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domingo, 11 de noviembre de 2012

Psicoanálisis para las mujeres

jueves, 29 de marzo de 2012

LA SEXUALIDAD DE LA MUJER ( 3ª parte )


La niña, en algún momento debe separarse de la madre para iniciar su sexualidad con la figura del padre. Tras descubrir su carencia de pene, sobre todo cuando se ha comparado con hermanos varones u otros compañeros de juego, surge un desprecio por la figura materna, a la cual responsabiliza de su inferioridad orgánica. Ante este descubrimiento, la niña puede evolucionar hacia una suspensión de toda su vida sexual,  hacia un obstinado deseo masculino de que le crezca un pene o hacia los primeros arranques de la feminidad definitiva.
En algún momento, la niña puede empezar a manifestar una actividad masturbatoria, en principio libre de fantasías. La intervención de la madre en la higiene corporal, produce una huella de recuerdo, donde los primeros estímulos sexuales de su zona genital son producidos por dichas manifestaciones de limpieza por parte de la madre. Hay un incentivo para el desarrollo de la masturbación clitoridiana, que suele ser reprendida duramente por la madre. Son muchos los ejemplos donde las niñas se masturban sin pudor, bien con la manos, frotando las piernas, con objetos puntiagudos o en juegos con otras amigas. La niña puede abandonar la masturbación o desarrollar una terca y desafiante persistencia masturbatoria que le abre la vía al desarrollo de la masculinidad, lo cual puede condicionar su desarrollo sexual hacia un goce clitoridiano masturbatorio mas que vaginal. La prohibición por parte de la madre, puede suponer un resentimiento hacia ella que interviene a favor de la separación de la misma. El mismo tema vuelve a activarse después de la pubertad, cuando la madre asume su debe de proteger la castidad de la hija. No olvidemos que la madre se opone de idéntica manera a la masturbación del varón, suministrándole también así a éste un poderoso motivo de rebelión.
Cuando la niña descubre frente al niño, la carencia de pene, no suele aceptar ni reconocer esta falta. Se puede aferrar a la expectativa de llegar a tener alguna vez un órgano parecido al del varón. La niña puede comenzar a considerar esta carencia como un infortunio personal que se refleja en la mujer adulta bajo el sentimiento de inferioridad. Frase como “ me siento inferior, no valgo para nada, no sirvo para mucho, no consigo lo que quiero, todo me sale mal, etc, “ son frases que muestran de manera inconsciente su decepción infantil por la carencia de pene. Una vez que ella se da cuenta que todas las mujeres son igual que ella, puede sucederle lo que le ocurre a muchas mujeres, que es desvalorizar a todas las mujeres y especialmente a su madre, con la que puede manifestarse agresivamente por haberla hecho incompleta. El final de esta primera fase de vinculación a la madre, emerge como el motivo mas poderosos para apartarse de ella, el reproche de no haberla dado a la niña, un órgano genital completo como el del varón.

martes, 28 de febrero de 2012

LA SEXUALIDAD DE LA MUJER ( 2ª parte )


