domingo, 15 de marzo de 2015

NEGATIVES FEELINGS TOWARDS MOTHER

Absolutely all the emotional reactions that people have to relate to the early maternal relationship. When we talk about the mother-child relationship, we speak of a binomial that lasts and lasts a lifetime as a symbolic debt. We have said in other articles that the child, for his native immaturity, if someone does not take care of him, he would die. The person who usually avoids the fatal outcome, is the mother figure, hence the desire we all know and love it because we live. These produce a dependency, a union of what it costs to become independent. The early relationship with the mother, both for male and for female is a passive relationship, while the position is received. This position is critical in adulthood without an exercise in a more active position, can lead us to be a "lovers waiting" in the sense of waiting for the things to come to us, instead of us go for them. Sympathetic conception of the assets and liabilities but rather fatalistic as it can lead many people to "go with life." This primitive liability towards the mother, love changes with the appearance of a father figure and siblings. Jealousy makes its havoc on the child and that part of the charm with her breaks, from love, jealousy, hatred or envy. The discovery that the mother has sex with father, ends up annihilating love towards it feels going to hatred, rejection, desire, within the full range of human emotions or feelings. Whenever there is a stormy relationship to the mother, when by the male infant must jealousy analyzed in relation to the figure of the brothers or father. In the case of the girl, besides jealousy, may also be at play jealousy or rivalry towards it when it has identified the mother in love toward his father. Any rivalry, fight, rejection of the woman to her mother, must be analyzed and read from these childish emotions that invade the adult mind and discomfort persist as to the figure of the mother lifetime.

SENTIMIENTOS NEGATIVOS HACIA LA MADRE



Absolutamente todas las reacciones emocionales que tenemos hacia las personas guardan relación con la primitiva relación materna. Cuando hablamos de la relación madre-hijo, hablamos de un binomio que dura y perdura toda la vida en calidad de deuda simbólica. Ya hemos dicho en otros artículos que el niño, por su inmadurez natal, si alguien no se ocupara de él, moriría. La persona que habitualmente evita ese desenlace fatal, es la figura materna, de ahí que todos sabemos del deseo y del amor de ella porque vivamos. Estos produce una dependencia, una unión de la cuál  cuesta independizarse. La primitiva relación con la madre, tanto para el varón como para la hembra, es una relación pasiva, en tanto la posición es de recibir. Esta posición es determinante en la vida adulta y sin un ejercicio de otra posición más activa, puede llevarnos a ser unos “amantes de la espera”, en el sentido de esperar a que la cosas vengan a nosotros, en vez de nosotros ir a por ellas. Simpática concepción de lo activo y pasivo pero a su vez fatalista pues puede llevar a muchas personas a “dejarse llevar por la vida”. Este primitivo amor pasivo hacia la madre, se altera con la aparición de la figura paterna y de los hermanos. Los celos hacen su estrago en el niño y ahí se rompe parte del encanto con ella, pasando del amor, a los celos, al odio o la envidia. El descubrimiento que la madre tiene relaciones con el padre, termina de aniquilar el amor que hacia la misma se siente pasando al odio, al rechazo, al deseo, dentro de toda la gama de afectos o sentimientos humanos. Siempre que hay una relación tormentosa hacia la madre, cuando es por parte del varón, deben se analizados los celos infantiles en relación a la figura de los hermanos o del padre. En el caso de la niña, a parte de los celos, puede también estar en juego la envidia o la rivalidad hacia la misma cuando está se  ha identificado a la madre en el amor hacia su padre. Toda rivalidad, pelea, rechazo de la mujer hacia su madre, debe ser analizado y leído desde estos afectos infantiles que invaden la mente adulta y perduran en calidad de malestar hacia la figura de la madre toda la vida.

martes, 10 de febrero de 2015

¿Cómo puede ayudarme el psicoanálisis en mi vida.?

Las etapas del hombre y de la mujer desde la temprana infancia hasta la madurez suponen cambios en la forma de vivir donde no siempre se tienen los pensamientos o ideales adecuados para poder afrontar cada década de la vida.
Hay una verdadera programación social por décadas donde el amor, la reproducción, la diversión, los estudios, el trabajo etc  siguen unas pautas sociales establecidas que dirigen la vida de las personas de una manera más o menos automática y que todos seguimos sin preguntarnos si es o no es la vida que queremos vivir. Como especialista observo que la llegada a la década de los cuarenta, tanto los hombres como las mujeres sufren de una crisis de identidad que les hace replantearse cómo vivir los siguientes años y si la vida llevada a cabo ha sido o es suficientemente satisfactoria. Esta reflexión les lleva a intentar nuevas formas de vivir el amor, la diversión, el trabajo y que en la mayoría de las veces no llega tampoco a ser suficientemente satisfactoria por falta de pensamientos nuevos que ayuden a construir la siguiente década. Y si hablamos de la década de los cincuenta o de los sesenta, ahí la ambiciones, la aspiraciones y los planes comienzan a ser cada vez mas reducidos por falta de pensamientos que ayuden a construir dicha década con otra perspectiva que la de dejarse llevar por los acontecimientos que vayan viniendo con el paso del tiempo. Podemos decir que al ser humano, para poder continuar su existencia le falta la mayoría de las veces pensamientos fuertes, sobre los cuales sostener la continuidad de los siguientes años de su vida.
Cada década de la vida requiere pensamientos, ideas, deseos nuevos, una sexualidad diferente para que no se caiga en la repetición. No se pueden pensar los cuarenta o los cincuenta como cuando se tiene treinta o veinte. Sin embargo, esto es lo que nos encontramos en las consultas. Hombre y mujeres que a pesar del paso del tiempo, siguiente relacionándose con los otros, con ellos mismos con la misma ideología y forma de pensar y sentir como cuando eran veinteañeros.

Les falta por lo tanto una inteligencia que les haga vivir, sentí, desear de una manera diferente a como siempre fueron. En esta parte, es donde entra el psicoanálisis como ciencia de lo humano, como método terapéutico que ayuda a construir nuevas formas de pensar para cada una de las décadas de la vida. El psicoanálisis más que transformar la personalidad, aporta nuevas construcciones a la personalidad. Siendo así que lo que a uno le falta lo puede adquirir gracias a la terapia del psicoanálisis. Para ello, hay que observar a los que nos rodean y veremos que el intento de llevar a cabo nuestra vida con nuestra manera de pensar nunca resulta todo lo efectiva que quisiéramos. Significa esto que sino renunciamos a un narcisismo personal, donde siempre queremos llevar a cabo todo sin la ayuda de alguien, difícilmente podremos avanzar con la vida. Solos es muy difícil transformar la forma de ser porque lo que a veces falta  o sobra en la manera de ser, solo puede verse desde afuera con la ayuda de un especialista. El psicoanalista es esa persona que puede visualizar, escuchar aquello que a una persona le sobra o le falta. El psicoanálisis es un método que permite construir un nuevo pensamiento que sirva para pensar el amor, las relaciones, el trabajo, el vida, la muerte de manera más productiva. Porque sino,  la impotencia de ver cómo el tiempo se va sin haber logrado otras formas de sentir y vivir mas placenteras acaban sumiendo a la persona en una profunda melancolía de la cual difícilmente saldrá por ella misma pero si con la ayuda de un psicoanalista. Miguel Martínez. Médico Psicoanalista.