La familia, es hoy por hoy el primer modelo de sociedad para todo ser humano, de manera que cuando el niño nace, se encuentra ya dentro de una estructura donde existen una serie de personas con su manera de ser, de vivir, de actuar y es ese entorno en el cual el ser humano comienza a desarrollarse. De manera que la madre, el padre, los abuelos irán transmitiendo al niño la manera de pensar que tienen. Esta es la razón por la cual las personas nos parecemos mas al padre o la madre según el grado de relación que hayamos tenido con ellos.
Y aquí comienza todo. Cuando el niño nace, la primera relación es con la madre. Podemos decir que la dependencia del niño hacia la figura de la madre es extrema, tanto es así que los niños, cuando nacen, nacen inmaduros. No comienzan a ver hasta el día 21 y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta los 6 meses. La relación que se establece entre el niño y la madre es muy íntima, de hecho podemos comprobar que todos los estado emocionales de la madre, tienen repercusión en el niño. Según como la madre se sienta, así se sentirá el niño. Es una relación tan cercana que cualquier malestar o bienestar de la madre, el niño es capaz de sentirlo.
Lo que es cierto que cuando el niño va creciendo, se va dando cuenta que sin la figura de la madre, el no hubiera podido sobrevivir. Esto acaba generando en muchas personas un sentimiento de deuda, de agradecimiento que hace que todas las persona nos sentimos deudores con nuestras madres.
El algún momento dado, el niño comienza a darse cuenta que tiene un padre. Que es el producto de la unión de su madre con su padre. Frente a este descubrimiento, es cuando se produce el origen de los celos. De hecho, la primera manifestaciones celosas de los niños suelen ser hacia la figura del padre, al que tratan de echar del lado de la madre, metiéndose en la cama con la madre y tratando de ocupar su lugar. También es frecuente ver que muchos niños durante la infancia se vuelven agresivos hacia la figura materna. De hecho, muchas personas de mayores, se llevan mal con la madre y no saben exactamente por qué. La causa, tiene que ver con los celos que se les despertó cuando se dieron cuenta que la madre estaba casada con el padre. ¿ Qué ocurre.? Pues que los niños tienen una marcada tendencia egoísta, de manera que suelen sentirse en posesión de su madre como si les perteneciera, de manera que cuando descubren que ella mantiene algún tipo de relación con el padre, justo ahí, se les despierta los celos y la agresividad. Podemos decir que los celos del adulto son una variante de los celos infantiles y que la agresividad no justificada hacia el padre o la madre durante la edad adulta, no deja de ser más que una manifestación de dichos celos infantiles que no ha logrado ser superados. ¿ Cómo resuelve normalmente un niño esta situación.? Pues identificándose a uno de los dos progenitores. Normalmente los niños se quieren parecen al padre y las niñas a la madre. Y de aquí la circunstancia que una vez adulto, el niño identificado al padre, buscará una mujer que se parezca a su madre y la niña identificada a la madre, buscará un hombre parecido a su padre.
Podemos decir que muchas personas tienen un apego tan importante a las figura de los padres- los tienen muy idealizados- que luego no logran encontrar nada mejor que ellos. Cuando una mujer no logra encontrar un hombre que la llene o un hombre nunca encuentra una mujer que le convenza, podemos decir que el problema radica en que estas personas, cada vez que conocen a alguien, inconscientemente los comparan con la figura de los padre y si el padre o la madre están muy idealizados difícilmente podrá gustarles otra persona, porque para el o ella, los padres siempre serán mejores.
Existe el caso contrario. Hombre y mujeres que no se llevaron bien con sus padres y buscan un modelo de pareja totalmente distinto a la figura de sus padres. Lo que si podemos certificar es que las personas eligen pareja siempre en relación a los fantasmas afectivos familiares. Y que todos los problemas de pareja guardan una relación íntima e inconsciente con la relación que de pequeño se tuvo con los mismos.
A veces observamos que cuando una pareja se separa, ambos o algunos de ellos acaban volviendo a casa de los padres. Aquí podemos decir que son personas que no han podido separarse de los mismos y que tras intentarlo, han acabado volviendo al redil familiar.
Algunas mujeres que nunca se llevaron bien con la madre, acaban manteniendo con su pareja la mala relación que tenía con la madre. Podemos decir que están continuamente reprochándoles que no les dan suficiente atención, amor, cariño. Es lo mismo que en su infancia, recriminaban a su propia madre.
Otra cuestión compleja, es acercarnos al perfil del hombre maltratador. Los estudios se ha dado cuenta que el 90 % de los maltratados tenía una relación muy fuerte con la figura de la madre. A veces, dicha relación era muy tormentosa y a veces muy amorosa. Lo que es cierto es que la figura de la madre es muy importante para ellos. Podemos decir que si maltratan a la mujer siempre suele ser por una cuestión de celos. Una veces consciente y otras veces inconsciente. De hecho, cuando un hombre se ha llevado muy mal con su madre, por norma general, suele llevarse mal con las mujeres y todo el rencor que sentía hacia la madre, ahora lo descarga hacia la figura de la mujer. De hecho los hombres violentos, suelen ser muy posesivos y creen que la mujer les pertenece. De pequeños, fueron muy posesivos con la madre y también creían que les pertenecía. Por eso cuando la madre tiene otro hijo o descubren que el padre es el marido de la madre, sufren tal decepción que nunca jamás se lo personan a ella y esa especie de rabia o de odio, luego lo descargan con su mujer.
Los celos dentro de la pareja suelen ser de varios tipos: normales, proyectados y paranoicos. Los celos normales tienen que ver con el sentimiento de haber perdido a la otra persona frente a un rival al que consideramos mejor. Este hecho provoca tristeza y nos hace sentir culpa, responsabilizándonos de dicha pérdida. El sentimiento que se suelen despertar hacia la persona querida es de rabia, pudiendo ser transformados los celos en un afán de venganza.
Los celos proyectados tienen que ver cuando la persona no reconoce que es ella la que desearía ser infiel a su pareja pero como no se atreve a confesárselo a sí misma, prefiere proyectar sus deseos sobre la otra persona. Es el típico hombre que le gustaría se infiel a su mujer pero que no se atreve y como le da culpa, lo proyecta sobre su mujer y le acusa a ella de estar siéndole infiel cuando es él, quien verdaderamente deseaía serlo. Son los celos mas frecuentes y a la vez los celos menos comprendidos. Cuando un hombre o una mujer se obsesionan con que su pareja les está siendo infiel, debemos de pensar que en el fondo, son ellos mismos lo que quisieren cometer infidelidad pero su moral no se lo permite y a la vez, les hace sentir culpables.
