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domingo, 17 de septiembre de 2017
domingo, 23 de abril de 2017
EL MECANISMO DEL ODIO
Existen dos tipos de odio, uno real hacia la
persona que nos ha provocado o infligido un daño físico o moral y aquel otro
que llamaremos odio neurótico, que no es real y supone una reacción narcisista
ante la actuación del otro, que cuando es contraria a la forma subjetiva de
pensar o sentir, es vivido como una ofensa a nuestro yo.
Para el psicoanálisis, amor y odio son la cara y
cruz de la misma moneda. El odio verdadero suele estar justificado la mayor
parte de las veces. Sin embargo, el odio neurótico que aparece ante una
separación o ante un abandono, sigue siendo amor que no puede ser reconocido ni
aceptado como tal y se manifiesta como odio para encubrir el amor o deseo que
existe hacia la persona que produce la ofensa narcisista.
La barrera que separa uno del otro es prácticamente
inexistente, porque el odio es una reacción al amor y al deseo que se siente
hacia el otro pero de una manera no admitida.
NO LO OLVIDES. El odio es la
manifestación de un “no re- conocimiento de nuestros propios deseos que se nos
despiertan frente al otro”. La fórmula del odio sería: “Te odio para no reconocer
que te amo y te deseo aún sufriendo”.
Sentimos odio hacia una persona que nos inflige
daño y sin embargo no podemos separarnos de ella. ¿No será que tras ese daño
hay un goce masoquista que no acepto y mi moral me hace odiar a la persona que
me hace gozar?
NO LO OLVIDES. Con los ojos
vendados, hasta tu peor ene- migo puede hacerte gozar.
MUY IMPORTANTE. De
ahí que odiar al otro, responsabilizándole de mi dolor es para no reconocer que
el otro obedece a la satisfacción de ciertos deseos inconscientes, no admitidos
por mi moral ni por mi conciencia. Dentro de una pareja, para que uno se
imponga, se necesita previamente el consentimiento del otro. Desde una
infidelidad hasta el maltrato físico o psíquico, siempre tiene que haber un
consentimiento por parte del otro.
RECUERDALO. El
amor se transforma con mayor facilidad en odio, cuanto más fuerte es el
sentimiento de posesión sobre la otra persona y tiene que ver con la llamada
servidumbre sexual y amorosa en las parejas. La mujer que hace gozar al hombre
y el hombre que hace gozar a la mujer, produce fuertes lazos de dependencia
sobre el otro, hasta el punto donde se creen de mutua propiedad.
La servidumbre puede llegar a ser un verdadero
trastorno dando lugar al llamado trastorno límite de la personalidad.
MUY IMPORTANTE. Solo se odia
cuando se ama.
LAS DIRECCIONES DEL
ODIO
El odio tiene dos direcciones o sentidos: 1. Odio
para separarse del otro.
2. Odio para mantenerse unido al otro.
El odio para separarse del otro, sería
un mecanismo defensivo de nuestro aparato psíquico producido por el instinto de
conservación para mantener la integridad física y psíquica de la persona. La
transformación del amor en odio sirve para ver la realidad psíquica de la otra
persona y valorar si sus cualidades neuróticas son mayores que sus virtudes o
excelencias psíquicas. Cuando hay un desequilibrio importante, la aparición del
odio, posibilita la decisión de la separación.
NO LO OLVIDES. A veces la
única manera de poder separarse del otro es encontrando una causa real para
poder odiarlo.
El odio para mantenerse unido al otro no deja
de ser más que la manifestación latente de un amor o deseo existente en el
inconsciente pero no reconocido. “Ni contigo ni sin ti”, reza el refrán.
Este tipo de odio, es un prejuicio moral ante la
existencia de un amor o un deseo inconsciente no tolerado pero que sirve para
mantener los lazos de unión con el otro e impedir una separación.
El odio es un sentimiento de unión tan fuerte como
el amor y el deseo, de ahí que muchas parejas que se separan odiándose, in-
conscientemente se siguen amando o deseando aunque pase un largo periodo de
tiempo. De hecho, algunas personas, una vez se- paradas, llegan a odiar al otro
durante toda la vida, lo cual hace bastante sospechar.
NO LO OLVIDES. El odio une a
las personas con la misma intensidad que el amor.
