algo en él se ha hecho huella y siempre que esta se repita, llamará la atención de su madre para que venga a cubrir dicha carencia.
Por esta circunstancia, el niño acaba atribuyendo a la madre un don y un poder: SU MADRE ES CAPAZ DE CALMAR CUALQUIER NECESIDAD Y SIN ELLA LA VIDA SERÍA IMPOSIBLE.
La unión que se establece entre ambos tiene la categoría de simbiosis: una unión de tal naturaleza que todos y cada uno de los estados anímicos de la madre tienen repercusión en la salud psíquica y orgánica de su hijo. Si ella enferma, el también enfermará; si se entristece, el niño dejará de comer; si tiene ansiedad, el no parará de llorar etc...
A esta unión tan perfecta, cuya duración pueden alcanzar desde unos meses o toda la vida ( existen personas que nunca pueden separarse de la figura materna ni aún después de muerta) la denominamos CELULA NARCISISTICA.
Definimos así esta unión indivisible y única donde el niño y la madre no son dos seres diferentes sino uno solo. El niño para la madre es una prolongación de su propio cuerpo y simultáneamente, ella es el espejo donde el se refleja.
En el tiempo de duración de la célula narcisística, el niño no tiene emociones propias, de tal modo que aquello que siente y experimenta - miedo, angustia, ansiedad, alegría, tristeza - es el reflejo de las emociones que ella siente y le transmite.
Nada mas nacer, el niño no tiene psiquismo ni tampoco un sistema inmunológico maduro, por lo que su sistema de defensa es el sistema inmune de la madre.
Muchas de las enfermedades infantiles a las que el pediatra no logra encontrar una causa razonable, guardan relación con el estado anímico de la madre. Si ella padece de ansiedad, depresión, obsesiones o angustia, con absoluta certeza acabará transmitiéndoselo a su hijo que lo reflejará en algún trastorno o enfermedad corporal - diarreas, insomnio, fiebre, anorexia, inquietud motora - pudiendo llegar incluso a morir.
La célula narcisística es vital para que el desarrollo del nuevo ser comience . De su existencia depende la vida del niño, que no lograría superar su propia insuficiencia sin ella . La muerte súbita del lactante estaría relacionada con una problemática del deseo inconsciente de la madre durante ese periodo, que concierne a la supervivencia de su hijo, el cual fallece súbitamente.
Recomendamos prestar mucha atención a este tema porque vamos a hablar del origen de los sentimientos y de las emociones humanas. En las próximas páginas, hemos desplegado una gran variedad de comportamientos que los hijos suelen mostrar con sus padres y con el mundo.
El primer abrazo y la primera mirada de una madre a su hijo recién nacido marcará el inicio de una relación que durará toda la vida. Las huellas que una madre deja en su hijo y las que un hijo deja en su madre perduran en forma de vinculo afectivo y transcienden más allá de todas las barreras, incluida la de la muerte de cualquiera de los dos.
El recién nacido nace prematuro a la vida y a diferencia de otras especies animales, indefenso frente al mundo. Es un cachorro humano, casi un animalito. No desea, no ama, no tiene palabra. Los únicos estímulos que recibe son los estímulos de sus necesidades orgánicas - hambre, sed, calor, frío...-. Las funciones están regidas por su aparato nervioso- un sistema nervioso central todavía inmaduro. Así pues, no reconoce lo que ve hasta el día veintiuno y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta el sexto mes; por eso, necesita alguien que se ocupe de él. Debido a esta prematuración , si el niño no entrega su vida a quien le cuide , moriría.
