jueves, 11 de abril de 2013

ENVENENADO POR MI PROPIA SANGRE


Nadie es igual a nadie y sin embargo, hay una persistencia humana en querer que los otros sean iguales a mi. Drama humano, donde tras ese énfasis en anular las diferencias, la soledad asienta su reinado. Hoy toca ahorcamiento, hoy suicidio, el hombre siempre queriendo morir de una forma distinta, cuando morir solo se muere una sola vez y es suficiente. Quizás si aceptáramos esto, la vida sería otra. No sería necesario estar inventando cada día formas diferentes de estar muriendo en vida para mostrarnos que morir, se muere cuando te toca. Hay una regla en psicoanálisis que muestra que el hombre muere según como haya vivido. Siempre hay un camino posible para iniciar un cambio, aunque ciertos caminos nos parezcan imposibles de ser transitados. Si otros hombres pudieron, la posibilidad es poética, lo que significa, que para el hombre, cualquier articulación- como en la poesía- es posible. Hombres que mueren antes de nacer como hombres. El drama es humano, un empecinamiento en hacer creer al mundo que lo que me sucede es mi vida, cuando mi vida, ni siquiera a comenzado. Todo es resto, todo es huída. Soy un hombre único, partido y múltiple. No me adapto a nada. Y prefiero ponerme a llorar, antes que amar otros gestos,  diferentes a mi. Quiero partir en mil direcciones pero acabo sucumbiendo al olvido. Nada me llena, nada me satisface. Cualquier golpe en la vida por pequeño que sea, me hace caer y sin embargo, hago de cualquier mierda de la vida, toda una historia, para no responsabilizarme de mi acción envenenada. Para no ver a todos los muertos que todavía no murieron pero dentro de mi están.