domingo, 10 de agosto de 2014

¿QUÉ PUEDE HACER POR MI EL PSICOANALISIS? (I)

No es fácil entender que nuestra vida y sus destinos guarda relación con el deseo de vivir. Desde que nacemos hasta que morimos, en este trayecto, hay una estructura que es la que determina el modo en que vivimos y el modo en que vamos a morir. La permanencia en la vida tiene relación con el deseo de permanecer en ella. Son infinitos los ejemplos donde descubrimos que la falta de interés por vivir hace que una vida se acorte, bien por enfermedad física o por un accidente en la realidad. Cuando la vida se vive con templanza y orden, la posibilidades de vivir más tiempo se agrandan. Desde el momento de nacer, ya estamos muriendo. Y ese recorrido puede ser mayor o menor dependiendo de un equilibrio entre los instintos de vida  y los instintos de muerte. Claro que debemos hablar también de un deseo por vivir y a la vez un deseo por morir. Del equilibrio entre ambos deseos la vida puede prolongarse o acortarse.
La muerte es algo que ya tenemos garantizado desde el momento que nacemos pero la vida es una construcción de nuestros deseos, de nuestra capacidad de trabajo, de nuestros pactos e interaciones  con otras relaciones humanas. Numerosos estudios llevados a cabo por la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero sobre casi cinco mil personas, confirman que las parejas solitarias, personas que buscan la soledad, empresarios con dificultades de socialización, fracasan mucho antes que las personas que establecen fuertes pactos sociales con otras personas.
Es decir, algo de nosotros mismos se opone a nuestros deseos de vivir. La pulsión de muerte, existente en toda persona, es silenciosa. Son deseos inconscientes de morir o precipitarse antes al abismo de la oscuridad que anidan dentro de nosotros y su presencia se puede descubrir por una serie de alertas: deseo de soledad, no compartir la vida con nadie o casi nadie, falta de ambiciones, falta de alegría, atentados contra la salud física, apatía, desinterés por las cosas mundanas, enfrentamientos con las personas, rechazo o asco por el mundo, pelea con uno mismo, falta de comodidad consigo mismo. Estos y otros síntomas parecidos, son indicativos de una pulsión de muerte silenciosa que ya está invadiendo la vida de la persona.

Sobre esta pulsión, el psicoanálisis puede intervenir haciendo ver al sujeto que su vida está siendo dirigida por instintos destructivos en vez de constructivos. Cuando no se escuchan estas alertas lo normal es la aparición de enfermedades cuando no mentales, físicas. Sucede entonces que la persona enferma o fallece “repentinamente”. Sin embargo, desde el psicoanálisis podemos reconstruir que esta persona estuvo construyendo de manera inconsciente su enfermedad o su futura muerte desde largo tiempo atrás.