Absolutely all the emotional reactions that people have to relate to the early maternal relationship. When we talk about the mother-child relationship, we speak of a binomial that lasts and lasts a lifetime as a symbolic debt. We have said in other articles that the child, for his native immaturity, if someone does not take care of him, he would die. The person who usually avoids the fatal outcome, is the mother figure, hence the desire we all know and love it because we live. These produce a dependency, a union of what it costs to become independent. The early relationship with the mother, both for male and for female is a passive relationship, while the position is received. This position is critical in adulthood without an exercise in a more active position, can lead us to be a "lovers waiting" in the sense of waiting for the things to come to us, instead of us go for them. Sympathetic conception of the assets and liabilities but rather fatalistic as it can lead many people to "go with life." This primitive liability towards the mother, love changes with the appearance of a father figure and siblings. Jealousy makes its havoc on the child and that part of the charm with her breaks, from love, jealousy, hatred or envy. The discovery that the mother has sex with father, ends up annihilating love towards it feels going to hatred, rejection, desire, within the full range of human emotions or feelings. Whenever there is a stormy relationship to the mother, when by the male infant must jealousy analyzed in relation to the figure of the brothers or father. In the case of the girl, besides jealousy, may also be at play jealousy or rivalry towards it when it has identified the mother in love toward his father. Any rivalry, fight, rejection of the woman to her mother, must be analyzed and read from these childish emotions that invade the adult mind and discomfort persist as to the figure of the mother lifetime.
domingo, 15 de marzo de 2015
NEGATIVES FEELINGS TOWARDS MOTHER
SENTIMIENTOS NEGATIVOS HACIA LA MADRE
Absolutamente todas las reacciones
emocionales que tenemos hacia las personas guardan relación con la primitiva
relación materna. Cuando hablamos de la relación madre-hijo, hablamos de un
binomio que dura y perdura toda la vida en calidad de deuda simbólica. Ya hemos
dicho en otros artículos que el niño, por su inmadurez natal, si alguien no se
ocupara de él, moriría. La persona que habitualmente evita ese desenlace fatal,
es la figura materna, de ahí que todos sabemos del deseo y del amor de ella
porque vivamos. Estos produce una dependencia, una unión de la cuál cuesta independizarse. La primitiva relación
con la madre, tanto para el varón como para la hembra, es una relación pasiva,
en tanto la posición es de recibir. Esta posición es determinante en la vida
adulta y sin un ejercicio de otra posición más activa, puede llevarnos a ser
unos “amantes de la espera”, en el sentido de esperar a que la cosas vengan a
nosotros, en vez de nosotros ir a por ellas. Simpática concepción de lo activo
y pasivo pero a su vez fatalista pues puede llevar a muchas personas a “dejarse
llevar por la vida”. Este primitivo amor pasivo hacia la madre, se altera con
la aparición de la figura paterna y de los hermanos. Los celos hacen su estrago
en el niño y ahí se rompe parte del encanto con ella, pasando del amor, a los
celos, al odio o la envidia. El descubrimiento que la madre tiene relaciones
con el padre, termina de aniquilar el amor que hacia la misma se siente pasando
al odio, al rechazo, al deseo, dentro de toda la gama de afectos o sentimientos
humanos. Siempre que hay una relación tormentosa hacia la madre, cuando es por
parte del varón, deben se analizados los celos infantiles en relación a la
figura de los hermanos o del padre. En el caso de la niña, a parte de los
celos, puede también estar en juego la envidia o la rivalidad hacia la misma
cuando está se ha identificado a la
madre en el amor hacia su padre. Toda rivalidad, pelea, rechazo de la mujer
hacia su madre, debe ser analizado y leído desde estos afectos infantiles que
invaden la mente adulta y perduran en calidad de malestar hacia la figura de la
madre toda la vida.
domingo, 8 de marzo de 2015
sábado, 28 de febrero de 2015
lunes, 23 de febrero de 2015
sábado, 14 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
¿Cómo puede ayudarme el psicoanálisis en mi vida.?
Las etapas del hombre y de la mujer desde
la temprana infancia hasta la madurez suponen cambios en la forma de vivir
donde no siempre se tienen los pensamientos o ideales adecuados para poder
afrontar cada década de la vida.
Hay una verdadera programación social por
décadas donde el amor, la reproducción, la diversión, los estudios, el trabajo
etc siguen unas pautas sociales
establecidas que dirigen la vida de las personas de una manera más o menos
automática y que todos seguimos sin preguntarnos si es o no es la vida que
queremos vivir. Como especialista observo que la llegada a la década de los
cuarenta, tanto los hombres como las mujeres sufren de una crisis de identidad
que les hace replantearse cómo vivir los siguientes años y si la vida llevada a
cabo ha sido o es suficientemente satisfactoria. Esta reflexión les lleva a
intentar nuevas formas de vivir el amor, la diversión, el trabajo y que en la
mayoría de las veces no llega tampoco a ser suficientemente satisfactoria por
falta de pensamientos nuevos que ayuden a construir la siguiente década. Y si
hablamos de la década de los cincuenta o de los sesenta, ahí la ambiciones, la
aspiraciones y los planes comienzan a ser cada vez mas reducidos por falta de
pensamientos que ayuden a construir dicha década con otra perspectiva que la de
dejarse llevar por los acontecimientos que vayan viniendo con el paso del
tiempo. Podemos decir que al ser humano, para poder continuar su existencia le
falta la mayoría de las veces pensamientos fuertes, sobre los cuales sostener
la continuidad de los siguientes años de su vida.
Cada década de la vida requiere
pensamientos, ideas, deseos nuevos, una sexualidad diferente para que no se
caiga en la repetición. No se pueden pensar los cuarenta o los cincuenta como
cuando se tiene treinta o veinte. Sin embargo, esto es lo que nos encontramos
en las consultas. Hombre y mujeres que a pesar del paso del tiempo, siguiente
relacionándose con los otros, con ellos mismos con la misma ideología y forma
de pensar y sentir como cuando eran veinteañeros.
Les falta por lo tanto una inteligencia
que les haga vivir, sentí, desear de una manera diferente a como siempre
fueron. En esta parte, es donde entra el psicoanálisis como ciencia de lo
humano, como método terapéutico que ayuda a construir nuevas formas de pensar
para cada una de las décadas de la vida. El psicoanálisis más que transformar
la personalidad, aporta nuevas construcciones a la personalidad. Siendo así que
lo que a uno le falta lo puede adquirir gracias a la terapia del psicoanálisis.
Para ello, hay que observar a los que nos rodean y veremos que el intento de
llevar a cabo nuestra vida con nuestra manera de pensar nunca resulta todo lo
efectiva que quisiéramos. Significa esto que sino renunciamos a un narcisismo
personal, donde siempre queremos llevar a cabo todo sin la ayuda de alguien,
difícilmente podremos avanzar con la vida. Solos es muy difícil transformar la
forma de ser porque lo que a veces falta
o sobra en la manera de ser, solo puede verse desde afuera con la ayuda
de un especialista. El psicoanalista es esa persona que puede visualizar,
escuchar aquello que a una persona le sobra o le falta. El psicoanálisis es un
método que permite construir un nuevo pensamiento que sirva para pensar el
amor, las relaciones, el trabajo, el vida, la muerte de manera más productiva. Porque
sino, la impotencia de ver cómo el
tiempo se va sin haber logrado otras formas de sentir y vivir mas placenteras
acaban sumiendo a la persona en una profunda melancolía de la cual difícilmente
saldrá por ella misma pero si con la ayuda de un psicoanalista. Miguel
Martínez. Médico Psicoanalista.
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