domingo, 20 de octubre de 2013

EL PORVENIR DEL PSICOANÁLISIS ( parte I )




 La técnica del psicoanálisis se propone facilitar al paciente su acceso a los contenidos de su psiquismo inconsciente. Dicho acceso, está dificultado por las llamadas resistencias del paciente a la cura, lo que puede llegar a dificultar dicho acesso. Una vez superadas las mismas, los contenidos inconscientes emergen a la conciencia. Ningún psicólogo, psiquiatra o psicoterapeuta que quiera practicar el psicoanálisis, podrá hacer buen uso de esta técnica terapeútica si previamente no ha llevado a cabo un psicoanálisis personal, ya que sus propios complejos y resistencias, impediran comprender las resistencias y los complejos de sus pacientes. Aquellos que no lleven a cabo un psicoanálisis personal y no se hallen en formación psicoanalítica, mejor que no pretendan ejercer el psicoanálisis porque verán errada su intención y no lograrán ningún éxito terapeútico entre sus pacientes.
El yo, la parte consciente de la personalidad sufre las consecuencias de la civilización. El extraordinario incremento de las neurosis y los trastorno mentales desde que las religiones han perdido su fuerza, nos da una medida de la inestabilidad interior de los hombres y de su necesidad de apoyo. El empobrecimiento, digásmolo así, de la persona, tiene que ver con el enorme esfuerzo que debe hacer para reprimir sus intintos sexuales y que la sociedad condena de manera enérgica.
Desafortunadamente, la sociedad, lejos de incluir el psicoanálisis dentro de sus doctrinas científicas, lo separa y lo relega simplemente por un interés comercial respecto a las enfermedades mentales, que mueven miles de millones de euros anuales en tratamientos con pastillas que no curarán jamás al enfermo y para colmo, le hacen creer que estára enfermo de por vida para así asegurarse la continuidad de un tratamiento que solo podrá calmarle un poco los nervios.
Otros dirán que el interés es nuestro y bien podemos responder que un psicoanálisis de cualquier dolencia, es mucho más barato que cualquier tratamiento con pastillas de por vida. Cualquier problema mental, entre uno y tres años puede llegar a su total curación siempre y cuando por parte del enfermo y de sus familiares, faciliten el tratamiento. Y por muy lento que pueda parecer, uno, dos o tres años de tratamiento, donde se le devuelve la alegría de vivir y la curación a una persona, no tienen precio si por ello gana el resto de su vida. ( CONTINUARÁ )

sábado, 12 de octubre de 2013

EL SENTIDO DE LOS SINTOMAS ( 2ª parte )


