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lunes, 16 de junio de 2014

El poder de sanar la mente

domingo, 5 de agosto de 2012

SOBRE LA PERDIDA DEL DESEO SEXUAL EN LA PAREJA

Es frecuente que acudan a consulta parejas presentando una problemática con el deseo sexual. Refieren que con el tiempo, el deseo, la pasión inicial, se ha ido desvaneciendo y las relaciones que mantienen de manera esporádica suelen ser aburridas, con falta de interés y sin aliciente ninguno de satisfacción. Este tipo de situación es propicia para que él o ella busquen alguna persona en la realidad o a través del internet con la que mantienen algún tipo de relación, de manera que suelen aparecer situaciones de " infidelidad" o "celos" cuando se descubre que una de las personas de la pareja mantiene una relación bien virtual o bien real. En uno de los casos, la pareja acude porque él ha perdido prácticamente el deseo sexual por ella. La mujer lo ha descubierto muchas veces viendo películas porno y masturbándose. Ella se ha obsesionado de manera que aunque no lo desee, trata de tener relaciones sexuales. El intento acaba en fracaso, en desánimo y en desesperación por parte de la mujer. Analizando el perfil de esta pareja, se observa que ella tiene un perfil muy maternal con él. El hombre a su vez, tiene un perfil infantil con respecto a ella. La mujer refiere que tiene pudor para mostrar su sexualidad y tiene inhibición a la hora de gozar. Es evidente, que esta pareja no se conocen. Han caído en un modelo ideológico en el cual caen muchas relaciones de pareja. La sexualidad en la pareja tiene que estar libre de ciertos prejuicios ideológicos que la mayoría de las veces, son prejuicios adquiridos dentro del ámbito familiar, pero también social. El hombre, habitualmente, no conoce bien la naturaleza de sus deseos sexuales y es cierto que goza más cuando no tiene lazos afectivos con la mujer que cuando los tiene. Es frecuente que al hombre le cueste amar y desear a la mujer con la cual convive. En la naturaleza del deseo masculino, nos encontramos con una separación entre el deseo y el amor. Cuando el hombre ama a la mujer, su deseo por la misma puede sufrir algún tipo de perturbación, ya que deseo y amor, en el hombre pueden ir separados. La relación de pareja para el hombre está estructurada sobre la relación edípica que tuvo con su madre, de manera que la relación que de niño tuvo con la misma, suele proyectarse en la relación presente con su mujer. En el Edipo masculino, el amor por la madre es del orden de la conciencia pero el deseo por la misma, es inconsciente. Esto quiere decir que la madre también es el primer objeto no sólo amoroso para el hombre, sino que es simultáneamente el primer objeto de deseo sexual. Según se haya estructurado dicho deseo, el paso de la madre a la heterosexualidad puede estar marcado por esta primitiva relación materno filial. Cuando el hombre ama mucho a la mujer, puede tener algún tipo de inhibición sexual que desencadene en un trastorno funcional del orden de la impotencia, la eyaculación precoz o la falta de orgasmo. Este tipo de síntomas son la proyección del fantasma materno sobre la figura de la mujer. Por lo tanto, cuando el hombre identifica a la mujer con la madre, cualquier actividad sexual hacia ella, a nivel inconsciente, tiene la connotación de prohibida. Lo que significa que él pierde el deseo sexual no porque no lo tenga, sino que lo reprime y lo desplaza hacia otros objetos sexuales que no le recuerden a la madre. De ahí, que cuando una mujer tiene una actitud maternal con el hombre, el cual, no resolvió bien su complejo de Edipo, producirá en el mismo una inhibición de su sexualidad. Entonces, para que se produzca una falta de deseo sexual, tienen que conjugarse estos dos factores: un complejo de Edipo intenso en el hombre hacia la figura de la madre y una mujer que adopta un papel similar al de su suegra. De esta combinación, sale una apatía en el sexo que interrumpe la aparición del mismo. Si nos preguntamos, por el lugar de la mujer, dentro de esta compleja trama amoroso sexual, podemos explicar que para una mujer, le es mas fácil frente al hombre adoptar un papel de madre que de mujer. El papel de madre, le viene aprendido de haber visto a la figura de su madre, ejerciendo dicho rol, pero el lugar de mujer, para una mujer siempre es desconocido, porque la mujer no sabe muy bien qué mujer es la que necesita construir para su marido o pareja. La sexualidad femenina para la mujer también está tocada por su trama familiar. La mujer reproduce la ideología de su propia madre y adopta funciones maternales y/o reproductivas más que sexuales. Para ella, es más fácil ser una madre que una mujer sexuada. Y con el hombre, le es más fácil mantener una relación madre-hijo que mujer-hombre. Habitualmente, ella no sabe qué mujer es para él pero el hombre, tampoco sabe qué hombre es el que ella necesita. Jamás lo van a saber porque la sexualidad siempre es inconsciente, sobre todo la familiar que es la que marca el ritmo del deseo sexual en la relaciones adultas de pareja. Sin un conocimiento de la parte inconsciente infantil tanto del hombre como de la mujer, no se puede modificar la sexualidad de la pareja, que siempre son proyecciones de las relaciones infantiles que cada uno tuvo con su familia.

