martes, 6 de enero de 2009

COMO SER UNA MADRE CASI PERFECTA ( III )

La célula narcisistica.

Recomendamos prestar mucha atención a este tema porque vamos a hablar del origen de los sentimientos y de las emociones humanas. En las próximas páginas, hemos desplegado una gran variedad de comportamientos que los hijos suelen mostrar con sus padres y con el mundo.
El primer abrazo y la primera mirada de una madre a su hijo recién nacido marcará el inicio de una relación que durará toda la vida. Las huellas que una madre deja en su hijo y las que un hijo deja en su madre perduran en forma de vinculo afectivo y transcienden más allá de todas las barreras, incluida la de la muerte de cualquiera de los dos.
El recién nacido nace prematuro a la vida y a diferencia de otras especies animales, indefenso frente al mundo. Es un cachorro humano, casi un animalito. No desea, no ama, no tiene palabra. Los únicos estímulos que recibe son los estímulos de sus necesidades orgánicas - hambre, sed, calor, frío...-. Las funciones están regidas por su aparato nervioso- un sistema nervioso central todavía inmaduro. Así pues, no reconoce lo que ve hasta el día veintiuno y su sistema respiratorio no funciona correctamente hasta el sexto mes; por eso, necesita alguien que se ocupe de él. Debido a esta prematuración , si el niño no entrega su vida a quien le cuide , moriría.
El Dr Menassa, en su libro FREUD Y LACAN - hablados-, escribe : “..... debido a su impotencia, si el niño recién nacido no se esclaviza a alguien muere. De esta situación frente a la muerte, sólo le es posible sobrevivir esclavizándose, poniendo su vida en el otro y eso es lo que hace el niño
cuando nace: pone su vida en el otro. Este otro, en el cual el niño pone su vida, el psicoanálisis le ha dado en llamar: FUNCIÓN MADRE, que sería cualquier objeto, persona o cosa que cumpla con los requisitos funcionales del recién nacido. “
Freud plantea que en el recién nacido existe una energía constante que le hace reclamar una continua atención en demanda de satisfacción. Es una energía que no solo busca colmar sus necesidades fisiológicas. La energía cesa cuando estas han sido satisfechas, pero no se agota. Cada vez que aparece de nuevo la necesidad , vuelve a demandar su satisfacción.
El Dr. Menassa escribe que esa energía que parte del propio cuerpo del niño, como necesidad, queda grabada en su sistema nervioso como huella-recuerdo de la misma. Cuando se junten en el niño la huella del recuerdo de la necesidad con la huella del recuerdo del objeto- en este caso la madre – que es quien la atiende o la sacia, el niño experimenta su primera experiencia de placer, es decir, su primer experiencia de satisfacción. A partir de ese momento, cada vez que surja en él una necesidad fisiológica o emocional, surgirá también el deseo de alcanzar el placer que origina en él la satisfacción de su propia necesidad. Podemos decir que entonces, el niño ha aprendido a desear. Algo en él se ha hecho huella y siempre que esta se repita, llamará la atención de su madre para que venga a cubrir dicha carencia.
Por esta circunstancia, el niño acaba atribuyendo a la madre un don y un poder: SU MADRE ES CAPAZ DE CALMAR CUALQUIER NECESIDAD Y SIN ELLA LA VIDA SERÍA IMPOSIBLE.
La unión que se establece entre ambos tiene la categoría de simbiosis: una unión de tal naturaleza que todos y cada uno de los estados anímicos de la madre tienen repercusión en la salud psíquica y orgánica de su hijo. Si ella enferma, el también enfermará; si se entristece, el niño dejará de comer; si tiene ansiedad, el no parará de llorar etc...
A esta unión tan perfecta, cuya duración pueden alcanzar desde unos meses o toda la vida ( existen personas que nunca pueden separarse de la figura materna ni aún después de muerta) la denominamos CELULA NARCISISTICA.
Definimos así esta unión indivisible y única donde el niño y la madre no son dos seres diferentes sino uno solo. El niño para la madre es una prolongación de su propio cuerpo y simultáneamente, ella es el espejo donde el se refleja.
En el tiempo de duración de la célula narcisística, el niño no tiene emociones propias, de tal modo que aquello que siente y experimenta - miedo, angustia, ansiedad, alegría, tristeza - es el reflejo de las emociones que ella siente y le transmite.
Nada mas nacer, el niño no tiene psiquismo ni tampoco un sistema inmunológico maduro, por lo que su sistema de defensa es el sistema inmune de la madre.
Muchas de las enfermedades infantiles a las que el pediatra no logra encontrar una causa razonable, guardan relación con el estado anímico de la madre. Si ella padece de ansiedad, depresión, obsesiones o angustia, con absoluta certeza acabará transmitiéndoselo a su hijo que lo reflejará en algún trastorno o enfermedad corporal - diarreas, insomnio, fiebre, anorexia, inquietud motora - pudiendo llegar incluso a morir.
La célula narcisística es vital para que el desarrollo del nuevo ser comience . De su existencia depende la vida del niño, que no lograría superar su propia insuficiencia sin ella . La muerte súbita del lactante estaría relacionada con una problemática del deseo inconsciente de la madre durante ese periodo, que concierne a la supervivencia de su hijo, el cual fallece súbitamente.