domingo, 10 de mayo de 2015

CELOS Y REBELDÍA ADOLESCENTE



La primera situación de rebeldía que acontece en un hijo, tiene su motivo con la aparición de los celos. Debemos matizar que los celos pueden ser hacia uno o ambos progenitores o bien hacia alguno de los hermanos.
Cuando los celos son hacia las figura materna o paterna, tiene su origen en el llamado complejo de Edipo. Dicho complejo lo padecen todos los seres humanos y no deja de ser un momento de “civilización” para el menor que a veces tiene consecuencias violentas.
La relación tanto del varón como de la hembra con la figura materna,  está marcada por el sentimiento de posesión hacia ella. Aquí entra en juego la personalidad de la madre en el sentido que dicho sentimiento de posesión puede estar fomentado de manera inconsciente y a veces conscientemente por ella. Lo cierto es que cuanto más dependiente hace la madre a su hijo de ella, mas posibilidades existen de la aparición de celos violentos hacia la figura del padre o hacia lo hermanos. Si el hijo se ha vuelto muy posesivo porque la madre ha fomentado dicha posesión, cualquier persona que acapare su atención, en este caso el padre o los hermanos, despertará un sentimiento de celos en el niño.
Debemos hablar de varias etapas en el desarrollo infantil hasta llegar a la adolescencia. Tanto en el niño como la niña, la figura paterna es quien primero despierta los celos. Una vez que el desarrollo va aconteciendo, para el niño varón la madre es su objeto amoroso y para la niña, será el padre. Esto lleva a una situación de rebeldía y rivalidad, hacia el padre por parte del varón y hacia la madre por parte de la hembra. Sin embargo, podemos encontrar cualquier variante de celos y rivalidad hacia los padres tanto en el varón como en la hembra. El niño y la niña, pueden tener celos y mantener una actitud de rivalidad y rebeldía hacia uno u otro progenitor y a veces hacia ambos.
La mayoría de las actitudes rebeldes en los adolescentes, deben investigarse desde la posición de los celos. Cuanto mayor son los celos, mayor suelen ser la rebeldía, la rivalidad, el desprecio y el afán de venganza hacia las figuras paternas. No resulta fácil para los padres manejar los celos que un hijo padece, por lo tanto, se aconseja la intervención de un especialista para poder marcar pautas de comportamiento a los padres y hacer entender al adolescente su comportamiento.
Cuando los celos son despertados por la figura de un hermano, bien recién nacido o ya nacido antes que el menor, la manifestación de los celos es evidente por la rivalidad, la pelea, el desprecio, el odio que pueden exteriorizar hacia el mismo. Podemos encontrarnos acusaciones del adolescente hacia los padres de “querer mas a su hermano que a él o mostrar ciertas preferencias”. Aquí la labor de los padres es importante y vuelve a ser aconsejable la intervención terapéutica porque unos celos que perduran en la adolescencia, con signos de violencia y agresividad muestran que han conformado el carácter del adolescente con posibles repercusiones futuras en sus relaciones personales. Unos celos muy intensos, hablan de un fuerte lazo afectivo de unión hacia los padres y hermanos. Quiero decir que tras unos celos, siempre se esconden deseos sexuales inconscientes que el adolescente desconoce pero que padece sus efectos. Cuando la rebeldía afecta a los estudios, a la relación con los padres y se observa un sufrimiento en él, una intervención terapéutica mejora los síntomas de los celos y ayuda a que el adolescente se desligue de ciertos lazos familiares que le someten a la familia y pueda incorporarse al mundo de manera más sana.