Tratamos el caso de una bella joven de diecinueve años, hija única y superior intelectualmente a sus padres. De niña presentaba un carácter salvaje y orgulloso y durante sus últimos años, sin causa aparente, llegó a mostrarse patológicamente nerviosa. Tiene una marcada hostilidad contra su madre, está descontenta, deprimida, e inclinada a la indecisión y a la duda. Tiene un importante ceremonial con el que se acuesta todas las noches y que llega a desesperar a sus padres. Refiere que para dormir, necesita un silencio absoluto y evita todo aquello que puede producir ruido. En primer lugar, para el reloj de pared que hay en el cuarto y transporta todos los relojes a otra habitación. Mete reloj de pulsera en un estuche, y se lleva a fuera todos los floreros, jarrones y objetos que puedan caer durante la noche y perturbar su reposo. Luego, exige que la puerta de la habitación de los padres este entreabierta e inmoviliza la puerta con pequeños objetos. Y respecto a su cama, la almohada larga no debe tocar la cabecera y un almohadón pequeño, tiene que quedar dispuesto en rombo con la almohada grande, reclinando la enferma su cabeza sobre el almohadón pequeño de para que quede en el sentido del diámetro longitudinal del rombo. Y por último, sacude el edredón hasta que todo su contenido se acumule en la parte inferior, formando un montículo que inmediatamente lo deshace igualándolo de nuevo. Una vez hecho todo este ceremonial, la enferma teme no haberlo llevado a cabo con todo el cuidado necesario y revisa, repite cada no de los actos una y otra vez según la duda va recayendo sobre ello. Todo el ritual, la lleva mas de dos horas, durante las cuales, ni la mucha logra dormir, ni sus atemorizados padres. Con tratamiento psicoanalítico, la paciente logró su total curación. Según las asociaciones de la paciente, el sentido de sus síntomas eran los siguientes: el reloj, representaba para ella un símbolo del genital femenino. Ya que nada hay más periódico que un reloj. De hecho, cuando una mujer es regular con sus menstruos suele decir que “anda como  un reloj”. Pero el temor de la paciente era a ser despertada por el tictac de los relojes, que la recordaban los latidos de su clítoris cuando estaba excitada. La enferma durante la noche, se había despertado con esta penosa sensación y el temor que ello la inspiraba, que era la erección nocturna de su clítoris. Los floreros y los jarrones, también representaba para ella, símbolos femeninos. Siendo niña, iba con un vaso en la mano y se cayó al suelo, hiriéndose en un dedo con un cristal y sangrando abundantemente. Más tarde, al llegar a la pubertad, tuvo conocimiento de las relaciones sexuales y quedó obsesionada por el temor angustioso de NO sangrar durante la noche de boda, circunstancia que haría dudar a su marido de su virginidad. Sus precauciones contra la rotura de floreros y jarrones de su alcoba, constituyen, pues, una especie de reacción contra todo el complejo relacionado con al virginidad y la hemorragia consecutiva al primer contacto sexual, reacción de protesta que se dirige tanto contra el temor de sangrar como contra el opuesto de no sangrar.  La colocación de las almohadas, tenían su sentido pues que la almohada no tocase la cabecera del lecho, representaba a la mujer y la pared vertical del lecho al hombre, de manera que ella pretendía separa al hombre de la mujer, es decir, impedir a sus padres todo contacto sexual. Antes del establecimiento del ritual, había logrado simulando miedo, que sus padres durmieran con la puerta abierta, de manera que quedase abierta durante la noche. De este modo, podía expiar a los mismos y esto le llevó a contraer un insomnio que le duró varios meses. Y no contenta con exigir que tuvieran la puerta abierta, mas de una vez se llegó a instalar entre ambos en el lecho conyugal, de manera que lograba separar la “almohada” de la “cabecera”. Cuando alcanzó ya una edad en la que no podía acostarse con sus padres, sin molestarlos, se las ingenió para simular un incoercible miedo con el fin de que la madre le cediese su sitio junto al padre y fuera a ocupar su cama de soltera. El acto de sacudir el edredón para formar u montículo, tenía el sentido del “embarazo”. La paciente, durante años había tenido miedo de que sus padres tuvieran un hijo y así ella perder su posición privilegiada. Estos eran los pensamientos que nuestra virginal paciente tenía en su cabeza. Por lo tanto, hemos podido mostrar la relación de sus ceremoniales con las fantasías de origen sexual que la paciente tenía. Por lo tanto, la realización del ceremonial, mostraba y traducía por un lado sus deseos sexuales pero a la vez, la negación de los mismos, como medio de defensa. Más adelante, se supo que esta chica sentía por su padre una fuerte atracción erótica que se remontaba a la niñez y era la causa de su actitud hostil contra su madre. Entonces, el análisis de los síntomas nos ha introducido en la vida sexual de la enferma, como hemos podido comprobar. El sentido de un síntoma siempre guarda relación con la vida íntima del enfermo. 

jueves, 10 de octubre de 2013

El sentido de los síntomas ( 1ª parte )



