La adolescencia supone la entrada en una etapa de la vida donde las exigencias sociales y familiares se acentúan hacia la figura del adolescente. Después de un periodo más o menos amplio de latencia, la sexualidad hace eclosión y puede llegar a abarcar el cien por cien del interés del adolescente, hasta el punto que los estudios y el comportamiento dentro del ámbito familiar es lo que mas se perturba. Cuando hablamos de sexualidad nos referimos a dos aspectos: por un lado el afectivo y por otro lado el genital. El adolescente tiene que pasar por un proceso de separación de la familia para poder acceder al mundo. A veces dicha separación se produce de manera brusca y violenta pero que no deja de ser un modo de poder llevar a cabo esta separación. Muchos padres no comprenden cómo sus hijos pueden dan un cambio tan grande y pasar de ser pacíficos, ordenados y obedientes a todo lo contrario. En el adolescente, son muchas las cosas del mundo que comienzan a llamarle a atención. Las relaciones con las chicas, con los chicos abren un mundo nuevo y fascinante de sensaciones y emociones mucho mas atrayentes que las que puede ofrecer la familia y quiere vivirlo. Sin embargo, el modo a veces no es el adecuado, porque impera en el él los instintos más básicos como son los sexuales y dicho instinto les hace ser impulsivos llegando a perder a veces el sentido de la realidad. Quieren vivir la vida a su manera, sentir la sexualidad en su esplendor, rebelarse contra aquello que consideran normas imperantes. Digamos que es cuando más necesitan límites que deben ser puestos por los padres a través de las palabras. Muchos padres no lograr ser efectivos con el diálogo y hacen uso de castigos mas o menos efectivos, pero lo que no terminan de ver es que ese adolescente necesita algo diferente de los padres y es un trato mas adulto, con todas y cada una de sus consecuencias. Si al adolescente le cuesta ingresar al mundo de los adultos, a los padres les cuesta aceptar que el hijo está creciendo y hay algo de su función que tiene que ser modificada, pues ya no pueden vivir la relación con el mismo como la venían viviendo. En dicha aceptación se juega la integración social del adolescente y a la vez la liberación de ciertas cadenas afectivas familiares que pueden llegar a entorpecer su desarrollo psicoemocional. El psicoanálisis es una terapia adecuada para un adolescente pues le da un enfoque más humano y civilizador a las cuestiones psíquicas que recién aparecen en la mente del adolescente y que por falta de herramientas, el mismo no sabe cómo gestionar.
domingo, 23 de octubre de 2011
miércoles, 12 de octubre de 2011
MENOS MEDICACION Y MAS PALABRAS
Siete de cada diez personas hacen uso de algún tipo de medicamento psiquiátrico; antidepresivo, ansiolítico, tranquilizante o hipnóticos. El uso de este tipo de medicación se ha extendido hasta a los niños pequeños, para que duerman, para que estén tranquilos, para la bulimia, para la agresividad. Estamos en una época donde la gran mayoría de las personas viven medicadas. Todo el mundo tiene pensamientos que no comprende, sentimientos y afectos que le hacen perder el control, relaciones de pareja que no funcionan, una sexualidad indefinida, miedos que no logra quitarse desde hace mas de veinte años, inseguridades que siguen igual como cuando adolescente. Es evidente que el hombre no se conoce a sí mismo y no conoce el origen de sus pensamientos ni de sus sentimientos. Se puede cambiar una relación de pareja tomando medicación? ¿ Por qué medicar a un niño hiperactivo cuando son los propios padres quienes le provocan ansiedad? ¿ Medicar a una mujer porque ha sido abandonada por su marido? ¿ Pastillas contra los sentimientos comunes? Los trastornos mentales son producto de la ignorancia, es decir, si las personas conocieran bien el funcionamiento de su psiquis, no padecerían de lo que padecen y comprenderían mucho mejor sus reacciones emocionales. Se medica para mantener la ignorancia, se medica para que las personas no hablen. ¿ Medicar para que la población esté sometida y dominada a poderes imperiales? Cuando una persona está enferma, deja de dar problemas. Pero ¿hasta cuando va a durar esta cultura de fabricar enfermedades mentales? Se dejará de potenciar la medicación psiquiátrica cuando el nivel de absentismo laboral sea tan grande que no quede mas remedio que acceder a otro tipo de terapia. El psicoanálisis de sus empleados, a una empresa no se sale más caro que lo que le cuesta la depresión o los trastornos de ansiedad que padecen algunos de sus empleados. Pero no hay cultura de la palabra y menos aún, no hay cultura psicoanalítica porque en el colegio, ni en el instituto ni en la universidad nos enseñan cómo funciona la mente. Matemáticas, biología, lenguaje, química... pero y ¿por qué no hay una asignatura que nos enseñe el funcionamiento de la mente? Porque no interesa. Un hombre enfermo, es un hombre débil, es un hombre que no cuestiona, que no pregunta, que no molesta. Y en esto se basa las modernas dictaduras, en el ejercicio y desarrollo de una cultura basada en la enfermedad mental y en su cronificación.