lunes, 11 de abril de 2011

RIVALIDAD DEL HIJO FRENTE AL PADRE

El desarrollo emocional del niño, pasa por el llamado Complejo de Edipo. Dicho complejo lo padecen los niños y las niñas y es el fundamento de lo que serán las futuras relaciones de pareja y personales. Su resolución pasa por diferentes fases. En un primer momento, tanto el varoncito como la hembra, la ligazón afectiva es con la madre. Una vez que el infante se da cuenta que la figura del padre guarda relación con él y con la madre, aparecen los celos, que serán el fundamento de la agresividad, del odio y de las tendencias tanto sádicas como masoquistas. Los celos en el varón hacia el padre se producen cuando reclama la atención de la madre y esta no acude inmediatamente a la llamada, bien porque está con el padre o bien porque algo le ocupa. Esto hace que el niño tenga hostilidad hacia la madre y odio y agresividad hacia todo aquello que a la misma le quita la atención sobre él mismo. El padre, es por tanto la figura mas conflictiva para el niño varón, porque con el tiempo, se da cuenta que hay algo de la madre que le está reservado exclusivamente al padre. Ante este hecho, al niño no le quedan mas que dos soluciones: o aceptar al padre o rechazarlo. Aceptarlo supone un orden de civilización, pues de esta manera al aceptar la pertenencia de la madre al padre, a él le queda abierto el mundo de la heterosexualidad. Sin embargo, cuando el niño rechaza al padre y no acepta la relación con la madre, nos encontraremos en el futuro a un varón que compite con los hombre, rivaliza con los mismos y hasta muestra rasgos de hostilidad y agresividad hacia los mismos. Y con respecto a la mujer adaptará una modalidad negativa: las despreciará porque toda mujer le recordará la infidelidad de su madre con su padre. Lo bueno que tiene el psicoanálisis es que desde la edad adulta se puede reconstruir esta situación del pasado y poner a favor del mundo, de los hombres y de las mujeres. En la renuncia al Complejo de Edipo, se encuentra la civilización.










domingo, 29 de noviembre de 2009

EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

El complejo de inferioridad, lo podemos definir como un sentimiento que la persona experimenta en el comienzo de la adolescencia y que puede extenderse a la edad adulta. Puede perdurar como síntoma y condicionar muchos aspectos de la vida de una persona. Este sentimiento se caracteriza mayormente por inseguridad a la hora de tomar decisiones, ya sean con el trabajo, los estudios, el amor, etc… Podemos decir que no es un trastorno de la personalidad, porque una persona puede sentirse inferior en uno o varios aspectos de su vida. Inferioridad en la pareja, sentirse menos que el otro, inseguridad en el trabajo, creyendo que no va a poder desarrollarlo, inseguridad en las relaciones, donde la persona cree que no va a caer bien o que va a ser juzgado. Digamos que es un sentimiento donde el sujeto siente que algo de él mismo le hace vivir la realidad desde una perspectiva que no es la realidad verdadera. El psicoanálisis viene a mostrar que el sentimiento de inferioridad, consiste en la existencia de una parte de la personalidad infantil que no ha madurado y que se sigue manifestando en la edad adulta como cuando de niño se trataba. Da la sensación de que estás personas se han quedado atrasadas en el tiempo y viven la vida como la sentían cuando eran jóvenes. El psicoanálisis lo que hace es ajustar este desfase entre la personalidad infantil y la adulta, transformando así el sentimiento de inferioridad en un sentimiento de seguridad.