Mientras que la psiquiatría y la psicología no prestan atención ni al sentido ni al origen de los síntomas, el psicoanálisis dedica su atención especialmente a ambos elementos. Tal es así que para el psicoanálisis todo síntoma posee un sentido y se halla estrechamente enlazado a la vida psíquica del paciente. Tomaremos el ejemplo de los enfermos de neurosis obsesiva, que muestran las siguientes manifestaciones: experimentan impulsos extraños a su personalidad; se ven obligados a realizar actos cuya ejecución no les proporciona placer ninguno, pero a los cuales no pueden sustraerse y su pensamiento se halla fijo a ideas ajenas a su interés normal. Tales ideas ( representaciones obsesivas ) pueden carecer por sí mismas de todo sentido o ser tan sólo indiferentes para el individuo al que se imponen; pero lo más frecuente es que sean totalmente absurdas. Constituyen así mismo una intensa actividad intelectual que agota al enfermo, el cual no le queda mas remedio que estar alrededor de tales ideas a veces muy absurdas, como si se tratase de sus asuntos personales mas importantes. Los impulsos que el enfermo experimenta pueden presentar en ocasiones un carácter infantil y desatinado pero la mayor parte de las veces poseen un contenido temeroso, donde el enfermo, por ejemplo, se siente incitado a cometer graves crímenes, de los que huye horrorizado, dfendiéndose contra la tentación por medio de toda clase de prohibiciones, renunciamientos y limitaciones de su libertad. Es importante remarcar, que tales crímens y malas acciones, no llegan jamás a ser iniciados pues la huída, la duda y la prudencia, termian por imponerse. Los actos que el enfermo lleva realmente a cabo, es decir, los actos obsesivos, son siempre inocentes e insignificantes, consistiendo la mayoría de las veces de repeticiones de los actos mas cotidianos de la vida cotidiana. Los actos más necesarios, tales como acostarse, lavarse, vestirse o salir de paseo, se convierten en problemas complicadísimos. Las ideas obsesivas, los impulsos y los rituales, aparecen mezclados en proporciones distintas y casi siempre es mayormente uno factor el que domina el cuadro sintomático y caracteriza la enfermedad. La psiquiatría jamás repararía en prestar atención a estos elementos y tampoco supondría un alivido al enfermo, los consejos que da la psicología tales como distraerse, viajar, desechar las ideas absurdas y pensar en algo razonable. El mismo paciente, le gustaría hacer todo eso que le aconsejan pues tiene perfecta lucidez, pero nada puede hacer por mejorar su estados. Aquellos actos ( manias, pensamientos, rituales, etc…. ) que la neurosis obsesiva impone al paciente están sostenidos por una energía para la cual no encontramos comparación ninguna en la vida normal. El enfermo no puede hacer otra cosa que desplazar, sustituir su obsesión y reemplazando una idea absurda por otra que quizás lo es menos, cambiando de precauciones y prohibiciones o variando el ceremonial. Esta capacidad de desplazamiento de los síntomas, constituye una de las principales características de la neurosis obsesiva. Junto a la obsesión, podemos ver que existe así mismo un estado de duda, que se extiende sobre las cosas generalmente más ciertas y seguras, provocando en la persona una perpetua indecisión, quitándole la energía y haciéndole cada vez más dificil llevar a cabo tarea normales. Así tenemos el ejemplo de una jóven cuya duda es que “solo ella se puede ver la nariz y si no existieran los espejos ella ni nadie podría verse la naríz”. Los obsesivo por lo general son personas de carácter enérgico, de gran tenacidad y de nivel intelectual superior a los demás. Suelen tener así mismo una alta disciplina moral que la llevan hasta la escrupulosidad. ( continuará )

miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL SENTIMIENTO DE ANGUSTIA Y LA VIDA INSTINTIVA