El Dr Menassa, en su libro FREUD Y LACAN - hablados-, escribe : “..... debido a su impotencia, si el niño recién nacido no se esclaviza a alguien muere. De esta situación frente a la muerte, sólo le es posible sobrevivir esclavizándose, poniendo su vida en el otro y eso es lo que hace el niño
cuando nace: pone su vida en el otro. Este otro, en el cual el niño pone su vida, el psicoanálisis le ha dado en llamar: FUNCIÓN MADRE, que sería cualquier objeto, persona o cosa que cumpla con los requisitos funcionales del recién nacido. “
Freud plantea que en el recién nacido existe una energía constante que le hace reclamar una continua atención en demanda de satisfacción. Es una energía que no solo busca colmar sus necesidades fisiológicas. La energía cesa cuando estas han sido satisfechas, pero no se agota. Cada vez que aparece de nuevo la necesidad , vuelve a demandar su satisfacción.
El Dr. Menassa escribe que esa energía que parte del propio cuerpo del niño, como necesidad, queda grabada en su sistema nervioso como huella-recuerdo de la misma. Cuando se junten en el niño la huella del recuerdo de la necesidad con la huella del recuerdo del objeto- en este caso la madre – que es quien la atiende o la sacia, el niño experimenta su primera experiencia de placer, es decir, su primer experiencia de satisfacción. A partir de ese momento, cada vez que surja en él una necesidad fisiológica o emocional, surgirá también el deseo de alcanzar el placer que origina en él la satisfacción de su propia necesidad. Podemos decir que entonces, el niño ha aprendido a desear. Algo en él se ha hecho huella y siempre que esta se repita, llamará la atención de su madre para que venga a cubrir dicha carencia.
Por esta circunstancia, el niño acaba atribuyendo a la madre un don y un poder: SU MADRE ES CAPAZ DE CALMAR CUALQUIER NECESIDAD Y SIN ELLA LA VIDA SERÍA IMPOSIBLE.
La unión que se establece entre ambos tiene la categoría de simbiosis: una unión de tal naturaleza que todos y cada uno de los estados anímicos de la madre tienen repercusión en la salud psíquica y orgánica de su hijo. Si ella enferma, el también enfermará; si se entristece, el niño dejará de comer; si tiene ansiedad, el no parará de llorar etc...
A esta unión tan perfecta, cuya duración pueden alcanzar desde unos meses o toda la vida ( existen personas que nunca pueden separarse de la figura materna ni aún después de muerta) la denominamos CELULA NARCISISTICA.
Definimos así esta unión indivisible y única donde el niño y la madre no son dos seres diferentes sino uno solo. El niño para la madre es una prolongación de su propio cuerpo y simultáneamente, ella es el espejo donde el se refleja.
En el tiempo de duración de la célula narcisística, el niño no tiene emociones propias, de tal modo que aquello que siente y experimenta - miedo, angustia, ansiedad, alegría, tristeza - es el reflejo de las emociones que ella siente y le transmite.
Nada mas nacer, el niño no tiene psiquismo ni tampoco un sistema inmunológico maduro, por lo que su sistema de defensa es el sistema inmune de la madre.
Muchas de las enfermedades infantiles a las que el pediatra no logra encontrar una causa razonable, guardan relación con el estado anímico de la madre. Si ella padece de ansiedad, depresión, obsesiones o angustia, con absoluta certeza acabará transmitiéndoselo a su hijo que lo reflejará en algún trastorno o enfermedad corporal - diarreas, insomnio, fiebre, anorexia, inquietud motora - pudiendo llegar incluso a morir.
La célula narcisística es vital para que el desarrollo del nuevo ser comience . De su existencia depende la vida del niño, que no lograría superar su propia insuficiencia sin ella . La muerte súbita del lactante estaría relacionada con una problemática del deseo inconsciente de la madre durante ese periodo, que concierne a la supervivencia de su hijo, el cual fallece súbitamente.
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lunes, 5 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( II )
DE HIJA A MADRE
El hecho de la maternidad supone un cambio importantísimo dentro de la estructura familiar. En sí, para cualquier mujer, el acto de tener un hijo, modifica su rango familiar: ya que, a partir de entonces, no solo es la hija de su madre, sino también la madre de su hijo. Convertirse en madre conlleva tener que renunciar a aquel único papel para aceptar también este otro.
