domingo, 3 de enero de 2010

EL DESEO

Cuando hablamos del deseo, casi siempre lo pensamos desde el punto de vista sexual y algo hay de razón en ello. Freud, cuando publica La Interpretación de los Sueños, concluye diciendo que todo sueño, se puede interpretar como la manifestación disfrazada de un deseo sexual infantil reprimido. La libido, es la energía que mueve el aparato psíquico y no solo impulsa al hombre y a la mujer a buscar el encuentro de los otros, sino que dicha energía es la que posibilita la realización de los actos y proyectos de la vida. La libido siempre es sexual, entendiendo por sexual la capacidad del hombre de relacionarse con sus semejantes a través de la palabra, del lenguaje. Esta libido, debe ser controlada a través de mecanismos represores, que se instalan gracias a la moral, a la ideología y a la educación. Dependiendo de cómo haya sido reprimida, puede producir conflictos en las personas, ya que los deseos tienen una tendencia a expresarse y siempre buscará el modo de hacerlo, bien a través de los sueños, de la sexualidad, de los proyectos y también a través de la enfermedad o trastorno mental. El psicoanálisis viene a demostrar que detrás de una depresión, un trastorno obsesivo compulsivo, angustia, ansiedad, hiperactividad infantil, fobias, miedos, etc., etc. siempre se descubre la existencia de uno o varios deseos que producen conflicto a la persona que los padece porque no sabe cómo relacionarse con ellos. El deseo, puede ser sexual, sádico, masoquista, amoroso, ambicioso, etc., y la moral puede ser más o menos rígida hacia el mismo. Cuanto más rígida es la moral, más culpa tendrá la persona cuando sienta la llamada de sus deseos, lo cual puede llevarla a enfermar. Lo interesante del psicoanálisis es que nunca las cosas son tan graves como parecen pues después de un tiempo de tratamiento, todas las personas acaban aceptando sus deseos y aprenden a convivir con ellos, lo cual es un alivio, porque una vez que acepta que tiene deseos sexuales, sádicos, masoquistas, egoístas, ambiciosos, etc., se acaban curando de la depresión, de las manías, de las fobias, de la ansiedad, de la impotencias, de la frigidez, etc…