La angustia es un estado afectivo, distinguiendo una angustia real de una angustia neurótica, encontrando en la primera una reacción aparentemente comprensible al peligro, a un daño temido procedente del exterior y en la segunda, algo enigmático y como inadecuado. En la angustia real hay un estado de atención sensorial y tensión motora extremada, al que denominamos disposición a la angustia. De éste estado se desarrollaría la reacción de angustia.
La angustia neurótica la observamos en tres diversas circunstancias: primera, como angustia general, libremente flotante, esto es, como angustia expectante, por ejemplo, en la neurosis de angustia tipica. Segunda, fijamente vinculada a determinadas representaciones en las llamadas fobias, en las cuales podemos reconocer todavía una relación con un peligro exterior pero desmesuradamente exagerada la angustia ante el mismo. Tercera, la angustai propia de la histeria y otras formas graves de neurosis, que surge sin fundamento visible en un peligro exterior. Entonces, ¿qué se teme en la angustia neurótica? Nuestras investigaciones nos han hecho llegar a conclusiones importantes. Guarda relación con la economía de la libido en la vida sexual. La causa mas común de la neurosis de angustia es la excitación sexual frustrada. Cuando una excitación libidinosa es provocada, pero no satisfecha, no utilizada, en lugar de esta libido desviada de su utilización surge la angustia. Esta libido insatisfecha se transforma directamente en angustia.
La angustia de muchas mujeres histéricas ( también hombres ) es debida al proceso de la represión. Cuando aparece una idea sexual que ha de ser reprimida, junto a la idea hay una carga de libido sexual ligada. Mediante el mecanismo de la represión, la idea sexual experimenta una deformación hasta resultar irreconocible pero el montante o la carga de libido sexual insatisfecha, queda transformado en angustia.
A lo largo de nuestras investigaciones, hemos notado una importante relación entre el desarrollo de angustia y la producción de síntomas. Así por ejemplo, el enfermo de agorofobia, comienza su historia de síntomas con un acceso de angustia en la calle. Este acceso se repetiría cada vez que volviera a salir de casa, por tanto el sujeto crea el síntoma de la agorofobia, al que podemos llamar también como una inhibición, una limitación funcional del yo y así se ahorraría el ataque de angustia.
En los actos obsesivos, comprobamos que si impedimos al enfermo llevar a cabo su ceremonial de limpieza, es presa de un estado de angustia intolerable. Entonce, los síntomas se crearían para evitar la explosión del estado de angustia.
Lo que inspira temor, es claramente, la propia libido. La diferencia con la situación de la angustia real, está en dos extremos: en que el peligro es un peligro interior en lugar de uno exterior y en que no es conscientemente reconocido. En las fobias vemos claramente cómo este peligro interior es transformado en un peligro exterior, o sea, cómo la angustia neurótica es transformada en aparente angustia real. Supongamos, por ejemplo, que el enfermo de agorofobia teme las tentaciones sexuales que en él despiertan las personas que encuentra en la calle. En su fobia, lleva a cabo un desplazamiento y lo que en ella teme es una situación exterior. La ventaja que ello le representa es, su creencia de que así ha de serle más fácil protegerse. De un peligro exterior puede uno selvarse con la fuga, en cambio, la tentativa de fuga ante un peligro interior es dificil de llevarse a cabo. La angustia es, como un estado afectivo, la reproducción de un antiguo suceso peligroso. Nace de magnitudes de libido sexual que se han hecho, en algún modo inutilizables y también del proceso de la represión.