Esta importante decisión guarda una estrecha relación con el tiempo, pues supone tolerar su transcurso y los cambios que, con su paso, han ocurrido en nuestra existencia. La hija pasa al rango de madre y la madre al rango de abuela. Hablamos de un tiempo – cronológico - donde los seres humanos caminamos imparables hacia nuestro destino: el final de la vida.
La reproducción garantiza la continuidad de la familia humana.
La cadena biológica tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Engendrar un hijo corresponde al orden de lo biológico en el sentido de que el hombre y la mujer, para sobrevivir como especie, tienen que reproducirse y justo ahí, precisamente por eso, la pareja cumple su función principal: formar familia, es decir, crear un entorno adecuado para la supervivencia de su prole.
De modo que en ese acto, ambos deben aceptar su propia finitud; o sea, que por pertenecer a una especie mortal, son mortales y por esta causa deben reproducirse para que siga habiendo especie. Una mujer para poder ser madre tiene que saber que su propia madre es mortal. Las especies animales no saben del paso del tiempo, por eso solo se reproducen. Siguen la ley de la naturaleza porque no saben que van a morir. La maternidad humana, en cambio, debe pasar necesariamente por la elaboración de este hecho.
Tener un hijo es una decisión pero también lo es no tenerlo. La mortalidad propia es algo que los hombres y las mujeres difícilmente aceptan. En algunas parejas esta no aceptación, de manera inconsciente, es la causa de que decidan no tener hijos. Sin embargo, hay otras que habiéndola aceptado toman la misma decisión. Ser madre es un instinto de la propia naturaleza pero también es una decisión humana.
No hay mujer que nazca sabiendo ese oficio y el saber que cree poseer es el que le ha sido transmitido por su propia madre. La ideología con la que fue educada – familia, estado y religión - será el instrumento con el cual intentará llevar a cabo la educación de sus hijos, siendo habitual que cuando llega el primero prefiera tenerla cerca por la seguridad y la confianza que la infunde en este cometido.
El hecho de la maternidad supone un cambio importantísimo dentro de la estructura familiar. En sí, para cualquier mujer, el acto de tener un hijo, modifica su rango familiar: ya que, a partir de entonces, no solo es la hija de su madre, sino también la madre de su hijo. Convertirse en madre conlleva tener que renunciar a aquel único papel para aceptar también este otro.
Esta importante decisión guarda una estrecha relación con el tiempo, pues supone tolerar su transcurso y los cambios que, con su paso, han ocurrido en nuestra existencia. La hija pasa al rango de madre y la madre al rango de abuela. Hablamos de un tiempo – cronológico - donde los seres humanos caminamos imparables hacia nuestro destino: el final de la vida.
La reproducción garantiza la continuidad de la familia humana.
La cadena biológica tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Engendrar un hijo corresponde al orden de lo biológico en el sentido de que el hombre y la mujer, para sobrevivir como especie, tienen que reproducirse y justo ahí, precisamente por eso, la pareja cumple su función principal: formar familia, es decir, crear un entorno adecuado para la supervivencia de su prole.
De modo que en ese acto, ambos deben aceptar su propia finitud; o sea, que por pertenecer a una especie mortal, son mortales y por esta causa deben reproducirse para que siga habiendo especie. Una mujer para poder ser madre tiene que saber que su propia madre es mortal. Las especies animales no saben del paso del tiempo, por eso solo se reproducen. Siguen la ley de la naturaleza porque no saben que van a morir. La maternidad humana, en cambio, debe pasar necesariamente por la elaboración de este hecho.