Otro problema que tienen muchas madres es el afán de posesión sobre sus hijos. Tal es así que acaban anulando a la figura del padre. Podemos decir que para estos hijos, es como si el padre no existiera. El problema que esto origina es la enorme dependencia afectiva que se produce entre el niño y la madre. Lazo que luego de adulto cuesta mucho romper. El problema es que cuando la figura del padre es débil o poco presente, esto produce un efecto negativo en el desarrollo emocional del niño. Este exceso de madre y carencia de madre puede hacer que de mayor, el niño trate de buscar aquello que le faltó de pequeño: la figura paterna.
Todos los problemas afectivos de los adultos tienen que ver con excesos y con carencia afectivas que acontecieron durante la infancia. Cuando hay mucho cariño, luego es difícil de encontrar en el mundo un cariño similar al de los padres y esto le pasa a muchas personas adultas que siempre están o se sienten insatisfechas con el cariño de su pareja o todo lo que el otro hace siempre les parece insuficiente. Esto ocurre porque inconscientemente lo están comparando con el cariño de los padre y claro, frente a los mismos, cualquier comparación se queda pequeña.
Por norma general las personas que no fueron muy queridas durante su infancia suelen ser luego mas felices cuando encuentran a alguien que les quiera, porque descubren algo que no tenía. Pero también los hay que al no sentirse queridos de pequeños se quedan para siempre insatisfechos, de manera que nada ni nadie les puede dar ese amor que los padres no le dieron cuando eran pequeños y sufren constantemente.
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martes, 24 de febrero de 2009
miércoles, 14 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA (VII)
Nacemos con instinto sexual.
No podemos negar las evidentes semejanzas y diferencias entre lo humano y lo animal. El hombre, como un eslabón más dentro de la cadena evolutiva , es mortal y necesita del impulso sexual para cumplir con la especie y no desaparecer. Por tanto, hay algo en la sexualidad humana puesto al servicio de la reproducción. Sin embargo lo que lo diferencia del resto de seres vivientes es el proceso educativo y represivo al cual somete su instinto sexual.
Si dejáramos a un niño criarse a su libre albedrío, sin palabras, crecería como un animal salvaje. Es gracias al proceso educativo que se irá transformando en humano. Su instinto sexual tomará la forma de una sexualidad civilizada.
Debemos partir de una cierta concepción de instinto para entender el desarrollo evolutivo de la sexualidad en el niño.
El instinto es del orden del impulso; es decir, algo que en parte no se puede controlar por estar más cerca de lo animal que de lo humano.
El niño tiene sexualidad desde que nace y esta es como una semilla dispuesta a germinar y crecer en él. A lo largo del desarrollo, la educación familiar y social la irá moldeando, sometiéndola a una represión progresiva.
No debemos olvidar que el niño siempre va a tener sexualidad, independientemente de que lo muestre o lo reprima, hecho que va a depender del ambiente educativo y de las circunstancias personales que le rodeen durante la primera época de la vida.
Hay una etapa infantil denominada PERIODO DE LATENCIA en la que, aparentemente, los niños no parecen observar ningún interés por las cuestiones sexuales. Este periodo acontece, una vez que se ha constituido en el psiquismo el mecanismo de la represión, mediante el cual se puede afrontar de una manera más civilizada el despertar de la sexualidad en la etapa de la pubertad o adolescencia.
La represión se establece a raíz de que el niño recibe sus primeras críticas y reprimendas por mostrar abiertamente aquello que debe ser privado. La familia y las instituciones educativas le transmiten la conducta socialmente aceptada en relación a la micción, la defecación, mostrar la propia desnudez en público, etc. y él, en esa oscilación entre lo conveniente o no de sus actos , aprenderá a ejercer el dominio sobre sus instintos sexuales.
Gracias a que entre los destinos de la pulsión, se encuentra la capacidad de SUBLIMAR el instinto sexual, el niño podrá centrar su energía psíquica en las actividades culturales que le corresponde hacer ; por ejemplo, ir al colegio, jugar o estudiar. La falta de concentración o la detención en el desarrollo intelectual tiene que ver, por lo general, con no poder sublimar dichos instintos, los cuales ocupan constantemente su pensamiento e interfieren con el aprendizaje de otras materias.
Tal vez, al leer estas páginas, alguna madre o algún educador se pregunte: si el instinto sexual es tan importante para el desarrollo emocional del niño ¿ por qué no dejamos que aflore permanentemente en lugar de reprimirle.? La respuesta es bien sencilla.
Durante el periodo infantil, el instinto sexual no puede cumplir con la función a la cual está destinado: formar pareja, gozar del sexo y reproducirse, por que el niño todavía no tiene capacidad funcional para ello.
Cuando algunos padres dejan que su hijo muestre abiertamente ciertas actividades sin ejercer sobre ellas ninguna labor represiva , estas terminan por producir alteraciones en el desarrollo emocional y sexual que pueden desembocar en conductas sexuales perversas.
Encontramos numerosos casos clínicos de niños que mantuvieron relaciones sexuales muy tempranas con otros del mismo o de diferente sexo; relaciones incestuosas con sus hermanos menores o con adultos e incluso, algunos con las mascotas de la familia.
Aunque nuestro propósito no es atemorizar al lector, estas y otras cosas aún más graves pueden suceder en esta etapa infantil y con mas frecuencia todavía de lo que pensamos. Sólo con prestar más atención a esa faceta tan descuidada que es la sexualidad infantil, evitaremos que acontezcan accidentes en el desarrollo educativo de nuestros hijos.
Cerramos este apartado diciendo que aunque haya un periodo de latencia, durante el cual padres y pedagogos toman a su cargo la educación del niño, la eficacia para dominar el instinto sexual infantil nunca se alcanza totalmente
No podemos negar las evidentes semejanzas y diferencias entre lo humano y lo animal. El hombre, como un eslabón más dentro de la cadena evolutiva , es mortal y necesita del impulso sexual para cumplir con la especie y no desaparecer. Por tanto, hay algo en la sexualidad humana puesto al servicio de la reproducción. Sin embargo lo que lo diferencia del resto de seres vivientes es el proceso educativo y represivo al cual somete su instinto sexual.
Si dejáramos a un niño criarse a su libre albedrío, sin palabras, crecería como un animal salvaje. Es gracias al proceso educativo que se irá transformando en humano. Su instinto sexual tomará la forma de una sexualidad civilizada.
Debemos partir de una cierta concepción de instinto para entender el desarrollo evolutivo de la sexualidad en el niño.