El primer objeto amoroso del varón es la madre, ya que lo cuida, lo alimenta durante la crianza y sigue siendo su principal objeto de amor y deseo hasta que es reemplazado por otro similar a ella. También en la mujer la madre es el primer objeto. Al final del desarrollo de la niña, es preciso que el hombre-padre se haya convertido en el nuevo objeto amoroso, o sea, a medida que cambia de sexo, la mujer debe cambiar también el sexo del objeto. Vamos a estudiar los caminos de esta transformación que a veces queda incompleta y que posibilidades de evolución surgen en el curso de este desarrollo. La niña, ante la visión o el descubrimiento por accidente o casualmente de su diferencia sexual con respecto al niño varón, reconoce que a ella le falta algo que él tiene. Este sentimiento de carencia, se llama complejo de castración que cuando no se supera, la niña puede llegar a sentirse inferior con respecto al varón. Aunque la mayoría de las veces, la niña se rebela contra este sentimiento de inferioridad. De aquí, suelen partir tres caminos evolutivos. El primero puede conducir a apartarla de la sexualidad, ya que insatisfecha con su inferioridad puede repudiar el hecho de ser mujer. El segundo camino, se aferra a un sentimiento de masculinidad por que el pasa toda niña, conservando hasta una edad insospechada, la esperanza de que a pesar de todo, llegará a tener alguna vez un pene, convirtiéndose esta fantasía de llegar a ser un hombre durante largos periodos de su vida. Este complejo de masculinidad puede desembocar en una elección de objeto homosexual. El tercer camino es aquel donde la niña toma una actitud femenina normal, en la que toma al padre como objeto amoroso y sexual aunque luego tenga que renunciar al mismo.  Hemos de señalar que la fase de unión a la madre suele ser mas prolongada en la mujer que en el hombre. De hecho hemos estudiado que muchas mujeres, eligen marido de acuerdo al modelo del padre pero una vez casadas, repiten con el marido la mala relación que tenían con la madre. Se produce por regresión, ya que la relación con el padre se estructuró sobre la relación con la madre. Muchísimas mujeres reconocen que su periodo de madurez, tienen los mismos conflictos con su marido que los que tenían en su juventud con su madre. ( continuará )

sábado, 18 de febrero de 2012

LA SEXUALIDAD DE LA MUJER ( 1ª parte )


En el desarrollo sexual infantil, caracterizado por un Complejo de Edipo normal, hallamos a los niños afectuosamente ligados al progenitor del sexo opuesto, mientras que en sus relaciones con el del mismo sexo predomina la hostilidad. Para el niño, la madre es el primer objeto amoroso, continúa siéndolo y al volverse mas apasionados sus sentimientos por ella, así como al profundizar sus conocimientos de las relaciones entre el padre y la madre, el padre, se convierte por fuerza en su rival. Otra cosa sucede en la niña pequeña. También para ella el primer objeto fue la madre. ¿ Cómo halla entonces su camino hacia el padre? ¿ Cómo, cuándo y por qué se desliga de la madre? El desarrollo de la sexualidad femenina, es complicado por este cambio, pasar de la madre como objeto amoroso al padre. Sabemos que las mujeres dominadas por una fuerte vinculación con el padre, son numerosas y no necesitan por ello ser neuróticas. El psicoanálisis descubre la siguiente observación: cuando la vinculación con el padre ha sido particularmente intensa, siempre fue precedida por una fase de no menos intensa y apasionada vinculación exclusivamente materna. Salvo el cambio de objeto, la segunda fase apenas agregó un nuevo rasgo a la vida amorosa. La primitiva relación con la madre se había desarrollado de manera muy cuantiosa. Una segunda observación, nos indica que la duración de la vinculación con la madre suele ser hasta el cuarto o quinto año, coincidiendo con el primer florecimiento sexual. Sin embargo, muchas mujeres se quedan detenidas en la primitiva vinculación con la madre, sin alcanzar jamás una reorientación hacia el hombre. En esta fase, también para la niña, el padre no es mas que un molesto rival aunque nunca alcanza la violencia que alcanza en el varón.
La disposición bisexual postulada como una característica de la especie humana, es mucho mas patente en la mujer que en el hombre. Este cuenta con una sola zona sexual dominante, con un solo órgano sexual, mientras que la mujer tiene dos: la vagina, órgano femenino propiamente dicho y el clítoris, órgano análogo al pene masculino. La vagina, durante años es virtualmente inexistente, pues es una cavidad plegada y no suministra sensaciones durante la pubertad. Pero la genitalidad femenina gira alrededor del clítoris en la infancia. La vida sexual de la mujer se divide siempre en dos fases, la primera de las cuales es de carácter masculino, mientras que sólo la segunda es específicamente femenina. Así, el desarrollo femenino comprende dicho proceso de transición de una fase a la otra, algo que no ocurre en el hombre. Otra complicación se desprende del hecho de que la función del clítoris viril contínua en la mujer de forma muy variable. ( continuará )