Tener un hijo es una decisión pero también lo es no tenerlo. La mortalidad propia es algo que los hombres y las mujeres difícilmente aceptan. En algunas parejas esta no aceptación, de manera inconsciente, es la causa de que decidan no tener hijos. Sin embargo, hay otras que habiéndola aceptado toman la misma decisión. Ser madre es un instinto de la propia naturaleza pero también es una decisión humana.
No hay mujer que nazca sabiendo ese oficio y el saber que cree poseer es el que le ha sido transmitido por su propia madre. La ideología con la que fue educada – familia, estado y religión - será el instrumento con el cual intentará llevar a cabo la educación de sus hijos, siendo habitual que cuando llega el primero prefiera tenerla cerca por la seguridad y la confianza que la infunde en este cometido.
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domingo, 4 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( I )
PROLOGO.
El presente libro pretende servir de ayuda a todas aquellas mujeres que ya son madres y a aquellas que, en un futuro, se planteen serlo.
El enfoque propuesto sirve a un fin orientativo porque la labor propiamente educativa ha de ser realizada tanto por la madre como por el padre.
Este libro es el resumen de un trabajo continuado que, como psicoanalista, vengo desarrollando en el campo de la clínica desde hace once años.
Ser madre conlleva saber mantener un equilibrio entre lo afectivo y lo educativo. Equivale a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación.
A un hijo se le debe dar lo necesario. Los excesos a la larga generan perturbaciones. La educación, por tanto, no debe llevarse a cabo según los gustos personales ni del uno ni de la otra porque, muchas veces, lo que una madre quiere dar a su hijo no es lo que más le conviene.
Esta es la primera regla y quizás la más importante para llevar adelante una buena labor educativa.
Debemos tener en cuenta que la maternidad es un hecho biológico. Ser madre, en cambio, pertenece al orden de lo psíquico y lo psíquico, en cada mujer, está determinado por el modo en que fue educada.
Somos la herencia psíquica de nuestros padres.
Ser madre es mucho mas que el proceso fisiológico de engendrar y dar a luz un hijo. La mujer, por regla general, pocas veces piensa cómo va a educar a ese niño y bajo qué parámetros educativos llevará a cabo dicha tarea. Normalmente, suele basarse en la propia experiencia personal de cómo lo hicieron con ella sus padres y desde ese lugar, aplica idénticos patrones ideológicos - educativos sobre el recién nacido.
Sería deseable tener algo mas que los propios criterios ideológicos a la hora de enfrentar dicha responsabilidad. En infinidad de ocasiones, el modo en que fuimos educados resulta ser válido para transmitírselo a nuestros hijos pero en otras, ese modelo no resulta el más adecuado por el descubrimiento de carencias o fisuras educativas en nuestra propia educación.
Por tanto, deberíamos dejar de lado algunos de los principios ideológicos familiares y sociales, incluidos nuestros gustos personales, y tomar solo aquellos mas convenientes para dicho fin.
Una conducta equivocada sería proyectar sobre nuestros hijos aquellas cosas que nos hubiera gustado que hicieran con nosotros. Se tiene la tendencia inconsciente de querer dar todo aquello que, en nuestra infancia, nos hubiera gustado recibir. Eso puede o no resultar correcto porque, inconscientemente, estamos imponiendo un modelo de vida que no sabemos si va a ser el que ellos desean para sí . Lo adecuado es proporcionar al niño un abanico de posibilidades creativas y culturales, dejando que desarrolle sus propios gustos para que vaya creándose en él, alguna idea sobre lo le gustaría hacer o ser en la vida.
Otra tendencia educativa habitual en los padres es querer satisfacer todas las demandas del niño. Cuando una madre da a su hijo todo lo que pide, por el mero hecho de dar, sin un criterio lógico y objetivo educacional, acabará deformando su educación.
Por eso, no es conveniente e incluso puede llegar a ser contraproducente proyectar nuestras carencias infantiles sobre nuestros hijos. El nuevo ser debe aprender a desarrollarse con autonomía e independencia de lo que fue y es nuestra vida. Muchas veces, los adultos se sienten frustrados por no haber alcanzado aquello que dicen querer, únicamente por seguir el modelo de vida que sus padres les impusieron.