El instinto es del orden del impulso; es decir, algo que en parte no se puede controlar por estar más cerca de lo animal que de lo humano.
El niño tiene sexualidad desde que nace y esta es como una semilla dispuesta a germinar y crecer en él. A lo largo del desarrollo, la educación familiar y social la irá moldeando, sometiéndola a una represión progresiva.
No debemos olvidar que el niño siempre va a tener sexualidad, independientemente de que lo muestre o lo reprima, hecho que va a depender del ambiente educativo y de las circunstancias personales que le rodeen durante la primera época de la vida.
Hay una etapa infantil denominada PERIODO DE LATENCIA en la que, aparentemente, los niños no parecen observar ningún interés por las cuestiones sexuales. Este periodo acontece, una vez que se ha constituido en el psiquismo el mecanismo de la represión, mediante el cual se puede afrontar de una manera más civilizada el despertar de la sexualidad en la etapa de la pubertad o adolescencia.
La represión se establece a raíz de que el niño recibe sus primeras críticas y reprimendas por mostrar abiertamente aquello que debe ser privado. La familia y las instituciones educativas le transmiten la conducta socialmente aceptada en relación a la micción, la defecación, mostrar la propia desnudez en público, etc. y él, en esa oscilación entre lo conveniente o no de sus actos , aprenderá a ejercer el dominio sobre sus instintos sexuales.
Gracias a que entre los destinos de la pulsión, se encuentra la capacidad de SUBLIMAR el instinto sexual, el niño podrá centrar su energía psíquica en las actividades culturales que le corresponde hacer ; por ejemplo, ir al colegio, jugar o estudiar. La falta de concentración o la detención en el desarrollo intelectual tiene que ver, por lo general, con no poder sublimar dichos instintos, los cuales ocupan constantemente su pensamiento e interfieren con el aprendizaje de otras materias.
Tal vez, al leer estas páginas, alguna madre o algún educador se pregunte: si el instinto sexual es tan importante para el desarrollo emocional del niño ¿ por qué no dejamos que aflore permanentemente en lugar de reprimirle.? La respuesta es bien sencilla.
Durante el periodo infantil, el instinto sexual no puede cumplir con la función a la cual está destinado: formar pareja, gozar del sexo y reproducirse, por que el niño todavía no tiene capacidad funcional para ello.
Cuando algunos padres dejan que su hijo muestre abiertamente ciertas actividades sin ejercer sobre ellas ninguna labor represiva , estas terminan por producir alteraciones en el desarrollo emocional y sexual que pueden desembocar en conductas sexuales perversas.
Encontramos numerosos casos clínicos de niños que mantuvieron relaciones sexuales muy tempranas con otros del mismo o de diferente sexo; relaciones incestuosas con sus hermanos menores o con adultos e incluso, algunos con las mascotas de la familia.
Aunque nuestro propósito no es atemorizar al lector, estas y otras cosas aún más graves pueden suceder en esta etapa infantil y con mas frecuencia todavía de lo que pensamos. Sólo con prestar más atención a esa faceta tan descuidada que es la sexualidad infantil, evitaremos que acontezcan accidentes en el desarrollo educativo de nuestros hijos.
Cerramos este apartado diciendo que aunque haya un periodo de latencia, durante el cual padres y pedagogos toman a su cargo la educación del niño, la eficacia para dominar el instinto sexual infantil nunca se alcanza totalmente
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martes, 13 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA (VI)
A mi nunca me han querido lo suficiente.
Esta frase, que todos hemos oído o pronunciado alguna vez, suele expresar generalmente una circunstancia de nuestra realidad familiar o de pareja, vivida como carencia afectiva y emocional. Salvo casos específicos o muy concretos de alta conflictividad dentro de su seno (hijos no deseados, delincuencia, maltrato familiar) se considera una apreciación SUBJETIVA, dado que no se puede medir ni verificar objetivamente que significa recibir poco o mucho amor de los demás. Por regla general, esta aseveración acerca de la realidad no deja de manifestar más que un sentimiento – universal - neurótico infantil, cuya base inconsciente son los celos padecidos por el niño y la niña durante dicha época, hacia la figura de la madre, del padre o de los hermanos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los celos infantiles pueden durar toda la vida y ser la causa inconsciente de los reproches que dirigimos a nuestra pareja acerca de su falta de amor o de cariño.
“ Mis padres nunca me quisieron lo suficiente.” pero ¿ qué es suficiente.? ¿dónde está, en el niño, el punto de equilibrio entre lo que es para él necesidad de amor y demanda-voracidad de amor ?. Para un niño, nunca será suficiente el amor que reciba de sus padres y siempre se sentirá amado de menos debido a su naturaleza egoísta: todo lo quiere exclusivamente para él. Entonces, cuando tiene “ la desgracia “ de tener que compartir el amor de sus padres con el resto de sus hermanos, el sentimiento de carencia afectiva se acentúa aún más. Por tanto, si de adulto sigue experimentando dicha sensación, debe pensar que tiene que ver con una situación de celos infantiles que aún no ha podido resolver.
Si pudiéramos ser realmente objetivos y capaces de dejar de lado esos celos , comprenderíamos que la prueba mas verdadera de haber recibido todo el amor necesario es que hemos vivido hasta el momento presente, lo que significa que nos procuraron los cuidados suficientes para que no muriéramos.
Cuidar, educar y dejar que un hijo se desarrolle con la mayor libertad ideológica y de juicio posible, es la mas grande prueba de amor que unos padres pueden dar. . Todo lo que se pida más allá de esto, podemos considerarlo como DEMANDA NEUROTICA.
¿ Qué debes hacer.?
Una madre NUNCA debe olvidar que su hijo va a considerar que TODO LO QUE LE DA SIEMPRE ES POCO . Por lo general, la voracidad infantil suele ser así de extrema.
Cuando te haga referencia a que no le quieres lo suficiente, debes considerar que está atravesando por una situación de celos generada en su relación con el padre o con algún hermano.
Tienes que hacerle entender, poco a poco y día a día , que hay que aprender a compartir el amor con los demás y que los otros – familiares, amigos y pareja- tienen el mismo derecho que él a ser queridos.
Esta frase, que todos hemos oído o pronunciado alguna vez, suele expresar generalmente una circunstancia de nuestra realidad familiar o de pareja, vivida como carencia afectiva y emocional. Salvo casos específicos o muy concretos de alta conflictividad dentro de su seno (hijos no deseados, delincuencia, maltrato familiar) se considera una apreciación SUBJETIVA, dado que no se puede medir ni verificar objetivamente que significa recibir poco o mucho amor de los demás. Por regla general, esta aseveración acerca de la realidad no deja de manifestar más que un sentimiento – universal - neurótico infantil, cuya base inconsciente son los celos padecidos por el niño y la niña durante dicha época, hacia la figura de la madre, del padre o de los hermanos. Sin embargo, debemos tener en cuenta que los celos infantiles pueden durar toda la vida y ser la causa inconsciente de los reproches que dirigimos a nuestra pareja acerca de su falta de amor o de cariño.