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domingo, 25 de septiembre de 2011
DEPRESION POR SENTIMIENTO DE CULPA
Acude una mujer de cincuenta años, refiere padecer depresión desde hace cinco años. Es hija única, está casada y tiene una hija. Refiere que su problema son sus padres. Su madre la somete a un chantaje emocional que la está haciendo daño. No puede sustraerse a su influencia. La madre padeció de un cáncer de colon hace diez años y desde entonces hasta la actualidad vive en una continua queja, demanda atención sobre todo a su hija, que le ha llegado a provocar problemas dentro de su matrimonio. La madre no parece importarle la vida de su única hija y la hija dice que su madre está acabando con su vida. Tiene cargo moral y conciencia de culpa porque ha llegado a pensar que su madre fallezca, porque así se acabarían todos sus problemas. Durante el primer mes, la paciente fue capaz de expresar todo el odio y la rabia que le producía la actitud egoísta de la madre. Nunca se había atrevido a expresar sus emociones porque se censuraba a sí misma y los especialistas a los cuales había ido, le aconsejaban ser una buena hija o separarse de la madre. El psicoanálisis viene a mostrar que las relaciones madre-hijo duran toda la vida e incluso mas allá de la muerte. Este tipo de relaciones, por la carga emocional que conllevan puede ocasionar serios trastornos en la personalidad de los hijos. Nuestra paciente nunca pudo sustraerse ni separarse de la relación con su madre, hasta el punto que sacrificó años de su vida para dedicarse a cuidarla. Con el tiempo comprobó que cuanta mas atención prestaba a su madre, mas atención demandaba. Lo que le ocurría a esta paciente es que no pudo poner nunca un limite entre su vida y la relación con su madre. El fuerte conflicto emocional asociado a un sentimiento de culpa por deseos de abandono o muerte de la madre, hacía sentir a la paciente un malestar que la producía un conflicto emocional entre hacer lo que correspondía y lo que realmente deseaba. Este conflicto fue el que la llevó a la depresión. El hecho en sí de haber expresado lo que sentía, la hizo experimentar un alivio a su enfermedad.
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domingo, 4 de septiembre de 2011
CURSO SOBRE LAS RELACIONES DE PAREJA. EL OTRO SEXO Y SUS MISTERIOS. SÁBADO 24 de Sep a las 20.00. GRATUITO PREVIA INSCRIPCIÓN.
CURSO PRESENCIAL Y ONLINE. El amor y el sexo: dos ocupaciones del hombre desde sus orígenes como hombre. Dos problemáticas que lo conmueven y lo mueven. Dos fuentes de afectos universales como los celos, la envidia... ¿Cómo hacer para tolerar la más grande de las diferencias, la que separa a los dos sexos, cómo hacer para aceptarla como riqueza.