RECUERDALO. Denuncias,
reconciliaciones, rencores, obstáculos judiciales a una separación definitiva
pidiendo cosas imposibles de admitir por la otra persona, etc., son las maneras
de manifestar la intolerancia a una separación aún odiándose. De hecho, este
tipo de parejas que se separan con tanto odio tienen serias dificultades para
volver a formalizar una nueva relación de pareja, justificando la decisión
estar solos, en la mala experiencia vivida. Sin
embargo, dicha justificación es la excusa perfecta para no aceptar que de
manera in- consciente, siguen enamorados de su ex pareja.
NO LO OLVIDES. Si tras una
separación odiosa rechazas nuevas relaciones y prefieres la soledad, es que
todavía siguen amando o deseando a tu ex pareja.
CASO CLINICO. Una infidelidad del marido a los 60 años,
hizo que la vida de J y P se convirtiera en un infierno. Durante un año el odio
exacerbado de ella hacia él les llevó a una fuerte discusión mientras conducían
en un viaje a su apartamento de Benidor. Volcaron y el coche comenzó a arder. J
salió del coche y cuando intentó abrir la puerta de P, está delante de él echó
el cerrojo y mirándole con odio le dijo,
“quiero que recuerdes esta imagen toda tu vida.” Y se dejó quemar viva.
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agresividad,
amor,
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depresión,
odio,
psicoanálisis,
terapia amor,
terapia del odio
¿POR QUÉ FRACASAMOS EN LA VIDA? (1)
Una vez desarrollado en el niño el concepto de
moral- del bien y del mal- el ser humano está capacitado para vivir en
sociedad. Sin embargo, Freud descubre que los instintos amorales del niño,
nunca desaparecen, es decir, quedan reprimidos a nivel inconsciente y siguen
produciendo efectos sobre la personalidad.
NO LO OLVIDES. De
ahí que ciertos actos motivados por impulsos inconscientes –faltos de ética o
de moral– que las persona muestran de manera habitual, son la manifestación de
deseos infantiles que se hallan latentes a nivel inconsciente.
RECUERDALO. El
sentimiento de culpa es una respuesta de la conciencia moral y se corresponde
con la voz de un Juez interior, de Dios, del padre o de la madre que todos
llevamos dentro. Es la “voz de la conciencia” que llama a la reflexión cuando
ciertos deseos inconscientes aparecen en la conciencia.
Para sentir culpa, una persona tiene que haber
pensado, fantaseado o llevado a cabo un acto ilícito o alejado de la moral
social o familiar. ¿Qué pensarían tus padres o la sociedad de ti si supieran
esto?
MUY IMPORTANTE. No
hace falta llevar a cabo una acción amoral para sentirnos culpables. Con que
solo aparezcan en la conciencia, ya es suficiente para sentir culpa.
Existen multitud de casos donde una persona,
llevada por un penoso sentimiento de culpa, acababa padeciendo los efectos de
un castigo que de manera inconsciente se impone a si misma.
NO LO OLVIDES. La
culpa es un sentimiento que produce gran malestar y no deja de ser una
acusación o un señalamiento hacia nosotros mismos que algo de lo que pensamos,
deseamos o fantaseamos es contrario a la moral social o familiar establecida.
Actos, pensamientos o deseos del orden del sadismo,
masoquismo, infidelidad, deseos sexuales, egoísmo… producen culpa cuando
aparecen en la conciencia.
¿Qué persona no ha tenido el deseo de ser infiel a
su pareja? ¿Quién no ha deseado la muerte de un ser querido para poder y
obtener un beneficio de ello?
¿Quién no ha sentido el deseo de matar a alguien
para liberarse de su presencia? ¿Qué hermano no deseó alguna vez ser hijo único
por celos hacia sus otros hermanos?
¿A
cuantas personas estaríamos dispuestos a pisotear o a eliminar para adquirir un
puesto mejor social y laboral? ¿Cuántos hijos desearon la muerte de los padres
para tener más libertad?
Lo interesante es pensar que la culpa se produce
por un deseo de interés o satisfacción personal aunque suponga un perjuicio
para otros. Pero nuestro Juez será el encargado de juzgarnos en virtud de la
amoralidad del deseo fantaseado o realizado.
MUY IMPORTANTE. Cuanta mayor es
la culpa, mayor será la respuesta moral de nuestro Juez interior.