Una madre y un padre transmiten la herencia de un cierto modelo ideológico familiar, social y educacional. La familia es el primer modelo de sociedad para el recién nacido. Dentro de la estructura familiar se enseña al niño las normas y leyes necesarias para hacer frente al mundo y sus exigencias.
Las Instituciones educativas se encargarán después de añadir nuevos valores a su educación y por último, la propia sociedad y el Estado será quién imponga los modelos de conducta para convivir en armonía con el resto del mundo.
El matriarcado es el fundamento de toda sociedad. La estructura familiar necesita de la figura materna para que podamos hablar de familia. Ella es el centro de ese universo por ser dadora de vida. Su misión principal - entre las muchas que ejerce – junto al padre consiste en mantener íntegra dicha unidad hasta que los hijos estén preparados para abandonarla y ser, a su vez , fundadores de su propio núcleo familiar. Por tanto, la ley que rige la familia en la especie humana es que una madre debe tener hijos para entregárselos al mundo y no para quedárselos.
Este es el mayor reto con el que topa: aceptar que los hijos no se tienen para sí sino para el mundo.
Desprenderse de ese sentimiento de propiedad recíproco entre padres e hijos es uno de los mayores desafíos y el que acarrea más complicaciones psíquicas al ser humano a lo largo de su vida.
Una educación correcta y adecuada es aquella que se enfoca hacia la consecución por parte del niño de su independencia y autonomía con respecto a la propia estructura familiar. Esto permitirá que pueda tener una vida propia con independencia de la de sus padres y que, en un futuro, sea él quien decida las opciones que quiera llevar a cabo.
La mayoría de nosotros olvidamos este principio y con frecuencia, las madres suelen manipular la educación de sus hijos, de un modo inconsciente, para que estos tengan una dependencia afectiva extrema y de ese modo, no puedan separarse de ellas. Esta actitud se corresponde con cierto tipo de neurosis que padecen sin tener conciencia de ello. Suelen ser mujeres que han mostrado algún desequilibrio afectivo durante su infancia o con la pareja y centran todas sus carencias emocionales y afectivas en los hijos. Esto les lleva a generar un sentimiento inconsciente de propiedad sobre ellos que les impulsa a no enfocar adecuadamente la educación , que debería orientarse hacia su futura autonomía e independencia.
El resultado será la producción en el niño de una fijación emocional a la madre y una desviación de su camino hacia el mundo, que le supondrá serias dificultades para establecer lazos de afecto, sentimientos y deseos hacia otras personas que no sean ella. ¡ Cuantas vidas hemos visto truncadas y estropeadas por ese egoísmo neurótico, por ese sentimiento de propiedad tan enorme que prefirió estrangular los proyectos de sus seres mas queridos antes que renunciar a su propia satisfacción personal!.
¿ Que debes hacer? .
Si has vivido una infancia carente de afectos familiares o no encuentras satisfacción personal dentro de tu relación de pareja, debes evitar volcar dichas carencias en tus hijos porque si lo haces, solo lograrás crearles una dependencia emocional muy intensa hacia ti que entorpecerá su desarrollo emocional y afectivo. En muchas ocasiones, pueden llegar hasta el extremo de contagiarse de la neurosis materna y renunciar al mundo para estar siempre y en todo momento junto ella . Sin embargo, en otras, aunque la madre lo intente por todos los medios a su alcance, no lo consigue. Cuando los hijos crecen y se marchan del hogar familiar para iniciar su propia vida, puede ocurrir que esta se sienta abandonada y este hecho ser la posible causa de la génesis de un trastorno depresivo. Es lo que popularmente llamamos el Síndrome del nido vacío.
