En 1940, Freud escribe el artículo: Escisión del “ yo” en el proceso de defensa, haciendo alusión a una manifestación del “ yo” ante situaciones de mucha presión o bajo la influencia de un trauma psíquico. Para explicarlo, nos pone el ejemplo del “yo” de un niño que se halla bajo el influjo de una exigencia instintiva poderosa que se halla acostumbrado a satisfacer y que súbitamente es asustado por una experiencia que le enseña que la continuación de esta satisfacción traerá consigo un peligro real casi intolerable. Debe entonces decidirse, o bien por reconocer el peligro real, darle la preferencia y renunciar a la satisfacción instintiva, o bien por negar la realidad y pretender convencerse de que no existe peligro, de modo que pueda seguir con su satisfacción. Así, hay un conflicto entre la exigencia del instinto y la prohibición por parte de la realidad. Pero en la práctica el niño no toma ninguno de estos caminos o mas bien sigue ambos simultáneamente, lo cual viene a ser lo mismo. Replica al conflicto con dos reacciones contrapuestas y las dos válidas y eficaces. Por un lado, con la ayuda de ciertos mecanismos rechaza la realidad y rehúsa aceptar cualquier prohibición; por otro lado, al mismo tiempo, reconoce el peligro de la realidad, considera el miedo a aquel peligro como un síntoma patológico e intenta, por consiguiente, despojarse de dicho temor. Hay que confesar que ésta es una solución muy ingeniosa. Las dos partes en disputa reciben lo suyo: al instinto se le permite seguir con su satisfacción y a la realidad se le muestra el respeto debido. Pero todo esto ha de ser pagado de un modo u otro, y este éxito se logra a cosa de un “ desgarrón del yo “ que nunca se cura, sino que se profundiza con el paso del tiempo. Las dos reacciones contrarias al conflicto persisten como el punto central de una escisión del “yo”. ( continuará )
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jueves, 29 de marzo de 2012
domingo, 14 de marzo de 2010
PSICOANALISIS Y LOCURA
Durante siglos el hombre siempre ha temido a la locura. Históricamente se asociaba al ocultismo, a la magia, a influencias externas que el hombre no podía controlar. Con las aparición en 1900 de la obra: La interpretación de los sueños, de Sigmund Freud, la locura pasó a ser una producción del propio aparato psíquico. Se empezó a ver que todas las manifestaciones de los desequilibrios personales, eran producidos por una lucha entre la conciencia y el inconsciente. Esta obra nos muestra que lo inconsciente se manifiesta en la conciencia, de manera encubierta, por lo tanto, nunca lo que percibimos se corresponde con lo que es. Podemos hablar de un contenido que se manifiesta en la conciencia que se corresponde o tiene conexiones con otro contenido latente en lo inconsciente. El mecanismo es el mismo que el de los sueños: el material del sueño es inconsciente y busca una manera de mostrarse en la conciencia. El sueño siempre aparece disfrazado. A veces su sentido es tan incongruente que bien lo podemos calificar como una manifestación de una locura. Las combinaciones mas inverosimiles y disparatadas suceden en los sueños, lo mismo que los pensamientos de la comúnmente llamada locura. Esta similitud es lo que el psicoanálisis viene a mostrar: que la llamada locura no es sino la manifestación de algo inconsciente que quiere mostrarse en la conciencia. El malestar y el nerviosismo que producen ciertos pensamientos llamados " locos", es debido a que chocan contra la moral y las buenas constumbres. Y realmente ese es el conflicto que tiene el paciente cuando escucha voces o tiene pensamientos que habitualmente no tiene. Es lo inconsciente que habla. Muchas personas se preguntan si la locura se puede curar. La respuesta es que estos estados mentales,no dejan de ser una manifestación de la parte inconsciente de la persona, por lo tanto lo que se debe hacer es equilibrar la conciencia con dicha parte inconsciente de la personalidad.
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