Sin embargo, la culpa es inconsciente, es decir, no
todo el mundo llega a darse cuenta que está padeciendo las consecuencias de la
culpa.
La culpa es un sentimiento penoso e insoportable
para la con- ciencia. Si lo trasladamos a la religicón, cuando una persona
siente culpa, se confiesa y acepta la penitencia que se le impone para aminorar
la culpa.
Los niños pequeños, cuando hacen algo malo y
sienten culpa, no paran de incordiar hasta que reciben un castigo y lejos de
sentirse mal, podemos observar que el castigo les calma.
La moral de cada persona es diferente hasta el
punto que lo que a una persona le da culpa, a otra le da risa, todo depende del
ambiente familiar y social donde nos hayan educado y de ciertas constelaciones
psicológicas inconscientes.
MUY IMPORTANTE. Cuanto mas
moralista haya sido nuestra educación, más rígido será nuestro Juez interior.
Frases como “nunca me puede ir bien”, “una persona
como yo no puede ser feliz“, “no me merezco la felicidad”, “me esta bien
empleado lo que me sucede por ser mala persona” “no me siento bien aunque me
pasen cosas buenas” “a mi no me puede pasar nada bueno” “me ha tocado ser
infeliz” “si este es mi destino, qué le voy a hacer”, etc...
Todas y cada una de estas frases indican la
existencia de un sentimiento de culpa inconsciente.
Lo peligroso de la culpa es que llega a tiranizar
la vida de las personas, de manera que se puede vivir sufriendo y padeciendo
solo para calmar la culpa inconsciente que sentimos.
MUY IMPORTANTE. Muchos de las
circunstancias penosas que nos rodean en nuestra vida han sido construidas para
calmar la culpa.
NO LO OLVIDES. Una persona bajo el sentimiento de culpa suele
tener una vida sin placeres en aquella parte de su vida donde reine la culpa (continuará)
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psicoanálisis
domingo, 10 de abril de 2016
¿POR QUÉ SE ME REPITEN LAS COSAS?
El psicoanálisis observa en personas
normales, sin síntomas neuróticos, la impresión de un destino que les persigue
como una influencia demoniaca que dirige su vida. El psicoanálisis con sus
estudios, considera que desde un principio tal destino, ha sido preparado de
manera inconsciente por la propia persona y determinado por influencia
tempranas infantiles. La manera obsesiva de su repetición no de diferencia de
la repetición del obsesivo, aunque estas personas no hayan nunca ofrecido
señales de conflictos neuróticos con aparición de síntomas. Todos conocemos
personas que siempre son despedidas de su puesto de trabajo de manera
frecuente, mujeres y hombres en los que toda amistas termina en traición por
parte del amigo, personas que repiten en su dia el hecho de poner por encima de
ellos, esto es, dar poder a alguien para luego derrocarle y elegir a otra.
Hombres a los cuales todas las mujeres con las que están acaban siéndoles
infieles o mujeres a las cuales siempre las someten sus parejas. Desde fuera observamos
este “perpetuo retorno de lo mismo” pero desde el psicoanálisis descubrimos que
la persona participa de manera activa sin darse cuenta de ello en la repetición
de los mismos actos.
Nos puede sorprender sin embargo sucesos
donde la persona parece hallarse fuera de toda influencia en lo que le sucede y
que pasa una y otra vez pasivamente por la repetición del mismo destino. El
caso de una mujer que casada tres veces, vio al poco tiempo y sucesivamente
enfermar a sus tres maridos y que tuvo que cuidarlos hasta su muerte. Estos
datos que observamos en el destino de las personas y de sus conductas, nos ha
hecho descubrir en la vida inconsciente de las personas que existe una obsesión
en todos nosotros de repetición que vas mas allá de la propia razón y de la
conciencia. La obsesión por repetición que observamos en los juegos de los
niños y el placer que ello les conlleva, implica que tras todo acto repetitivo,
hay un placer sumado a ello. Nos surgen entonces preguntas sobre cómo puede ser
que nos guste repetir un fracaso, una pérdida de un trabajo, una infidelidad
por parte de la persona amada.? La respuesta está en que tras una conducta
repetitiva, hay una satisfacción de un deseo sexual infantil reprimido en lo inconsciente.
(CONTINUARA)
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