Si eres una mujer que siente que no es suficientemente querida por su familia o su pareja, deberías acudir a un psicoanalista para resolver esa inseguridad afectiva y emocional que hace que te creas sola y poco amada. De otra manera, acabarás centrando dichas carencias en la vida de tus hijos lo que, a la larga, será causa de serias complicaciones en la convivencia diaria no solo para ti sino para toda la familia.
El presente libro pretende servir de ayuda a todas aquellas mujeres que ya son madres y a aquellas que, en un futuro, se planteen serlo.
El enfoque propuesto sirve a un fin orientativo porque la labor propiamente educativa ha de ser realizada tanto por la madre como por el padre.
Este libro es el resumen de un trabajo continuado que, como psicoanalista, vengo desarrollando en el campo de la clínica desde hace once años.
Ser madre conlleva saber mantener un equilibrio entre lo afectivo y lo educativo. Equivale a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación.
A un hijo se le debe dar lo necesario. Los excesos a la larga generan perturbaciones. La educación, por tanto, no debe llevarse a cabo según los gustos personales ni del uno ni de la otra porque, muchas veces, lo que una madre quiere dar a su hijo no es lo que más le conviene.
Esta es la primera regla y quizás la más importante para llevar adelante una buena labor educativa.
Debemos tener en cuenta que la maternidad es un hecho biológico. Ser madre, en cambio, pertenece al orden de lo psíquico y lo psíquico, en cada mujer, está determinado por el modo en que fue educada.
Somos la herencia psíquica de nuestros padres.
Ser madre es mucho mas que el proceso fisiológico de engendrar y dar a luz un hijo. La mujer, por regla general, pocas veces piensa cómo va a educar a ese niño y bajo qué parámetros educativos llevará a cabo dicha tarea. Normalmente, suele basarse en la propia experiencia personal de cómo lo hicieron con ella sus padres y desde ese lugar, aplica idénticos patrones ideológicos - educativos sobre el recién nacido.
Sería deseable tener algo mas que los propios criterios ideológicos a la hora de enfrentar dicha responsabilidad. En infinidad de ocasiones, el modo en que fuimos educados resulta ser válido para transmitírselo a nuestros hijos pero en otras, ese modelo no resulta el más adecuado por el descubrimiento de carencias o fisuras educativas en nuestra propia educación.
Por tanto, deberíamos dejar de lado algunos de los principios ideológicos familiares y sociales, incluidos nuestros gustos personales, y tomar solo aquellos mas convenientes para dicho fin.
Una conducta equivocada sería proyectar sobre nuestros hijos aquellas cosas que nos hubiera gustado que hicieran con nosotros. Se tiene la tendencia inconsciente de querer dar todo aquello que, en nuestra infancia, nos hubiera gustado recibir. Eso puede o no resultar correcto porque, inconscientemente, estamos imponiendo un modelo de vida que no sabemos si va a ser el que ellos desean para sí . Lo adecuado es proporcionar al niño un abanico de posibilidades creativas y culturales, dejando que desarrolle sus propios gustos para que vaya creándose en él, alguna idea sobre lo le gustaría hacer o ser en la vida.
Otra tendencia educativa habitual en los padres es querer satisfacer todas las demandas del niño. Cuando una madre da a su hijo todo lo que pide, por el mero hecho de dar, sin un criterio lógico y objetivo educacional, acabará deformando su educación.
Por eso, no es conveniente e incluso puede llegar a ser contraproducente proyectar nuestras carencias infantiles sobre nuestros hijos. El nuevo ser debe aprender a desarrollarse con autonomía e independencia de lo que fue y es nuestra vida. Muchas veces, los adultos se sienten frustrados por no haber alcanzado aquello que dicen querer, únicamente por seguir el modelo de vida que sus padres les impusieron.
Una madre y un padre transmiten la herencia de un cierto modelo ideológico familiar, social y educacional. La familia es el primer modelo de sociedad para el recién nacido. Dentro de la estructura familiar se enseña al niño las normas y leyes necesarias para hacer frente al mundo y sus exigencias.
