domingo, 16 de agosto de 2015

CULPA POR LA MUERTE DE UN SER QUERIDO


Cuando una persona ha perdido a su marido, esposa, madre, padre o hermano, sucede con frecuencia que caen presos de penosas dudas, a las que calificamos de reproches obsesivos y se preguntan si no habrán contribuido por alguna negligencia o imprudencia a la muerte de la persona amada. Ni el recuerdo de haber asistido al enfermo con la mayor solicitud ni los argumentos objetivos mas convincentes contrarios a la penosa acusación son suficientes para poner fin al tormento del sujeto, tormento que constituye a veces una expresión patológica del duelo por la muerte y que va atenuándose con el tiempo.
La investigación psicoanalítica de estos casos nos ha revelado las razones secretas de tal sufrimiento. Hemos descubierto, en efecto, que tales reproches obsesivos no carecen hasta cierto punto de justificación. No quiere esto decir que la persona de que se trate sea realmente culpable de la muerte de su pariente o haya cometido alguna negligencia para con él, como el reproche obsesivo pretende hacerle creer.
Significa únicamente que la muerte del mismo ha producido la satisfacción de un deseo inconsciente del sujeto, que si hubiera sido suficientemente poderoso hubiese provocado dicha muerte. Contra este deseo inconsciente es contra lo que el reproche reacciona después de la muerte del ser amado.

En casi todos los casos de intensa fijación de un sentimiento a una persona determinada hallamos tal hostilidad inconsciente disimulada detrás de un tierno amor. Trata eso de la clásica ambivalencia de la afectividad humana. “quien bien te quiere, te hará llorar”. Esta ambivalencia es mas o menos pronunciada según las personas. Normalmente no suele ser lo bastante fuerte como para provocar un reproche obsesivo. Pero en el caso que alcance un grado muy pronunciado se manifiesta de manera pronunciada hacia las personas queridas. A veces suele ser el detonante de la aparición de un trastorno obsesivo compulsivo.