“ Mis padres nunca me quisieron lo suficiente.” pero ¿ qué es suficiente.? ¿dónde está, en el niño, el punto de equilibrio entre lo que es para él necesidad de amor y demanda-voracidad de amor ?. Para un niño, nunca será suficiente el amor que reciba de sus padres y siempre se sentirá amado de menos debido a su naturaleza egoísta: todo lo quiere exclusivamente para él. Entonces, cuando tiene “ la desgracia “ de tener que compartir el amor de sus padres con el resto de sus hermanos, el sentimiento de carencia afectiva se acentúa aún más. Por tanto, si de adulto sigue experimentando dicha sensación, debe pensar que tiene que ver con una situación de celos infantiles que aún no ha podido resolver.
Si pudiéramos ser realmente objetivos y capaces de dejar de lado esos celos , comprenderíamos que la prueba mas verdadera de haber recibido todo el amor necesario es que hemos vivido hasta el momento presente, lo que significa que nos procuraron los cuidados suficientes para que no muriéramos.
Cuidar, educar y dejar que un hijo se desarrolle con la mayor libertad ideológica y de juicio posible, es la mas grande prueba de amor que unos padres pueden dar. . Todo lo que se pida más allá de esto, podemos considerarlo como DEMANDA NEUROTICA.
¿ Qué debes hacer.?
Una madre NUNCA debe olvidar que su hijo va a considerar que TODO LO QUE LE DA SIEMPRE ES POCO . Por lo general, la voracidad infantil suele ser así de extrema.
Cuando te haga referencia a que no le quieres lo suficiente, debes considerar que está atravesando por una situación de celos generada en su relación con el padre o con algún hermano.
Tienes que hacerle entender, poco a poco y día a día , que hay que aprender a compartir el amor con los demás y que los otros – familiares, amigos y pareja- tienen el mismo derecho que él a ser queridos.
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miércoles, 7 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( IV)
Y EL PADRE ¿ QUE PINTA EN TODO ESTO ?
En este punto, debemos hacernos la siguiente reflexión: si no hay algo o alguien que separe a la madre del niño, la unión de la célula narcisística podría durar más tiempo del conveniente para ambos. Sabemos, por definición, que la madre no desea separarse del hijo ni el hijo de la madre y este acontecimiento necesario solo se producirá si se dan ciertas condiciones procedentes del exterior.
Por tanto, vamos a llamar EL TERCERO a todo aquello que desvía la atención de la madre hacia su hijo y le muestra que no es único para ella en su deseo; por ejemplo, una llamada telefónica, el trabajo y sobre todo, la figura del padre.
El padre viene a interrumpir dicha unión , siendo necesaria su presencia para que ese ser único de la célula narcisística se divida y se constituya en dos diferentes e independientes. Para que existan el dos tiene que haber tres. Es el número tres – el padre- el que otorga la existencia al número dos, es decir, el tercero viene a diferenciar y a distinguir al niño de la madre.
Muchos problemas de pareja surgen con la llegada del primer hijo debido a que, lo único que la mujer deseaba del hombre, era ser madre y cuando su deseo se ve cumplido, aquel pasa a un segundo plano en la relación madre- hijo. Ella no está dispuesta a compartir su producto y el padre-marido-pareja se convierte en un obstáculo molesto, con el que acaba, por lo general, por romper , una vez alcanzado su objetivo.
Pero ¿ qué es un padre? . Ser padre es acceder a un lugar, a una posición desde la cual va a ejercer una función: LA FUNCION PATERNA.
Para todo hombre, alcanzar dicha posición tiene que ver con la transmisión inconsciente de una función que va a depender del modo en que su propio padre la ocupó, a su vez, para él.
La función paterna consiste en trasmitir que hay Ley. El padre debe enseñar al hijo las normas sociales : lo que es bueno y lo que es malo, lo que está prohibido y lo que está permitido.
Tanto la ideología materna como la paterna se trasmiten de generación en generación y guardan relación con la función padre y la función madre en ambos sexos.
Cuando un padre no es capaz de llevar a cabo su función correctamente, decimos que es UN PADRE DESVALORIZADO.
Cuando a sus hijos les corresponda esa tarea, mal transmitida, posiblemente lo harán , a su vez, de forma fragmentada e incompleta. Esto es lo que denominamos HERENCIA PSÍQUICA GENERACIONAL DE UN PADRE
El Padre es una realidad sagrada en sí misma, más espiritual que de cualquier otra índole. Al Padre solo se le puede amar porque es quien trasmite el orden familiar y social.
El equilibrio emocional y educacional que los hijos muestran en la realidad es efecto indicativo de que el padre ha ejercido correctamente su función.
Como viene de la mano de la aceptación de que madre y niño son dos, deducimos que hubo de haber presencia de la figura paterna.
La mayoría de los trastornos emocionales y de conducta infantiles tienen que ver con alguna complicación en este proceso. Un niño puede tener un padre real y sin embargo, dificultades para simbolizarlo.
En la mayoría de los niños rebeldes y problemáticos, encontramos que algo relacionado con la función paterna todavía no está instalado en su psiquismo. La causa puede deberse a un padre débil que no logra posicionarse debidamente en su función o a una madre que eclipsa y anula dicha figura.
Para un niño ¿ qué es un padre.? En primer lugar, un rival molesto que viene a interrumpir esa unión perfecta que tiene con su madre y por tanto, el primer desencadenante de sus celos.
En segundo lugar y por definición, es un acto de fe . El niño debe creer a su madre cuando le dice que ese hombre es su padre. Así como nunca tuvo dudas acerca de quien es ella; que su padre lo sea es un convencimiento al que va a acceder solo si verdaderamente la cree; por tanto un padre siempre es una cuestión de creencia en la palabra de la madre.
Quiere esto decir, que si lo mira con amor y lo tiene en cuenta en los pequeños actos de la vida cotidiana no va a haber dudas pero si lo hace con recelo, con desconfianza o asco, el niño va a tener sospechas al respecto.
