sábado, 15 de septiembre de 2012

OBSESIONES Y FOBIAS, SU MECANISMO PSIQUICO Y SU ETIOLOGIA


Texto de 1894 de Sigmund Freud.

La diferencia esencial entre las obsesiones propias y las fobias, es la siguiente:
En toda obsesión hay dos elementos: 1º Una idea que se impone al enfermo. 2º Un estado emotivo asociado. Ahora bien: en las fobias, este estado emotivo es siempre la angustia, mientras que en las obsesiones, propias puede ser igualmente cualquier otro, tal como la duda, el remordimiento o la cólera. Ante todo, trataré de explicar el mecanismo psíquico, verdaderamente singular, de las obsesiones propias, muy diferentes del de las fobias.
En muchas obsesiones verdaderas es evidente que el estado emotivo es lo principal, puesto que persiste inalterado, variando, en cambio, la idea a él asociada. Así, la sujeto de nuestra observación número uno (más adelante) tenía remordimientos muy varios, de haber robado, de haber maltratado a sus hermanas, de haber fabricado moneda falsa, etc. Igualmente, las personas que dudan, dudan de muchas cosas a la vez sucesivamente. El esto emotivo permanece en estos casos invariable, mutándose, en cambio la idea. En otros, es ésta también fija como en la muchacha de nuestra observación número cuatro (mas adelante) que profesaba un odio incomprensible a todas las criadas de la casa, cambiando, no obstante de persona. Pues bien, un escrupuloso análisis psicológico de estos casos muestra que el estado emotivo como tal está siempre justificado. La muchacha número uno, que siente remordimientos, tiene suficientes motivos para ello; las mujeres de la observación número tres, que dudaban de su resistencia contra las tentaciones, sabían muy bien por qué, y la muchacha número cuatro, que detestaba a las criadas tenía perfecta razón para quejarse de ellas. El sello patológico de estos casos, consiste, pues, únicamente en los dos singulares caracteres siguientes: 1º Que el estado emotivo se ha eternizado. 2º Que la idea asociada no es ya la idea justa, la idea original, relacionada con la etiología (causa) de la obsesión, sino una idea sustitutiva de la misma.
Prueba de ello es que en los antecedentes del enfermo, y en la época inicial de la obsesión, puede hallarse siempre la idea original, después sustituida. Tales ideas sustitutivas tienen caracteres comunes, correspondiendo a impresiones verdaderamente penosas de la vida sexual del individuo, que este se ha forzado en olvidar, sin conseguir mas que reemplazar la idea inconciliable por otra, poco apropiada para asociarse al estado emotivo, el cual, por su parte, ha permanecido sin alteración. A esta forzosa conexión del estado emotivo y la idea asociada es a la que se debe el carácter absurdo de las obsesiones. Expondremos ahora las observaciones y daremos luego como conclusión una tentativa de explicación teórica.
Observación número uno. - Una muchacha que se hacía reproches de haber robado, fabricado moneda falsa, se daba cuenta sin embargo de lo absurdo de tales reproches.
Rectificación de la sustitución.- Se reprochaba el onanismo (la masturbación) que practicaba en secreto sin poder renunciar a ello.
Observación número dos.- Un joven estudiante de Medicina, que padecía una obsesión análoga. Se reprochaba múltiples actos inmorales: haber matado a su prima, desvirgado a su hermana, incendiado una casa, etc. Llegó a sentir la necesidad de volverse continuamente en la calle para convencerse de que no había matado al transeúnte con quien acababa de cruzarse.
Rectificación.- Había leído en un libro de divulgación médica que la masturbación, a la cual se entregaba, desmoralizaba al individuo, habiéndole impresionado mucho la noticia.
Observación número tres.- Varias mujeres que se quejaban de la obsesión de arrojarse por la venta, herir a sus hijos con cuchillos, tijeras, etc..
Rectificación. Tentaciones obsesivas típicas.- Se trataba de mujeres insatisfechas en su matrimonio, que se debatían contras los deseos y las ideas voluptuosas que surgían en ellas a la vista de otros hombres.
Observación número cuatro.- Una joven, perfectamente sana de espíritu y muy inteligente, que mostraba un odio infinito contras todas las asistentas de la casa. Este odio se había despertado en ella ante los descaros de una criada y se había ido transmitiendo luego de criada en criada, haciendo imposible el servicio en la casa. Como motivo de este sentimiento- mezcla de odio y repugnancia- alegaba la sujeto que las suciedades de “aquellas criaturas” le estropeaban su idea del amor.
