sábado, 21 de diciembre de 2013

Psicoanálisis, una terapia efectiva



La efectividad del psicoanálisis como terapia,  guarda relación con dos factores. Uno, la predisposición del paciente a curarse y dos, la formación del psicoanalista. La diferencia del psicoanálisis, con otras terapias tales como la psicología conductual y sus variantes y la psiquiatría consiste en que el psicoanálisis trabaja con la parte inconsciente de la personalidad. Cuando una enfermedad psíquica da la cara, es porque ha habido un perido de formación que habitualmente es de años. Una persona, no enferma de la noche a la mañana ni por que sí. Ha debido pasar un tiempo, donde el síntoma o los síntomas que acontecen en la conciencia se han ido constituyendo progresivamente. La propia persona da cuenta de ello y dice que su dolencia comenzó por ciertas anomalías en su estado de ánimo y que se han ido acentuando con el tiempo, hasta su dolencia actual. Esto viene a mostrar que toda enfermedad o problema psíquico, tiene un origen, una procedencia, sin la cual no podríamos nunca llegar a entender la relación actual de la enfermedad con pensamientos, deseos o acontecimiento pasados. El psicoanálisis trabaja este nivel de profundidad y desde la enfermedad actual, va construyendo el proceso que ha llevado a la persona a enfermar. Cuando un especialista no tiene en cuenta la procedencia de la enfermedad, dificilmente puede comprender la causa de la misma. El psicoanálisis, viene a descubrir que a pesar de enfermar, la persona opone sin darse cuenta, una resistencia a curarse. Esto quiere decir, que la enfermedad llega a producir un modo de vida, a la cual el paciente puede llegar a acostumbrarse y su vida es su entretenimiento, ocupa toda su atención, e incluso puede llegar a obtener ciertos beneficios de la misma. Contra esto, el psicoanálisis no puede hacer nada, ya que la curación, es una decisión del paciente. Si el paciente está dispuesto a abandonar el modo de vivir al cual su enfermedad le ha encadenado, la posibilidades de curación son cien por cien. Hay por lo tanto en la persona enferma, un temor a la curación, porque de hacerlo, tendría que volver a una normalidad, donde la mayoría de los casos, supondría tener que cambiar o modificar ciertos hábitos e incluso relaciones personales, a las cuales, uno se resiste a abandonar o modificar. ( CONTINUARÁ )