Las Instituciones educativas se encargarán después de añadir nuevos valores a su educación y por último, la propia sociedad y el Estado será quién imponga los modelos de conducta para convivir en armonía con el resto del mundo.
El matriarcado es el fundamento de toda sociedad. La estructura familiar necesita de la figura materna para que podamos hablar de familia. Ella es el centro de ese universo por ser dadora de vida. Su misión principal - entre las muchas que ejerce – junto al padre consiste en mantener íntegra dicha unidad hasta que los hijos estén preparados para abandonarla y ser, a su vez , fundadores de su propio núcleo familiar. Por tanto, la ley que rige la familia en la especie humana es que una madre debe tener hijos para entregárselos al mundo y no para quedárselos.
Este es el mayor reto con el que topa: aceptar que los hijos no se tienen para sí sino para el mundo.
Desprenderse de ese sentimiento de propiedad recíproco entre padres e hijos es uno de los mayores desafíos y el que acarrea más complicaciones psíquicas al ser humano a lo largo de su vida.
Una educación correcta y adecuada es aquella que se enfoca hacia la consecución por parte del niño de su independencia y autonomía con respecto a la propia estructura familiar. Esto permitirá que pueda tener una vida propia con independencia de la de sus padres y que, en un futuro, sea él quien decida las opciones que quiera llevar a cabo.
La mayoría de nosotros olvidamos este principio y con frecuencia, las madres suelen manipular la educación de sus hijos, de un modo inconsciente, para que estos tengan una dependencia afectiva extrema y de ese modo, no puedan separarse de ellas. Esta actitud se corresponde con cierto tipo de neurosis que padecen sin tener conciencia de ello. Suelen ser mujeres que han mostrado algún desequilibrio afectivo durante su infancia o con la pareja y centran todas sus carencias emocionales y afectivas en los hijos. Esto les lleva a generar un sentimiento inconsciente de propiedad sobre ellos que les impulsa a no enfocar adecuadamente la educación , que debería orientarse hacia su futura autonomía e independencia.
El resultado será la producción en el niño de una fijación emocional a la madre y una desviación de su camino hacia el mundo, que le supondrá serias dificultades para establecer lazos de afecto, sentimientos y deseos hacia otras personas que no sean ella. ¡ Cuantas vidas hemos visto truncadas y estropeadas por ese egoísmo neurótico, por ese sentimiento de propiedad tan enorme que prefirió estrangular los proyectos de sus seres mas queridos antes que renunciar a su propia satisfacción personal!.
¿ Que debes hacer? .
Si has vivido una infancia carente de afectos familiares o no encuentras satisfacción personal dentro de tu relación de pareja, debes evitar volcar dichas carencias en tus hijos porque si lo haces, solo lograrás crearles una dependencia emocional muy intensa hacia ti que entorpecerá su desarrollo emocional y afectivo. En muchas ocasiones, pueden llegar hasta el extremo de contagiarse de la neurosis materna y renunciar al mundo para estar siempre y en todo momento junto ella . Sin embargo, en otras, aunque la madre lo intente por todos los medios a su alcance, no lo consigue. Cuando los hijos crecen y se marchan del hogar familiar para iniciar su propia vida, puede ocurrir que esta se sienta abandonada y este hecho ser la posible causa de la génesis de un trastorno depresivo. Es lo que popularmente llamamos el Síndrome del nido vacío.
Si eres una mujer que siente que no es suficientemente querida por su familia o su pareja, deberías acudir a un psicoanalista para resolver esa inseguridad afectiva y emocional que hace que te creas sola y poco amada. De otra manera, acabarás centrando dichas carencias en la vida de tus hijos lo que, a la larga, será causa de serias complicaciones en la convivencia diaria no solo para ti sino para toda la familia.
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