INFORMACIÓN E INSCRIPCIONES: 917581940, actividades@grupocero.info
TRISTEZA POST VACACIONAL
Agustín acude a consulta hace tres días. Después de un mes de vacaciones, este año comenzó a sentirse mal los últimos cinco días. Empezó con síntomas de ansiedad y angustia y malestar general pensando que en una semana comenzaría a trabajar. Refiere que es la primera vez que le pasa. Habitualmente él nunca toma un mes de vacaciones pero este año la empresa lo dispuso así. Dice que se siente cansado antes de empezar el día y el cuerpo le pesa como si arrastrara una gripe invernal.
Las vacaciones suponen un punto de inflexión dentro de la dinámica de vida de cualquier persona. Las interrupciones, así como la vuelta a la continuidad, supone desligar la libido de una serie de pensamientos y situaciones vividas durante el periodo estival para ligarla de nuevo a la cotidianeidad de la vida. El principio del placer, por el cual se rige nuestro psiquismo, durante las vacaciones, nos sume en un estado de “ nirvana” donde la tendencia a la tensión psíquica es mínima. Todo estado placentero crea una comodidad donde la pereza asienta. Volver a la realidad es interrumpir dicho principio de placer por el principio de realidad y sus demandas. La persona tiene que desplegar de nuevo todos los mecanismos psíquicos adquiridos para volver a enfrentarse a su realidad nuevamente. Hablamos de tristeza o estado depresivo postvacacional cuando la persona siente una añoranza por lo vivido y que ahora toca olvidar. No es fácil renunciar a todo aquello que nos provoca algún tipo de goce y la libido cuando encuentra algo donde satisfacerse, allí se asienta. Desligar nuestra energía psíquica sexual de las vacaciones y de su recuerdo, conlleva un pequeño duelo, una pequeña pérdida, que siempre toca algún significante inconsciente: en este caso pérdidas mayores futuras o incluso la propia pérdida de nuestra. Volver no deja de ser un estado de renacimiento pero para que algo nazca, algo tiene que morir. De manera que la tristeza postavacional es un anuncio de futuros renuncios, de futuras pérdidas. Y el hombre, no está hecho para aceptar las pérdidas. Aceptar supone un trabajo de elaboración y de tolerancia. Cualquier cambio pasa por un proceso de elaboración y aceptación, que en cada sujeto tiene su tiempo. Y las vacaciones suponen un corte, una interrupción de ese goce que nos hace a veces sentirnos tan humanos.
lunes, 25 de julio de 2011
SOBRE UN CASO DE DEPRESION CURADO CON PSICOANALISIS
Acude a consulta una mujer de 52 años. Ha perdido a su marido hace tres años de un cáncer. Por entonces se hallaba tomando un antidepresivo y un ansiolítico. Después del proceso de enfermedad que ella asumió y valientemente llevó, durante el primer año de duelo, la paciente pudo hacer su vida con normalidad. Justo al año del fallecimiento, comienza a sentir malestar general, ganas de llorar, apatía, desinterés por las cosas cotidianas, sus nietos dejan de importarla, no tiene ganas de arreglarse y pierde el apetito hasta perder casi trece kilos de peso. Le aumentan la medicación antidepresiva y el ansiolítico pero no logra mejorar, todo lo contrario, el cuadro clínico empeora. La paciente llega a consulta derivada por una amiga que había probado el psicoanálisis. En las primeras entrevistas, la paciente refiere sentirse muy sola y lo peor que lleva es la ansiedad. El cuadro se corresponde con una ansiedad de separación por abstinencia sexual. Desde hacía más de cinco años, la paciente no tenía una vida sexual. En dos meses, la paciente habló de la miserable vida sexual que siempre tuvo, pues las convicciones moralistas de su marido fallecido, habían hecho que ella nunca pudiera manifestar sus deseos sexuales y de manifestarlos, mas de una vez fue reprimida duramente por el marido, acusándola de mujer ligera de pensamientos. Este tipo de actitud represiva, despertó en ella una ambivalencia afectiva de amor y odio hacia la figura de su marido, hombre bueno pero chapado a la antigua, que lejos de vivir la sexualidad con plenitud, siempre había adoptado un papel un tanto machista y despectivo hacia los deseos sexuales de su mujer. Cuando el marido enfermó de cáncer y le dijeron que fallecería, por la mente de la paciente, se pasó una frase inconsciente que fue rápidamente eliminada de la conciencia: “si él se muere, yo podré hacer con mi vida sexual lo que me de la gana.”. La paciente ante semejante pensamiento, se sintió una mala mujer y una mala esposa, así mismo se tachó de liviana y mujerzuela. De manera que su depresión según ella era el castigo a semejante deseo de enviudar. Al tercer mes de terapia, la paciente pudo decir en voz alta la frase que la había hecho enfermar. Una vez asumida y resuelto el conflicto moral que le produjo dicha frase, la paciente mejoró de la depresión espectacularmente. En dos meses y medio había superado todo el cuadro clínico depresivo y actualmente sigue en tratamiento para recuperar su feminidad perdida durante los años de casto matrimonio.
