miércoles, 14 de enero de 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA (VII)

Nacemos con instinto sexual.
No podemos negar las evidentes semejanzas y diferencias entre lo humano y lo animal. El hombre, como un eslabón más dentro de la cadena evolutiva , es mortal y necesita del impulso sexual para cumplir con la especie y no desaparecer. Por tanto, hay algo en la sexualidad humana puesto al servicio de la reproducción. Sin embargo lo que lo diferencia del resto de seres vivientes es el proceso educativo y represivo al cual somete su instinto sexual.
Si dejáramos a un niño criarse a su libre albedrío, sin palabras, crecería como un animal salvaje. Es gracias al proceso educativo que se irá transformando en humano. Su instinto sexual tomará la forma de una sexualidad civilizada.
Debemos partir de una cierta concepción de instinto para entender el desarrollo evolutivo de la sexualidad en el niño.
El instinto es del orden del impulso; es decir, algo que en parte no se puede controlar por estar más cerca de lo animal que de lo humano.
El niño tiene sexualidad desde que nace y esta es como una semilla dispuesta a germinar y crecer en él. A lo largo del desarrollo, la educación familiar y social la irá moldeando, sometiéndola a una represión progresiva.
No debemos olvidar que el niño siempre va a tener sexualidad, independientemente de que lo muestre o lo reprima, hecho que va a depender del ambiente educativo y de las circunstancias personales que le rodeen durante la primera época de la vida.
Hay una etapa infantil denominada PERIODO DE LATENCIA en la que, aparentemente, los niños no parecen observar ningún interés por las cuestiones sexuales. Este periodo acontece, una vez que se ha constituido en el psiquismo el mecanismo de la represión, mediante el cual se puede afrontar de una manera más civilizada el despertar de la sexualidad en la etapa de la pubertad o adolescencia.
La represión se establece a raíz de que el niño recibe sus primeras críticas y reprimendas por mostrar abiertamente aquello que debe ser privado. La familia y las instituciones educativas le transmiten la conducta socialmente aceptada en relación a la micción, la defecación, mostrar la propia desnudez en público, etc. y él, en esa oscilación entre lo conveniente o no de sus actos , aprenderá a ejercer el dominio sobre sus instintos sexuales.
Gracias a que entre los destinos de la pulsión, se encuentra la capacidad de SUBLIMAR el instinto sexual, el niño podrá centrar su energía psíquica en las actividades culturales que le corresponde hacer ; por ejemplo, ir al colegio, jugar o estudiar. La falta de concentración o la detención en el desarrollo intelectual tiene que ver, por lo general, con no poder sublimar dichos instintos, los cuales ocupan constantemente su pensamiento e interfieren con el aprendizaje de otras materias.
Tal vez, al leer estas páginas, alguna madre o algún educador se pregunte: si el instinto sexual es tan importante para el desarrollo emocional del niño ¿ por qué no dejamos que aflore permanentemente en lugar de reprimirle.? La respuesta es bien sencilla.
Durante el periodo infantil, el instinto sexual no puede cumplir con la función a la cual está destinado: formar pareja, gozar del sexo y reproducirse, por que el niño todavía no tiene capacidad funcional para ello.
Cuando algunos padres dejan que su hijo muestre abiertamente ciertas actividades sin ejercer sobre ellas ninguna labor represiva , estas terminan por producir alteraciones en el desarrollo emocional y sexual que pueden desembocar en conductas sexuales perversas.
Encontramos numerosos casos clínicos de niños que mantuvieron relaciones sexuales muy tempranas con otros del mismo o de diferente sexo; relaciones incestuosas con sus hermanos menores o con adultos e incluso, algunos con las mascotas de la familia.
Aunque nuestro propósito no es atemorizar al lector, estas y otras cosas aún más graves pueden suceder en esta etapa infantil y con mas frecuencia todavía de lo que pensamos. Sólo con prestar más atención a esa faceta tan descuidada que es la sexualidad infantil, evitaremos que acontezcan accidentes en el desarrollo educativo de nuestros hijos.
Cerramos este apartado diciendo que aunque haya un periodo de latencia, durante el cual padres y pedagogos toman a su cargo la educación del niño, la eficacia para dominar el instinto sexual infantil nunca se alcanza totalmente