Las dudas neuróticas sobre si el padre que se dice tal, es el padre auténtico surgen, cuando la relación entre los progenitores no es del todo armoniosa. Cada vez que la madre, delante del niño, le discute o le quita la autoridad , va a quedar cuestionado. Por consiguiente, si una mujer tiene problemas con su pareja, en mas de una ocasión, va a surgir en ella la tendencia inconsciente a despreciarlo, censurarlo y anularlo frente al hijo, lo que va a ser aprovechado para confirmar la hipótesis de que “ ese rival tan molesto, al que tan poco quiere mi madre, no puede ser mi padre “.
El padre es el eslabón necesario que regula la relación del niño con la madre.
El padre existe solo si la madre lo autoriza a existir como tal. La figura del padre biológico no se corresponde con el padre simbólico. El padre es, por tanto, una construcción a la que se llega a través de la palabra de la madre, que es quien le reconoce su autoridad, su valor y su crédito frente al niño. Por eso, cuando lo desprecia o lo desvaloriza , podemos asegurar que “ cae “; es decir, que el muchacho se queda sin representación psíquica de la figura paterna, aunque lo tenga sentado a su lado.
No debemos confundir al padre simbólico - lo que el niño cree que es un padre - con el padre real - el hombre con el que convive él y su madre .
Su modo de intervenir debe ser mediante la palabra, única forma efectiva de educar y de prohibir.
El fundamento sobre el que se asienta el respeto al padre está muy cercano a la noción del temor a Dios. Temer al padre no es lo mismo que tenerle terror. El miedo – a perder su amor - es necesario para que, en el niño se establezca el respeto a las normas y al orden para que esto suceda, él también debe estar sujeto a la Ley .
El padre debe ser tolerante pero no permisivo con las transgresiones infantiles. Debe ser justo y señalar el límite entre lo que está bien y lo que está mal. Cuando el padre marca o actúa ante un comportamiento no pertinente del niño, LA MADRE NO DEBE INTERVENIR BAJO NINGUN CONCEPTO. Siempre es preferible que le muestre algo de miedo - aunque pueda parecer un poco excesivo- que una falta de respeto y credibilidad ante la prohibición efectiva.
Algunas madres discuten continuamente lo que es o no es justo con respecto al modo en que el padre lleva adelante la educación de sus hijos. Eso va a depender del concepto de padre que, como hija, haya construido. Si piensa que fue injustamente corregida por él, podemos asegurar - salvo que encuentre un hombre con el concepto de padre como portador de la Ley muy bien instalado – que no aceptará ninguna intervención en materia educativa sin cuestionarla. En cambio, si tuvo un padre muy permisivo, lo más probable es que tienda a no tomar en consideración las enseñanzas que el padre intente impartir en dicho proceso.
Lejos de lo que habitualmente se cree, no es contraproducente para el niño sentir cierto temor al padre pues eso será la base del futuro respeto a la sociedad y a sus miembros.
El respeto al padre es el fundamento sobre el cual se va a desarrollar el sentimiento de la propia seguridad personal.
Al contrario de lo que muchos piensan, debemos señalar que el temor al padre no es causa de ningún trauma infantil ni produce inseguridad alguna. Mas bien, las inseguridades se generan cuando todo le está permitido al niño.
La experiencia nos enseña que cuando la familia permite o da por bueno cualquier comportamiento de uno de sus integrantes, esta falsa seguridad creada dentro del hogar va a chocar, tarde o temprano, con lo que se espera de él cuando sale al mundo exterior. La realidad termina por poner las cosas en su sitio, porque muestra que NO TODO está permitido y que las normas sociales existen para el buen funcionamiento del mundo.
Por regla general, los niños muy caprichosos o excesivamente consentidos durante la infancia son los que mas sufren a la hora de la adolescencia y en la vida adulta. Son niños educados por padres que no les han impuesto un límite. Han recibido - material y afectivamente – en demasía y les han sido permitidas todas sus actitudes y conductas. Al crecer y verse obligados a salir de este ámbito, el choque es brutal cuando comprenden que el mundo NO ES TAN GENEROSO como su familia y que en la vida real, conseguir las cosas necesarias y el respeto de las personas, requiere un trabajo continuo, algo a lo que no estaban acostumbrados dentro de su entorno. Por todo lo cual, su nivel de frustración y de infelicidad se acentuará con el paso de los años.
Al revés de lo que pensamos: si al niño se le enseña a aprender a tolerar las frustraciones materiales y afectivas que se generan en todo proceso educativo, se hará mas precavido y respetuoso cuando crezca y tenga que enfrentarse a las diversas situaciones que la propia vida le vaya deparando.
El respeto y el temor al padre posicionan al niño y a la niña frente a la función de la virilidad. Una posición paterna excesivamente permisiva o pasiva puede impulsar a que los hijos inclinen sus preferencias sexuales hacia una elección de objeto homosexual .
Las mujeres casadas en segundas nupcias con hijos de una primera relación pueden tener, a veces, problemas para tolerar las intervenciones de su nueva pareja sobre ellos. Esto es un error muy grave. El padre, independientemente de que sea o no sea el padre biológico, es mas una función que una figura física. Por tanto, da igual quien la ocupe siempre y cuando esté bien llevada a cabo. De hecho, muchos niños consideran a su segundo padre mejor que al primero, lo que tiene que ver con la credibilidad que la madre le otorgue en su nuevo cometido. Si ella lo acepta y lo asume como tal , el niño también lo aceptará.
Las funciones que el padre ejerce tienen que ver la introducción de la Ley y con el amor a lo social. Su tardía aparición lleva al niño a darse cuenta de que el amor de la madre, en realidad, es el padre y que él procede de la unión de ambos. El amor, tanto materno como paterno, tiene como significado la generosidad y representa para el hijo un DON DE AMOR.
. Un padre ama a su hijo de manera incondicional, sin pedirle nada a cambio y sólo quiere para él que se desarrolle como ser humano. Por eso, lo único que se puede hacer por el padre es amarlo.
En algunas circunstancias, puede ocurrir que encontremos mujeres que les impidan situarse adecuadamente en su función Es el caso de las llamadas MADRES OPACAS que se interponen para no dejar pasar a través de ellas, la palabra del padre al niño. Son madres auténticamente neuróticas que solo viven para sus hijos sin importarles para nada el resto del mundo. Nunca dejan intervenir a su partenaire en las actividades educativas y si lo hace, se toman el cuidado de anular, despreciar o desprestigiar sus opiniones ante el hijo y la sociedad.
En contraposición, la variante sana serían las llamadas MADRES TRANSPARENTES, mujeres que valoran y respetan la figura paterna y permiten el necesario pase de la Ley.
Cuando en el sujeto no se instala adecuadamente la función paterna, debido a una posición desvalorizada del padre o a la intervención de una madre opaca, aparecerán importantes trastornos psíquicos durante su desarrollo emocional e intelectual .