martes, 17 de septiembre de 2013

LA DISECCIÓN DE LA PERSONALIDAD PSÍQUICA


Todos sabemos la importancia que tiene tanto para la relaciones personales como con las cosas, el punto de partida. Hay comienzos y comienzos. Y desde luego, a veces no suelen ser muy afortunados. El psicoanálisis desde sus comienzos, inició su punto de partida en el síntoma, que es lo más ajeno al yo. Los síntomas psíquicos- depresión, obsesiones, fobias, celos, etc- se viven como algo extraño a nosotros y de ahí, la confusión que producen en nosotros. Hablar de síntomas en psicoanálisis, es hablar de lo reprimido en le hombre, pero lo reprimido es como un terreno desconocido, como algo extranjero para el yo. Partiendo de los síntomas, cuando los analizamos y los desmenuzamos, llegamos a lo inconsciente, a la vida instintiva, a la sexualidad de la persona. Pero claro, hablar de la sexualidad, es hablar del demonio. Siempre produce rechazo porque no es fácil aceptar la naturaleza de ciertos deseos, de ciertos impulsos que nada tienen que ver con la nobleza del hombre pero que subyacen en su interior. Queremos vivir ajenos a nuestra sexualidad inconsciente y esa lejanía, ese no querer saber puede llegar a convertirse en enfermedad.
¿Quién está dispuesto a aceptar que detrás de una depresión hay un problema sexual? ¿Quién acepta que tras una obsesión, una mania, unos celos, una paranoia, se esconden deseos de naturaleza sexual inaceptables para la conciencia?
Este es el gran rechazo por el psicoanálisis pero a la vez, este descubrimiento es su arma más poderosa.
Esos pensamientos que nos vienen a la mente y nos parecen disparates, tienen su razón de ser pero se reprimen, se silencia, se hace un esfuerzo por callarlos. Y sin embargo, con el tiempo vuelven con más fuerza y se acaban imponiendo en la conciencia. Justo ahí, la persona cree enloquecer, se siente extraña y comienza a ser dominada por miedos, por tristeza, por fobias, por manías y su energía empieza a disminuir, sintiendo cada vez menos fuerza para enfrentarse a su día a día. Aquí, el síntoma ya ha dominado a la persona. Se ha impuesto al yo y ahora lo controla. ¿Por qué se ha enfermado? Por que las exigencias de la vida instintiva, sexual inconsciente se ha hecho muy grande y la resistencia, la oposición a ella, ha fracasado y la razón ya no logra imponerse en la conciencia.
Esta psicología del yo, no tiene nada que ver con la psicología clásica del yo, donde niega la existencia de la parte inconsciente. Lo cierto, es que la psicología conductista, actúa reprimiendo mucho mas a la persona, de ahí su falta de progreso sobre los síntomas que una persona desarrolla. Si no se tiene nociones sobre la vida instintiva del hombre y de su sexualidad, estaremos fuera del campo de entendimiento de los síntomas mentales. Algo que también a la psiquiatría le sucede, que no pueden dar explicaciones sobre el origen y causa de los síntomas o trastornos mentales.
¿Y porqué las personas enfermas recurren a la psiquiatría o a la psicología conductista? Por que no quieren saber nada de su sexualidad reprimida, por lo tanto, no querer saber es no querer curarse. ¿Se puede preferir la enfermedad mental a saber las causas sexuales que han llevado a la persona a enfermar? Desafortunadamente sí. El enfermo mental prefiere reprimir, no hablar, seguir censurando su sexualidad por vergüenza y por su propia moral, siempre represora y castigadora.
La persona, cuando enferma, tiene la cualidad de tratarse como un objeto: es decir, tratarse así mismo como objeto, observarse, criticarse, etc… Es una parte del yo que se enfrenta al resto del propio yo. El yo, es pues disociable, es decir, que puede disociarse de alguna de sus funciones, por lo menos transitoriamente y los fragmentos pueden unirse de nuevo.
Una de las funciones que caen sobre el yo, es la llamada conciencia moral. “Me siento inclinado a hacer algo de lo que me promete placer pero no lo hago porque mi conciencia no me lo permite”. O “me he dejado llevar por algo que me ha proporcionado placer y ahora, la voz de mi conciencia me castiga con penosos reproches, haciéndome sentir remordimientos” . Esta conciencia moral, recibe el nombre de “superyó”. Los reproches, la humillación, las autoacusaciones, la rigurosidad, la autocensura, la autocrítica, el sentimiento de vergüenza, etc… es la forma en que el superyó- o la conciencia moral- trata al yo.
La conciencia moral o superyó, proviene de la influencia de los padres sobre el niño. Estos con los encargados de ponerle límites a su egoísmo y amenazarle con castigos, sobre todo, la pérdida de su amor. Con el desarrollo del niño, la instancia de los padres, queda sustituida por el superyó, el cual vigila, dirige y amenaza al yo exactamente como antes los padres al niño ( continuará )