Rectificación. La joven había sido testigo involuntario de una escena amorosa de su madre. Al sorprenderla se cubrió el rostro y se tapó los oídos, haciendo luego todo lo posible por olvidar la escena, que la repugnaba, y cuyo recuerdo la hubiera obligado a separarse de su madre, a la que amaba tiernamente. Consiguió en efecto, el deseado olvido; pero la cólera que despertó en ella ver ensuciada su idea del amor persistió en su ánimo, asociándose a ella poco después la idea de una persona que pudiese reemplazar a su madre (las criadas)
Observación número cinco.- Una joven se había aislado casi completamente a consecuencia de un miedo obsesivo a la incontinencia de orina. No podía salir de su cuarto ni recibir una visita sin haber orinado múltiples veces. Hallándose en su casa y en reposo no sentía miedo alguno.
Rectificación. Se trataba de una tentación o una desconfianza obsesiva. De lo que desconfiaba no era de su vejiga, sino de su resistencia contra un impulso sexual. Así lo demostraba el origen de la obsesión. Una vez en el teatro, había sentido, a la vista de un hombre que le gustaba, un deseo amoroso, acompañado de ganas de orinar. Habiéndose visto obligada a abandonar el teatro, fue presa desde aquel momento del miedo a volver a sentir la misma sensación; pero el deseo de orinar se sustituyó al deseo amoroso sexual.
Las observaciones anteriores, si bien muestran diversos grados de complejidad, tienen de común que la idea original (inconciliable) ha sido sustituida por otra. En las que a continuación pasamos a exponer, la idea original ha sido también sustituida, pero ya no por otra idea, sino por actos o impulsos que sirvieron originariamente de alivio o de procedimientos protectores y que ahora se hallan en una grotesca asociación con un estado emotivo, con el que no armonizan pero que es el original y continua estando tan justificado como en un principio.
Observación número seis. Aritmomanía obsesiva. Una mujer había contraído la obsesión de contar las losas de la acera, los escalones, etc y lo realizaba de continuo, presa de un ridículo estado de angustia.
Rectificación.- Había comenzado a contar para distraerse de sus ideas obsesivas (tentaciones) y lo había conseguido pero quedando sustituida la obsesión primitiva por el impulso a contar.
Observación número siete. Especulación obsesiva. Una mujer padecía ataques de esta obsesión que no cesaban sino durante los períodos, siendo entonces reemplazados por miedos hipocondriacos. El tema del ataque era una parte del cuerpo o una función: por ejemplo, la respiración. ¿por qué es necesario respirar? ¿Y si yo no quisiera respirar? Etcétera.
Rectificación. Al principio había tenido miedo de volverse loca; fobia hipocondriaca, muy frecuente en las mujeres no satisfechas por su marido, caso que era el suyo. Para convencerse de que no iba a volverse loca y de que aún gozaba de su inteligencia, había comenzado a plantearse cuestiones y a ocuparse de problemas de importancia. Con esto consiguió al pronto tranquilizarse, pero la especulación mental llegó a sustituirse a la fobia.
Observación número siete.- Una mujer que se lavaba las manos cien veces al día y por no tocarlos con ellas, abría los pestillos de las puertas empujándolos con el codo.
Rectificación.- Los lavados tenían un carácter simbólico y se hallaban destinadas a sustituir por la pureza física la pureza moral, que la sujeto lamentaba haber perdido. Se atormentaba con el remordimiento de una infidelidad conyugal, cuyo recuerdo había decidido ahogar.
Por lo que respecta a la teoría de esta sustitución, me limitaré a dar respuesta a dos cuestiones que aquí se plantean:
1ª ¿Cuál es el motivo de tal sustitución? A mi juicio, podemos considerarla como un acto de defensa del yo contra la idea inconciliable. Algunos recuerdan el esfuerzo de voluntad realizado para expulsar la idea o el recuerdo penoso del campo de la conciencia (observaciones tres, cuatro y once). En otros casos, esta expulsión de la idea inconciliable se produjo de un modo inconsciente, que no ha dejado huella alguna en la memoria de estos enfermos.
2ª¿Por qué el estado emotivo asociado a la idea obsesiva se ha perpetuado en lugar de desvanecerse como los demás estados de nuestro yo? Aquí sólo haré observar que el hecho mismo de la sustitución hace imposible la desaparición del estado emotivo. (CONTINUARÁ)