martes, 5 de julio de 2011
SOBRE UN CASO MASCULINO DE ADICCION A LA PORNOGRAFIA
Acude una joven a consulta pidiendo ayuda porque su novio es adicto a la pornografía: en internet, películas porno, revistas etc. Lo ha descubierto y refiere sentir un malestar tremendo porque no comprende esa supuesta adicción. Respecto a sus relaciones sexuales admite no tener ningún problema “ pues hacen de todo y funcionan muy bien en la cama”. Sin embargo no entiende por qué si sus relaciones sexuales son buenas, él tiene que recurrir a ver pornografía. Ella se preguntaba que “ si no le basta conmigo que tiene que ver pornografía?.” La respuesta de ella, provenía de unos celos de carácter posesivo. La joven lo que no toleraba era que su novio pudiera excitarse sexualmente con otras mujeres que no fuera ella. Este acto, lo vivía como una infidelidad por parte de él. Consultado el joven, refería que la pornografía le servia para tener una vida sexual mejor con su novia, pues le estimulaban a la hora de realizar el coito. El chico refería que si bien era cierto que cuando practicaba el coito se le aparecían en la mente las mujeres que había visto en las películas y refería sentir gran placer pensar que se hallaba cohabitando con las mismas. La chica, al escuchar esto, quiso separarse de él y presa de celos, le golpeó y rompió a llorar. Nuestra aclaración es la siguiente: la pareja vive asediada continuamente bajo el fantasma de la infidelidad. Socialmente se han establecido ciertas estructuras que permiten satisfacer una libido sexual hacia otra persona sin necesidad de llegar a mantener relaciones sexuales con personas ajenas a la pareja. El coqueteo y la pornografía son dos “ bienes que nuestra sociedad permite “ para satisfacer el instinto o el deseo de infidelidad. Mediante el uso de la pornografía o el coqueteo, la persona proyecta sus deseos sexuales fuera de su pareja pero sin necesidad de recurrir a la infidelidad propiamente dicha. Los estudios psicoanalíticos hechos en más de doscientas parejas han demostrado que durante el coito, tanto los hombres como las mujeres, llegan al orgasmo a través del uso de fantasías sexuales de cohabitación con otra persona. De esta manera, la pareja no deja de ser más que el cuerpo donde se proyectan las fantasías sexuales con otras personas. Gracias a este mecanismo se evita el uso de la infidelidad para llevar a cabo la satisfacción de ciertas fantasías o deseos sexuales inconscientes o conscientes. Por lo tanto, el uso de la pornografía como método contra la “ infidelidad” socialmente es aceptado. Y el rechazo que puede provocar en la pareja no deja de ser más que la manifestación de unos celos infantiles de posesión sobre el otro. Porque si el hombre tiene fantasías sexuales con otras mujeres que las satisface con su pareja, la mujer tiene fantasías sexuales que también satisface con su pareja. En el próximo artículo hablaré sobre un caso de adicción a la pornografía pero con rechazo del coito en pareja.
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