Que la función del padre no exista , equivale a decir: “ Si Dios no existe, entonces todo está permitido “. ( Los Hermanos Karamázov. F. Dostoievski. )
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lunes, 5 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( II )
DE HIJA A MADRE
El hecho de la maternidad supone un cambio importantísimo dentro de la estructura familiar. En sí, para cualquier mujer, el acto de tener un hijo, modifica su rango familiar: ya que, a partir de entonces, no solo es la hija de su madre, sino también la madre de su hijo. Convertirse en madre conlleva tener que renunciar a aquel único papel para aceptar también este otro.
Esta importante decisión guarda una estrecha relación con el tiempo, pues supone tolerar su transcurso y los cambios que, con su paso, han ocurrido en nuestra existencia. La hija pasa al rango de madre y la madre al rango de abuela. Hablamos de un tiempo – cronológico - donde los seres humanos caminamos imparables hacia nuestro destino: el final de la vida.
La reproducción garantiza la continuidad de la familia humana.
La cadena biológica tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Engendrar un hijo corresponde al orden de lo biológico en el sentido de que el hombre y la mujer, para sobrevivir como especie, tienen que reproducirse y justo ahí, precisamente por eso, la pareja cumple su función principal: formar familia, es decir, crear un entorno adecuado para la supervivencia de su prole.
De modo que en ese acto, ambos deben aceptar su propia finitud; o sea, que por pertenecer a una especie mortal, son mortales y por esta causa deben reproducirse para que siga habiendo especie. Una mujer para poder ser madre tiene que saber que su propia madre es mortal. Las especies animales no saben del paso del tiempo, por eso solo se reproducen. Siguen la ley de la naturaleza porque no saben que van a morir. La maternidad humana, en cambio, debe pasar necesariamente por la elaboración de este hecho.
Tener un hijo es una decisión pero también lo es no tenerlo. La mortalidad propia es algo que los hombres y las mujeres difícilmente aceptan. En algunas parejas esta no aceptación, de manera inconsciente, es la causa de que decidan no tener hijos. Sin embargo, hay otras que habiéndola aceptado toman la misma decisión. Ser madre es un instinto de la propia naturaleza pero también es una decisión humana.
No hay mujer que nazca sabiendo ese oficio y el saber que cree poseer es el que le ha sido transmitido por su propia madre. La ideología con la que fue educada – familia, estado y religión - será el instrumento con el cual intentará llevar a cabo la educación de sus hijos, siendo habitual que cuando llega el primero prefiera tenerla cerca por la seguridad y la confianza que la infunde en este cometido.
El hecho de la maternidad supone un cambio importantísimo dentro de la estructura familiar. En sí, para cualquier mujer, el acto de tener un hijo, modifica su rango familiar: ya que, a partir de entonces, no solo es la hija de su madre, sino también la madre de su hijo. Convertirse en madre conlleva tener que renunciar a aquel único papel para aceptar también este otro.
Esta importante decisión guarda una estrecha relación con el tiempo, pues supone tolerar su transcurso y los cambios que, con su paso, han ocurrido en nuestra existencia. La hija pasa al rango de madre y la madre al rango de abuela. Hablamos de un tiempo – cronológico - donde los seres humanos caminamos imparables hacia nuestro destino: el final de la vida.
La reproducción garantiza la continuidad de la familia humana.
La cadena biológica tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Engendrar un hijo corresponde al orden de lo biológico en el sentido de que el hombre y la mujer, para sobrevivir como especie, tienen que reproducirse y justo ahí, precisamente por eso, la pareja cumple su función principal: formar familia, es decir, crear un entorno adecuado para la supervivencia de su prole.
De modo que en ese acto, ambos deben aceptar su propia finitud; o sea, que por pertenecer a una especie mortal, son mortales y por esta causa deben reproducirse para que siga habiendo especie. Una mujer para poder ser madre tiene que saber que su propia madre es mortal. Las especies animales no saben del paso del tiempo, por eso solo se reproducen. Siguen la ley de la naturaleza porque no saben que van a morir. La maternidad humana, en cambio, debe pasar necesariamente por la elaboración de este hecho.
Tener un hijo es una decisión pero también lo es no tenerlo. La mortalidad propia es algo que los hombres y las mujeres difícilmente aceptan. En algunas parejas esta no aceptación, de manera inconsciente, es la causa de que decidan no tener hijos. Sin embargo, hay otras que habiéndola aceptado toman la misma decisión. Ser madre es un instinto de la propia naturaleza pero también es una decisión humana.
No hay mujer que nazca sabiendo ese oficio y el saber que cree poseer es el que le ha sido transmitido por su propia madre. La ideología con la que fue educada – familia, estado y religión - será el instrumento con el cual intentará llevar a cabo la educación de sus hijos, siendo habitual que cuando llega el primero prefiera tenerla cerca por la seguridad y la confianza que la infunde en este cometido.
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domingo, 4 de enero de 2009
COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( I )
PROLOGO.
El presente libro pretende servir de ayuda a todas aquellas mujeres que ya son madres y a aquellas que, en un futuro, se planteen serlo.
El enfoque propuesto sirve a un fin orientativo porque la labor propiamente educativa ha de ser realizada tanto por la madre como por el padre.
Este libro es el resumen de un trabajo continuado que, como psicoanalista, vengo desarrollando en el campo de la clínica desde hace once años.
Ser madre conlleva saber mantener un equilibrio entre lo afectivo y lo educativo. Equivale a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación.
A un hijo se le debe dar lo necesario. Los excesos a la larga generan perturbaciones. La educación, por tanto, no debe llevarse a cabo según los gustos personales ni del uno ni de la otra porque, muchas veces, lo que una madre quiere dar a su hijo no es lo que más le conviene.
Esta es la primera regla y quizás la más importante para llevar adelante una buena labor educativa.
Debemos tener en cuenta que la maternidad es un hecho biológico. Ser madre, en cambio, pertenece al orden de lo psíquico y lo psíquico, en cada mujer, está determinado por el modo en que fue educada.
Somos la herencia psíquica de nuestros padres.
Ser madre es mucho mas que el proceso fisiológico de engendrar y dar a luz un hijo. La mujer, por regla general, pocas veces piensa cómo va a educar a ese niño y bajo qué parámetros educativos llevará a cabo dicha tarea. Normalmente, suele basarse en la propia experiencia personal de cómo lo hicieron con ella sus padres y desde ese lugar, aplica idénticos patrones ideológicos - educativos sobre el recién nacido.