domingo, 5 de agosto de 2012

SOBRE LA PERDIDA DEL DESEO SEXUAL EN LA PAREJA

Es frecuente que acudan a consulta parejas presentando una problemática con el deseo sexual. Refieren que con el tiempo, el deseo, la pasión inicial, se ha ido desvaneciendo y las relaciones que mantienen de manera esporádica suelen ser aburridas, con falta de interés y sin aliciente ninguno de satisfacción. Este tipo de situación es propicia para que él o ella busquen alguna persona en la realidad o a través del internet con la que mantienen algún tipo de relación, de manera que suelen aparecer situaciones de " infidelidad" o "celos" cuando se descubre que una de las personas de la pareja mantiene una relación bien virtual o bien real. En uno de los casos, la pareja acude porque él ha perdido prácticamente el deseo sexual por ella. La mujer lo ha descubierto muchas veces viendo películas porno y masturbándose. Ella se ha obsesionado de manera que aunque no lo desee, trata de tener relaciones sexuales. El intento acaba en fracaso, en desánimo y en desesperación por parte de la mujer. Analizando el perfil de esta pareja, se observa que ella tiene un perfil muy maternal con él. El hombre a su vez, tiene un perfil infantil con respecto a ella. La mujer refiere que tiene pudor para mostrar su sexualidad y tiene inhibición a la hora de gozar. Es evidente, que esta pareja no se conocen. Han caído en un modelo ideológico en el cual caen muchas relaciones de pareja. La sexualidad en la pareja tiene que estar libre de ciertos prejuicios ideológicos que la mayoría de las veces, son prejuicios adquiridos dentro del ámbito familiar, pero también social. El hombre, habitualmente, no conoce bien la naturaleza de sus deseos sexuales y es cierto que goza más cuando no tiene lazos afectivos con la mujer que cuando los tiene. Es frecuente que al hombre le cueste amar y desear a la mujer con la cual convive. En la naturaleza del deseo masculino, nos encontramos con una separación entre el deseo y el amor. Cuando el hombre ama a la mujer, su deseo por la misma puede sufrir algún tipo de perturbación, ya que deseo y amor, en el hombre pueden ir separados. La relación de pareja para el hombre está estructurada sobre la relación edípica que tuvo con su madre, de manera que la relación que de niño tuvo con la misma, suele proyectarse en la relación presente con su mujer. En el Edipo masculino, el amor por la madre es del orden de la conciencia pero el deseo por la misma, es inconsciente. Esto quiere decir que la madre también es el primer objeto no sólo amoroso para el hombre, sino que es simultáneamente el primer objeto de deseo sexual. Según se haya estructurado dicho deseo, el paso de la madre a la heterosexualidad puede estar marcado por esta primitiva relación materno filial. Cuando el hombre ama mucho a la mujer, puede tener algún tipo de inhibición sexual que desencadene en un trastorno funcional del orden de la impotencia, la eyaculación precoz o la falta de orgasmo. Este tipo de síntomas son la proyección del fantasma materno sobre la figura de la mujer. Por lo tanto, cuando el hombre identifica a la mujer con la madre, cualquier actividad sexual hacia ella, a nivel inconsciente, tiene la connotación de prohibida. Lo que significa que él pierde el deseo sexual no porque no lo tenga, sino que lo reprime y lo desplaza hacia otros objetos sexuales que no le recuerden a la madre. De ahí, que cuando una mujer tiene una actitud maternal con el hombre, el cual, no resolvió bien su complejo de Edipo, producirá en el mismo una inhibición de su sexualidad. Entonces, para que se produzca una falta de deseo sexual, tienen que conjugarse estos dos factores: un complejo de Edipo intenso en el hombre hacia la figura de la madre y una mujer que adopta un papel similar al de su suegra. De esta combinación, sale una apatía en el sexo que interrumpe la aparición del mismo. Si nos preguntamos, por el lugar de la mujer, dentro de esta compleja trama amoroso sexual, podemos explicar que para una mujer, le es mas fácil frente al hombre adoptar un papel de madre que de mujer. El papel de madre, le viene aprendido de haber visto a la figura de su madre, ejerciendo dicho rol, pero el lugar de mujer, para una mujer siempre es desconocido, porque la mujer no sabe muy bien qué mujer es la que necesita construir para su marido o pareja. La sexualidad femenina para la mujer también está tocada por su trama familiar. La mujer reproduce la ideología de su propia madre y adopta funciones maternales y/o reproductivas más que sexuales. Para ella, es más fácil ser una madre que una mujer sexuada. Y con el hombre, le es más fácil mantener una relación madre-hijo que mujer-hombre. Habitualmente, ella no sabe qué mujer es para él pero el hombre, tampoco sabe qué hombre es el que ella necesita. Jamás lo van a saber porque la sexualidad siempre es inconsciente, sobre todo la familiar que es la que marca el ritmo del deseo sexual en la relaciones adultas de pareja. Sin un conocimiento de la parte inconsciente infantil tanto del hombre como de la mujer, no se puede modificar la sexualidad de la pareja, que siempre son proyecciones de las relaciones infantiles que cada uno tuvo con su familia.