domingo, 5 de julio de 2015

EL PASADO NO IMPORTA (2)



Si el pasado no influye, ¿porqué puede tener tanta presencia en el momento presente.?. El pasado, tiene categoría de recuerdo, de fantasma, por lo tanto, su existencia es cuando lo evocamos o recordamos, de manera que el pasado no existe salvo que lo hable o lo recuerde. ¿Qué sentido puede tener evocar, recordar, echar la culpa al pasado? Por un lado la satisfacción de ciertos aspectos masoquistas de la personalidad y por otro lado vivir de manera imaginaria detenido en el tiempo, es decir, negación del futuro. Cuando justificamos que algo no podemos y lo achacamos al pasado, tenemos que pensar que le estamos dando un sentido y por lo tanto un uso al pasado. Lo usamos como justificación para no hacer, para no cambiar, para no modificar, para no transformamos. Es muy sospechosos ver a hombres y mujeres de cierta edad que justifican sus “no logros” en la vida por su pasado. ¿Es cierto? Absolutamente nos oponemos a ello. Usar el pasado, es decir, un recuerdo, algo tan intangible e impalpable como es un recuerdo para no hacer cambios en el presente y en el futuro, no deja de ser un rasgo neurótico de la personalidad. Se encuentra una justificación aparentemente, una negación frente a situaciones que nos dicen de cambiar. Este estancamiento de la libido sexual al las figuras del pasado- padres, hermanos, etc- también habla de las fijaciones infantiles de la libido sexual. Esto quiere decir que los primeros objetos amorosos y sexuales para el niño, son los padres y los hermanos. Cuando la libido infantil ha quedado ligada por la existencia de situaciones que han propiciado dicha ligazón, al sujeto le costará mucho renunciar a dichos objetos amorosos y sexuales. La evocación del pasado, la negación de los cambios en el presente y para el futuro, hablan de un interés libidinal más por los objetos familiares que por nuevos objetos. Ese odio que muchas personas sientes hacia los progenitores o hermanos, no deja de ser la manifestación disfrazada del amor o del deseo sexual, bien en calidad de odio, sadismo o masoquismo. Cuanto mayor sea el afecto experimentado, mayor es la unión libidinal al familiar. Hay por lo tanto una importancia que uno le atribuye a los familiares y que su procedencia es pasada. Las uniones fracasadas entre parejas o el deseo de soledad no deja de ser una manera inconsciente de evocar y seguir unido a las figuras familiares de la infancia.