Sería deseable tener algo mas que los propios criterios ideológicos a la hora de enfrentar dicha responsabilidad. En infinidad de ocasiones, el modo en que fuimos educados resulta ser válido para transmitírselo a nuestros hijos pero en otras, ese modelo no resulta el más adecuado por el descubrimiento de carencias o fisuras educativas en nuestra propia educación.
Por tanto, deberíamos dejar de lado algunos de los principios ideológicos familiares y sociales, incluidos nuestros gustos personales, y tomar solo aquellos mas convenientes para dicho fin.
Una conducta equivocada sería proyectar sobre nuestros hijos aquellas cosas que nos hubiera gustado que hicieran con nosotros. Se tiene la tendencia inconsciente de querer dar todo aquello que, en nuestra infancia, nos hubiera gustado recibir. Eso puede o no resultar correcto porque, inconscientemente, estamos imponiendo un modelo de vida que no sabemos si va a ser el que ellos desean para sí . Lo adecuado es proporcionar al niño un abanico de posibilidades creativas y culturales, dejando que desarrolle sus propios gustos para que vaya creándose en él, alguna idea sobre lo le gustaría hacer o ser en la vida.
Otra tendencia educativa habitual en los padres es querer satisfacer todas las demandas del niño. Cuando una madre da a su hijo todo lo que pide, por el mero hecho de dar, sin un criterio lógico y objetivo educacional, acabará deformando su educación.
Por eso, no es conveniente e incluso puede llegar a ser contraproducente proyectar nuestras carencias infantiles sobre nuestros hijos. El nuevo ser debe aprender a desarrollarse con autonomía e independencia de lo que fue y es nuestra vida. Muchas veces, los adultos se sienten frustrados por no haber alcanzado aquello que dicen querer, únicamente por seguir el modelo de vida que sus padres les impusieron.
Una madre y un padre transmiten la herencia de un cierto modelo ideológico familiar, social y educacional. La familia es el primer modelo de sociedad para el recién nacido. Dentro de la estructura familiar se enseña al niño las normas y leyes necesarias para hacer frente al mundo y sus exigencias.
Las Instituciones educativas se encargarán después de añadir nuevos valores a su educación y por último, la propia sociedad y el Estado será quién imponga los modelos de conducta para convivir en armonía con el resto del mundo.
El matriarcado es el fundamento de toda sociedad. La estructura familiar necesita de la figura materna para que podamos hablar de familia. Ella es el centro de ese universo por ser dadora de vida. Su misión principal - entre las muchas que ejerce – junto al padre consiste en mantener íntegra dicha unidad hasta que los hijos estén preparados para abandonarla y ser, a su vez , fundadores de su propio núcleo familiar. Por tanto, la ley que rige la familia en la especie humana es que una madre debe tener hijos para entregárselos al mundo y no para quedárselos.
Este es el mayor reto con el que topa: aceptar que los hijos no se tienen para sí sino para el mundo.
Desprenderse de ese sentimiento de propiedad recíproco entre padres e hijos es uno de los mayores desafíos y el que acarrea más complicaciones psíquicas al ser humano a lo largo de su vida.
Una educación correcta y adecuada es aquella que se enfoca hacia la consecución por parte del niño de su independencia y autonomía con respecto a la propia estructura familiar. Esto permitirá que pueda tener una vida propia con independencia de la de sus padres y que, en un futuro, sea él quien decida las opciones que quiera llevar a cabo.
La mayoría de nosotros olvidamos este principio y con frecuencia, las madres suelen manipular la educación de sus hijos, de un modo inconsciente, para que estos tengan una dependencia afectiva extrema y de ese modo, no puedan separarse de ellas. Esta actitud se corresponde con cierto tipo de neurosis que padecen sin tener conciencia de ello. Suelen ser mujeres que han mostrado algún desequilibrio afectivo durante su infancia o con la pareja y centran todas sus carencias emocionales y afectivas en los hijos. Esto les lleva a generar un sentimiento inconsciente de propiedad sobre ellos que les impulsa a no enfocar adecuadamente la educación , que debería orientarse hacia su futura autonomía e independencia.
El resultado será la producción en el niño de una fijación emocional a la madre y una desviación de su camino hacia el mundo, que le supondrá serias dificultades para establecer lazos de afecto, sentimientos y deseos hacia otras personas que no sean ella. ¡ Cuantas vidas hemos visto truncadas y estropeadas por ese egoísmo neurótico, por ese sentimiento de propiedad tan enorme que prefirió estrangular los proyectos de sus seres mas queridos antes que renunciar a su propia satisfacción personal!.
¿ Que debes hacer? .
Si has vivido una infancia carente de afectos familiares o no encuentras satisfacción personal dentro de tu relación de pareja, debes evitar volcar dichas carencias en tus hijos porque si lo haces, solo lograrás crearles una dependencia emocional muy intensa hacia ti que entorpecerá su desarrollo emocional y afectivo. En muchas ocasiones, pueden llegar hasta el extremo de contagiarse de la neurosis materna y renunciar al mundo para estar siempre y en todo momento junto ella . Sin embargo, en otras, aunque la madre lo intente por todos los medios a su alcance, no lo consigue. Cuando los hijos crecen y se marchan del hogar familiar para iniciar su propia vida, puede ocurrir que esta se sienta abandonada y este hecho ser la posible causa de la génesis de un trastorno depresivo. Es lo que popularmente llamamos el Síndrome del nido vacío.
Si eres una mujer que siente que no es suficientemente querida por su familia o su pareja, deberías acudir a un psicoanalista para resolver esa inseguridad afectiva y emocional que hace que te creas sola y poco amada. De otra manera, acabarás centrando dichas carencias en la vida de tus hijos lo que, a la larga, será causa de serias complicaciones en la convivencia diaria no solo para ti sino para toda la familia.
El presente libro pretende servir de ayuda a todas aquellas mujeres que ya son madres y a aquellas que, en un futuro, se planteen serlo.
El enfoque propuesto sirve a un fin orientativo porque la labor propiamente educativa ha de ser realizada tanto por la madre como por el padre.
Este libro es el resumen de un trabajo continuado que, como psicoanalista, vengo desarrollando en el campo de la clínica desde hace once años.
Ser madre conlleva saber mantener un equilibrio entre lo afectivo y lo educativo. Equivale a no dar prioridad a los sentimientos y afectos instintivos ante lo que debe ser una justa, sana y razonable educación.
A un hijo se le debe dar lo necesario. Los excesos a la larga generan perturbaciones. La educación, por tanto, no debe llevarse a cabo según los gustos personales ni del uno ni de la otra porque, muchas veces, lo que una madre quiere dar a su hijo no es lo que más le conviene.