miércoles, 14 de enero de 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA (VII)

Nacemos con instinto sexual.
No podemos negar las evidentes semejanzas y diferencias entre lo humano y lo animal. El hombre, como un eslabón más dentro de la cadena evolutiva , es mortal y necesita del impulso sexual para cumplir con la especie y no desaparecer. Por tanto, hay algo en la sexualidad humana puesto al servicio de la reproducción. Sin embargo lo que lo diferencia del resto de seres vivientes es el proceso educativo y represivo al cual somete su instinto sexual.
Si dejáramos a un niño criarse a su libre albedrío, sin palabras, crecería como un animal salvaje. Es gracias al proceso educativo que se irá transformando en humano. Su instinto sexual tomará la forma de una sexualidad civilizada.
Debemos partir de una cierta concepción de instinto para entender el desarrollo evolutivo de la sexualidad en el niño.
El instinto es del orden del impulso; es decir, algo que en parte no se puede controlar por estar más cerca de lo animal que de lo humano.
El niño tiene sexualidad desde que nace y esta es como una semilla dispuesta a germinar y crecer en él. A lo largo del desarrollo, la educación familiar y social la irá moldeando, sometiéndola a una represión progresiva.
No debemos olvidar que el niño siempre va a tener sexualidad, independientemente de que lo muestre o lo reprima, hecho que va a depender del ambiente educativo y de las circunstancias personales que le rodeen durante la primera época de la vida.
Hay una etapa infantil denominada PERIODO DE LATENCIA en la que, aparentemente, los niños no parecen observar ningún interés por las cuestiones sexuales. Este periodo acontece, una vez que se ha constituido en el psiquismo el mecanismo de la represión, mediante el cual se puede afrontar de una manera más civilizada el despertar de la sexualidad en la etapa de la pubertad o adolescencia.
La represión se establece a raíz de que el niño recibe sus primeras críticas y reprimendas por mostrar abiertamente aquello que debe ser privado. La familia y las instituciones educativas le transmiten la conducta socialmente aceptada en relación a la micción, la defecación, mostrar la propia desnudez en público, etc. y él, en esa oscilación entre lo conveniente o no de sus actos , aprenderá a ejercer el dominio sobre sus instintos sexuales.
Gracias a que entre los destinos de la pulsión, se encuentra la capacidad de SUBLIMAR el instinto sexual, el niño podrá centrar su energía psíquica en las actividades culturales que le corresponde hacer ; por ejemplo, ir al colegio, jugar o estudiar. La falta de concentración o la detención en el desarrollo intelectual tiene que ver, por lo general, con no poder sublimar dichos instintos, los cuales ocupan constantemente su pensamiento e interfieren con el aprendizaje de otras materias.
Tal vez, al leer estas páginas, alguna madre o algún educador se pregunte: si el instinto sexual es tan importante para el desarrollo emocional del niño ¿ por qué no dejamos que aflore permanentemente en lugar de reprimirle.? La respuesta es bien sencilla.
Durante el periodo infantil, el instinto sexual no puede cumplir con la función a la cual está destinado: formar pareja, gozar del sexo y reproducirse, por que el niño todavía no tiene capacidad funcional para ello.
Cuando algunos padres dejan que su hijo muestre abiertamente ciertas actividades sin ejercer sobre ellas ninguna labor represiva , estas terminan por producir alteraciones en el desarrollo emocional y sexual que pueden desembocar en conductas sexuales perversas.
Encontramos numerosos casos clínicos de niños que mantuvieron relaciones sexuales muy tempranas con otros del mismo o de diferente sexo; relaciones incestuosas con sus hermanos menores o con adultos e incluso, algunos con las mascotas de la familia.
Aunque nuestro propósito no es atemorizar al lector, estas y otras cosas aún más graves pueden suceder en esta etapa infantil y con mas frecuencia todavía de lo que pensamos. Sólo con prestar más atención a esa faceta tan descuidada que es la sexualidad infantil, evitaremos que acontezcan accidentes en el desarrollo educativo de nuestros hijos.
Cerramos este apartado diciendo que aunque haya un periodo de latencia, durante el cual padres y pedagogos toman a su cargo la educación del niño, la eficacia para dominar el instinto sexual infantil nunca se alcanza totalmente