jueves, 8 de enero de 2009

COMO SER LA MADRE CASI PERFECTA ( V )

La deuda simbólica.

Hemos dicho que para el niño, la madre es quien lo puede todo. No puede concebir el universo sin ella, que satisface no solo sus necesidades orgánicas sino también las afectivas y emocionales. Según va creciendo, se da cuenta que todo cuidado proviene de ella; que le ama porque sí y vive ese amor como regalo-don de amor. Esa capacidad de amar sin pedir nada a cambio, ni siquiera que le presten atención o ser correspondida , es el fundamento de lo que consideramos el amor verdadero. Por eso, todo ser humano considera el amor de la madre como el único y auténtico.

Entre tanto amor y deseo, el sentimiento que se va a generar en el niño es lo que denominamos LA DEUDA SIMBÓLICA.
La definimos como una deuda de agradecimiento que contrae el ser humano con la madre por el hecho de habernos dado la vida sin pedirlo y al mismo tiempo, por cuidarnos para que no muriéramos.
¿ Se puede pagar esa deuda de amor.? La respuesta es no. Debemos saber que es impagable, ni a cambio de un nieto ni de nuestra propia vida , porque es una deuda simbólica. Solo podemos aceptarla o rechazarla , que es lo que le pasa al neurótico, que no puede admitir deber la vida a sus padres y especialmente a su madre.
Esta deuda es universal, rige para todos los seres humanos aunque algunos la viven como un sometimiento y aspiran a terminar con ella.
Este sentimiento es tan grande que, a veces, conduce a ciertos hijos a someter su vida entera a la figura materna. Absolutamente todo, lo hacen por y para ella. Eligen el trabajo, la pareja e incluso tienen descendencia para darle gusto, más allá del hecho de si vive o lo hacen para honrar su memoria.
Esta dependencia tan extrema de la madre, - no tiene por que ser sólo física, puede ser imaginaria o simbólica- les lleva a no tomar decisiones ni tener vida propia.