Esta es la primera regla y quizás la más importante para llevar adelante una buena labor educativa.
Debemos tener en cuenta que la maternidad es un hecho biológico. Ser madre, en cambio, pertenece al orden de lo psíquico y lo psíquico, en cada mujer, está determinado por el modo en que fue educada.
Somos la herencia psíquica de nuestros padres.
Ser madre es mucho mas que el proceso fisiológico de engendrar y dar a luz un hijo. La mujer, por regla general, pocas veces piensa cómo va a educar a ese niño y bajo qué parámetros educativos llevará a cabo dicha tarea. Normalmente, suele basarse en la propia experiencia personal de cómo lo hicieron con ella sus padres y desde ese lugar, aplica idénticos patrones ideológicos - educativos sobre el recién nacido.
Sería deseable tener algo mas que los propios criterios ideológicos a la hora de enfrentar dicha responsabilidad. En infinidad de ocasiones, el modo en que fuimos educados resulta ser válido para transmitírselo a nuestros hijos pero en otras, ese modelo no resulta el más adecuado por el descubrimiento de carencias o fisuras educativas en nuestra propia educación.
Por tanto, deberíamos dejar de lado algunos de los principios ideológicos familiares y sociales, incluidos nuestros gustos personales, y tomar solo aquellos mas convenientes para dicho fin.
Una conducta equivocada sería proyectar sobre nuestros hijos aquellas cosas que nos hubiera gustado que hicieran con nosotros. Se tiene la tendencia inconsciente de querer dar todo aquello que, en nuestra infancia, nos hubiera gustado recibir. Eso puede o no resultar correcto porque, inconscientemente, estamos imponiendo un modelo de vida que no sabemos si va a ser el que ellos desean para sí . Lo adecuado es proporcionar al niño un abanico de posibilidades creativas y culturales, dejando que desarrolle sus propios gustos para que vaya creándose en él, alguna idea sobre lo le gustaría hacer o ser en la vida.
Otra tendencia educativa habitual en los padres es querer satisfacer todas las demandas del niño. Cuando una madre da a su hijo todo lo que pide, por el mero hecho de dar, sin un criterio lógico y objetivo educacional, acabará deformando su educación.
Por eso, no es conveniente e incluso puede llegar a ser contraproducente proyectar nuestras carencias infantiles sobre nuestros hijos. El nuevo ser debe aprender a desarrollarse con autonomía e independencia de lo que fue y es nuestra vida. Muchas veces, los adultos se sienten frustrados por no haber alcanzado aquello que dicen querer, únicamente por seguir el modelo de vida que sus padres les impusieron.
Una madre y un padre transmiten la herencia de un cierto modelo ideológico familiar, social y educacional. La familia es el primer modelo de sociedad para el recién nacido. Dentro de la estructura familiar se enseña al niño las normas y leyes necesarias para hacer frente al mundo y sus exigencias.
Las Instituciones educativas se encargarán después de añadir nuevos valores a su educación y por último, la propia sociedad y el Estado será quién imponga los modelos de conducta para convivir en armonía con el resto del mundo.
El matriarcado es el fundamento de toda sociedad. La estructura familiar necesita de la figura materna para que podamos hablar de familia. Ella es el centro de ese universo por ser dadora de vida. Su misión principal - entre las muchas que ejerce – junto al padre consiste en mantener íntegra dicha unidad hasta que los hijos estén preparados para abandonarla y ser, a su vez , fundadores de su propio núcleo familiar. Por tanto, la ley que rige la familia en la especie humana es que una madre debe tener hijos para entregárselos al mundo y no para quedárselos.
Este es el mayor reto con el que topa: aceptar que los hijos no se tienen para sí sino para el mundo.
Desprenderse de ese sentimiento de propiedad recíproco entre padres e hijos es uno de los mayores desafíos y el que acarrea más complicaciones psíquicas al ser humano a lo largo de su vida.
Una educación correcta y adecuada es aquella que se enfoca hacia la consecución por parte del niño de su independencia y autonomía con respecto a la propia estructura familiar. Esto permitirá que pueda tener una vida propia con independencia de la de sus padres y que, en un futuro, sea él quien decida las opciones que quiera llevar a cabo.
La mayoría de nosotros olvidamos este principio y con frecuencia, las madres suelen manipular la educación de sus hijos, de un modo inconsciente, para que estos tengan una dependencia afectiva extrema y de ese modo, no puedan separarse de ellas. Esta actitud se corresponde con cierto tipo de neurosis que padecen sin tener conciencia de ello. Suelen ser mujeres que han mostrado algún desequilibrio afectivo durante su infancia o con la pareja y centran todas sus carencias emocionales y afectivas en los hijos. Esto les lleva a generar un sentimiento inconsciente de propiedad sobre ellos que les impulsa a no enfocar adecuadamente la educación , que debería orientarse hacia su futura autonomía e independencia.
El resultado será la producción en el niño de una fijación emocional a la madre y una desviación de su camino hacia el mundo, que le supondrá serias dificultades para establecer lazos de afecto, sentimientos y deseos hacia otras personas que no sean ella. ¡ Cuantas vidas hemos visto truncadas y estropeadas por ese egoísmo neurótico, por ese sentimiento de propiedad tan enorme que prefirió estrangular los proyectos de sus seres mas queridos antes que renunciar a su propia satisfacción personal!.
¿ Que debes hacer? .
Si has vivido una infancia carente de afectos familiares o no encuentras satisfacción personal dentro de tu relación de pareja, debes evitar volcar dichas carencias en tus hijos porque si lo haces, solo lograrás crearles una dependencia emocional muy intensa hacia ti que entorpecerá su desarrollo emocional y afectivo. En muchas ocasiones, pueden llegar hasta el extremo de contagiarse de la neurosis materna y renunciar al mundo para estar siempre y en todo momento junto ella . Sin embargo, en otras, aunque la madre lo intente por todos los medios a su alcance, no lo consigue. Cuando los hijos crecen y se marchan del hogar familiar para iniciar su propia vida, puede ocurrir que esta se sienta abandonada y este hecho ser la posible causa de la génesis de un trastorno depresivo. Es lo que popularmente llamamos el Síndrome del nido vacío.
Si eres una mujer que siente que no es suficientemente querida por su familia o su pareja, deberías acudir a un psicoanalista para resolver esa inseguridad afectiva y emocional que hace que te creas sola y poco amada. De otra manera, acabarás centrando dichas carencias en la vida de tus hijos lo que, a la larga, será causa de serias complicaciones en la convivencia diaria no solo para ti sino para toda la familia.
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